Sobre las manifestaciones sociales

Andrés Ignacio Pozuelo Liberalismo Leave a Comment

Lo que el Estado le da a alguien se lo tiene que quitar a otra persona, dado que el Estado no produce nada.

Cuando el estado decide aumentar impuestos o cargas para satisfacer la peticiones de los manifestantes, lo que hace es quitarle posibilidades de trabajo a esos mismos manifestantes, dado que todo impuesto va en contra del ahorro y de la producción.

Cuando el estado decide subsidiar servicios, para satisfacer las peticiones de los manifestantes, son ellos mismos los que pagarán esos subsidios con impuestos más altos y estos servicios rápidamente se convertirán en colas interminables, al incentivar una demanda más allá de la oferta posible.

Cuando el estado decide regular precios para satisfacer la peticiones de los manifestantes, lo que hace es generar escasez que afecta a los mismos manifestantes, dado que, cuando se aplica un control de precios, la producción tenderá a caer tan pronto como deje de ser rentable o insuficientemente rentable para los productores marginales. Los productores más eficientes no pueden ocupar su lugar, porque el mismo control de precios que los saca del negocio restringe las ganancias de los productores más eficientes y les priva del incentivo y también del capital requerido para la expansión.

Cuando el Estado decide proteger o aumentar salarios en el sector público para satisfacer las peticiones de los manifestantes, son los mismos manifestantes los que pagarán por estos beneficios. Y cuando el estado decide aumentar los salarios mínimos en el sector privado, está sacrificando el empleo de los mismos manifestantes menos calificados, a los que se les prohibirá trabajar por menos de ese salario mínimo. El salario mínimo es una política discriminatoria en contra de los trabajadores menos calificados.

Es así como, la única manera que un gobierno puede realmente ayudar a aquellos que se manifiestan porque, ya no les alcanza la plata, es bajando impuestos, reduciendo privilegios, y des regulando los mercados; para que, sea la competencia voraz, lo que proteja al consumidor.