“Sepamos ser libres, no siervos mengüados”

José Joaquín Fernández José Joaquín Fernández, Liberalismo, Libertad, Libertad económica Leave a Comment

Por José Joaquín Fernández. Miembro de la Mont Pelerin Society.

En este mes de septiembre que se conmemora la independencia de Costa Rica, es importante hacer algunas reflexiones sobre el valor de la libertad y lo que significa ser libre.

Los filósofos y científicos buscamos descubrir la naturaleza de las cosas tanto de cosas materiales como vivientes. ¿Tiene el ser humano una naturaleza sobre la cual se pueda construir una sociedad próspera y pacífica? Esta reflexión data desde la antigüedad. Para muchos, incluyéndome, la naturaleza del ser humano es la libertad. El argumento es el siguiente, quien no es libre es esclavo de alguien, sea del Estado, del gobierno, de la iglesia, o de las mayorías.

Como bien lo estipula la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su primer artículo: “Todo ser humano nace libre….”. Esto quiere decir que la libertad es algo propio en la naturaleza del ser humano. Si un derecho es algo que precede a la creación o fundación de un Estado, entonces podemos afirmar que la libertad es el derecho humano fundamental. Es decir, no somos libres porque así lo decide el gobernante de turno, sea rey, Presidente de la República, Primer Ministro, etc. Afirmar que la libertad es la naturaleza del ser humano significa que esto no depende del legislador, ni de las leyes o de la constitución. En este sentido, no es cierto lo que dice el Himno Patriótico del 15 de septiembre cuando expresa: “derechos sagrados la Patria nos da” porque la libertad es un valor que precede a la Patria.

Por eso decía Lord Acton: “La libertad no es un medio para alcanzar un fin político más alto. Es en sí misma el fin político”. Por su parte, Benjamín Franklin dijo: “La libertad no es un regalo concedido a nosotros por otros hombres, sino un derecho que nos pertenece por las leyes de Dios y la naturaleza”.

Si la naturaleza del ser humano no es la libertad, entonces nacería siendo esclavo o amo de otros seres humanos y esto no estaría bien. El límite a mi libertad se encuentra donde empieza la libertad del otro.

Ser libre significa el poder escoger el estilo de vida que yo quiera sin requerir de aprobación legislativa. En este sentido, aspectos como la definición de matrimonio deberían estar fuera del ámbito del legislador.

La libertad es una; es decir, la libertad económica, la libertad civil y la libertad política son meras expresiones de una sola libertad. Al violarse una, se violan todas. Si admitimos que un esclavo es aquel que no puede disponer libremente ni de su ingreso ni de su propiedad, entonces debemos aceptar que el respeto por la propiedad privada es la expresión material de la libertad individual. Por tanto, ser libres implica poder disponer libremente de mi ingreso sea para ahorrarlo, invertirlo o gastarlo en lo que yo quiera.

Para Frederic Bastiat, Thomas Jefferson y otros pensadores, el Gobierno se crea y nace para proteger la libertad del ser humano y velar por el respeto de la propiedad privada. John Locke afirmaba: “El fin de la ley no es ni abolir ni restringir, sino el preservar y engrandecer la libertad”. Algunos, como Cicerón, van un poco más lejos y manifestaban que “la libertad no consiste en tener un buen amo, sino en no tenerlo”.

Quien es libre, es dueño absoluto tanto de su ingreso como de su propiedad honestamente adquirida y, por tanto, tiene el derecho inalienable para comerciar, trabajar, comprar, vender, alquilar, empeñar, asegurar, prestar, producir, importar, exportar, intercambiar, regalar, recibir, heredar sin restricción de ningún tipo (incluyendo permisos, cuotas, licencias o patentes) y realizar todo tipo de transacción con cualquier otro ser humano sin importar nacionalidad, género, credo religioso, etc. Si la libertad, incluyendo la libertad económica, precede a los Gobiernos, éste no tiene derecho a limitarla.

Dado lo anterior, ningún derecho humano puede esclavizar o violar el derecho humano fundamental de la libertad. No puede ser derecho humano, por ejemplo, la vivienda porque ésta debe ser construida usando los ingresos y recursos de terceros. Hacer del acceso a la vivienda implica esclavizar a los seres humanos que van a proveer con este bien. Lo mismo podemos decir sobre la educación, el acceso al agua potable, etc. Si deseamos universalizar estos bienes, debemos recurrir a mecanismos de producción voluntarios.

¿Alguna vez se ha puesto a pensar que solo hay una manera justa y correcta de lograr que otra persona haga lo que Ud. quiere? Solo cuando alguien hace algo por nosotros por voluntad propia es que se considera moral. Y esto solo se logra con una persuasión honesta y respetando la libertad del otro. La persuasión se puede lograr con engaño y a eso se le llama estafa. Es por eso que para que la persuasión sea correcta y socialmente aceptable debe tener el componente de transparencia y buena voluntad.

Por supuesto que Ud. puede lograr que otros hagan lo que desea por otros medios, pero se consideran delictivos porque violentan su libertad. Estos otros medio se resumen en el uso de la fuerza. Por ejemplo, si Ud usa una pistola, como en un asalto, es muy probable que la víctima haga lo todo lo que Ud le pida. O bien cuando la mafia o las maras lo amenazan con destruir su propiedad si Ud. no paga su cuota de seguridad. En estos casos no hay discusión que el uso de la fuerza es inaceptable para que otros hagan lo que deseamos.

Sin embargo existe otra manifestación del uso de la fuerza que se pasa por alto: La ley. Quien no cumple la Ley es encerrado en la cárcel u obligado a pagar cuantiosas sumas de dinero. No es incorrecto que un político desee que todos ahorremos. Lo que es inmoral es que nos obligue por la fuerza de la ley a que ahorremos. No es incorrecto que un sindicalista quiera que solo le compremos combustibles a Recope. Lo que es inmoral es que es que se nos obligue por la fuerza de la ley a comprarle solo a Recope. Obligarnos a hacer lo que no deseamos es irrespetar la libertad del ser humano. Por tal razón es inmoral, y contario a la libertad, toda legislación que proteja a grupos de presión por medio de de monopolios o la creación de mercados cautivos. Ejemplo ello son el mercado de la generación y distribución eléctrica, el de la banca estatal, Conarroz, la Caja Costarricense de Seguro Social, la creación misma de colegios profesionales, el transporte público, Laica, la burocracia per se, etc.

Así como es inmoral que un ladrón nos despoje de nuestros bienes a punta de pistola, de igual manera es incorrecto que el político nos arrebate, vía impuestos, de nuestro ingreso por medio de una ley que nos castiga si no pagamos. Es indignante que nos asalten aunque el ladrón manifieste que lo robado lo destinará en un 100% a obras de beneficencia. De igual manera debemos sentirnos igualmente indignados por cualquier impuesto aunque su justificación sea la empatía con los pobres. Es por tal razón que los impuestos deben ser mínimos y su objetivo debe ser preservar la libertad y no deben usarse para financiar a los grupos de presión.

Como bien nos decía Miguel de Cervantes, “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”.

Como economista puedo argumentar que el sano desarrollo económico necesita la desregulación de los mercados, la libre competencia, la privatización de todas las empresas públicas, el libre comercio, un gasto público reducido, bajos y pocos impuestos. Sin embargo, en este mes que celebramos la independencia deseo enfatizar que la defensa fundamental de la libertad económica no es tanto el argumento económico sino algo mucho más importante, a saber, el respeto por la naturaleza misma del ser humano: su libertad.

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