Se prohibirá usar dinero en efectivo para la compra de medicamentos

Sergio Villalta Liberalismo 5 Comments

Por: Sergio Villalta

Se anunció esta semana que el proyecto de ley #20580 conocido como – el “Plan Fiscal” – (“paquetazo de impuestos”), prohibirá la compra de medicamentos con dinero en efectivo. (Fuente: crhoy.com 24/07/18)

Sí… leyó usted bien. De aprobarse la norma no podremos ir a una farmacia a comprar un medicamento con dinero en efectivo; estaremos todos obligados a usar una tarjeta de débito o una tarjeta de crédito.

¿Pero cuál es la razón? ¿Por qué se nos quiere arrebatar el derecho a comprar medicamentos con dinero en efectivo?

Según la misma nota periodística la prohibición es importante porque ” (…) aplicar un impuesto mediante un medio de pago como las tarjetas, le permitirá conocer cuánto producto se vende (…) y cuánto debe cobrar en la cadena de producción” (Ibíd.)

En palabras más sencillas, se nos quiere prohibir usar el dinero en efectivo para comprar medicamentos con el propósito de que el gobierno pueda cobrar mejor los nuevos “impuestos” que están por aprobar.

Pero si prohibir el uso de efectivo para comprar medicamentos, hace que el gobierno pueda recaudar más impuestos, ¿por qué no entonces prohibir de manera total el uso del dinero en efectivo para todos los demás productos también? La verdad es que estamos a un paso del abismo, estamos cerca de que se nos imponga esa prohibición de manera general.

En otros países se ha tratado de prohibir el uso del efectivo y han logrado hasta suprimir el uso de billetes de ciertas denominaciones. Por ejemplo en la India se prohibieron hace dos años los billetes de 500 y 1000 rupias. El propósito era forzar a las personas a cambiarlos por billetes de una más alta denominación.

Así la persona que intentaba cambiar una gran cantidad de billetes era tenido por sospechoso de algún crimen e interrogado por la policía sobre la procedencia del dinero.

Prohibir el efectivo sirve para lesionar de manera solapada en gran medida el principio de inocencia. Puesto que la persona que usa el efectivo cuando este se ha limitado o prohibido del todo, se le tiene como un criminal hasta que logre demostrar el origen de sus fondos.

En el 2012 en Italia se prohibió pagar en efectivo toda transacción superior a 2500 euros. Al poco tiempo la prohibición se cambió y el límite se estableció en 50 euros. En Dinamarca el parlamento ha impuesto una fecha límite – el año 2030 -, para erradicar el dinero en efectivo. En Grecia los retiros de dinero en efectivo de los bancos se gravan con un impuesto para hacer que las personas dejen de usarlo.

Las excusas de todos los gobiernos siempre son prácticamente las mismas: “combatir el narcotráfico”, luchar contra “el terrorismo” y desde luego recaudar mejor los impuestos.

I. El dinero en efectivo nos hace más libres.

No se trata de estar en contra del uso de medios digitales para facilitarle a las personas hacer sus pagos. Cada quien debe ser libre en decidir si escoge usar el dinero en efectivo, o por el contrario, si usa un medio de pago virtual que registre de manera permanente sus hábitos y costumbres.

Tampoco se trata de estar en contra de los avances tecnológicos que puedan surgir en el futuro. Ni preservar por simple obcecación el dinero en efectivo como una forma de pago y estar en contra de esos posibles y mejores medios que puedan surgir. Y mucho menos se trata de los gustos personales de cada quién.

De lo que se trata es de preguntarnos si nos pueden imponer a la fuerza un único medio para pagar los bienes y servicios que deseamos comprar. ¿Bajo que valor moral se nos puede obligar? ¿Quién se puede arrogar el derecho a decirnos cómo debemos vender nuestra propiedad o cómo debemos comprar lo que se nos antoje?

Pero la pregunta más importante que debemos hacernos es: ¿qué perdemos si se nos prohíbe usar el dinero en efectivo? Debemos entender que el dinero en efectivo es el único medio por el cual los individuos pueden escapar de los altos impuestos que han llegado a niveles confiscatorios en muchos países.

Gracias al dinero en efectivo podemos protegernos de las regulaciones excesivas que se nos imponen desde el gobierno. Regulaciones que ahogan a los productores y consumidores con altos costos. Además, el efectivo es la mejor arma que tiene el individuo para mantener su privacidad.

Y gracias al dinero en efectivo podemos mitigar de manera parcial los efectos de las tasas de interés negativas que muchos bancos centrales han impuesto sobre los ahorrantes. Las tasas negativas de interés no son más que una sofisticada forma (y muy silenciosa), de confiscar la riqueza de las personas.

El dinero en efectivo es un medio por el cual podemos expresar nuestros deseos y satisfacer nuestras necesidades más privadas sin estar obligatoriamente encadenados al aparato estatal en cada transacción. Es decir, sin sufrir la increíble vejación de esperar una autorización para poder ahorrar, consumir o invertir en lo que se nos plazca – como si fueramos un esclavo que debe esperar el consentimiento de su amo cada vez que queremos comer.

El que desea dejar de usar dinero en efectivo está en todo su derecho. El que quiera depender de los bancos y del gobernante es libre para renunciar a su libertad. Sin embargo, los que no queremos depender de la buena o mala voluntad de un gobernante (que en la mayoría de los casos nos es muy hostil), para que nos autorice una cuenta bancaria y podamos entonces comprar y vivir como hombres, también tenemos el derecho a negarnos a renunciar a nuestra independencia.

El dinero en efectivo es un símbolo de libertad. El efectivo nos hace soberanos en nuestras decisiones y nos permite actuar sin estar bajo la constante supervisión del “gran hermano”. En síntesis, el dinero en efectivo nos permite escapar de la distopía Orwelliana y nos permite vivir en libertad.

II: Prohibir, prohibir, prohibir…

¿Debemos prohibir las bebidas alcohólicas solo porque algunos abusan de su consumo? Bueno, ya se intentó en los años veinte del siglo pasado en los E.E.U.U. y fue un rotundo fracaso.

¿O qué tal si prohibiéramos los automóviles para que los asaltantes de banco no puedan usarlos como un medio de escape? La verdad es que esta “solución” traería obviamente más problemas y de mucho peor naturaleza que el mismo problema que se quiere remediar.

Prohibir el dinero en efectivo, solo porque algunos usan el dinero en sus actividades delictivas es igual de absurdo. Es un típico castigo de naturaleza colectiva, ya que debido al crimen cometido por un individuo, se nos imponen un costo enorme al resto de las personas inocentes que no hemos cometido falta alguna.

La verdad es que el uso del dinero (incluido el efectivo) es una de las condiciones necesarias que permiten el cálculo económico. El dinero es parte sustancial de un sistema de propiedad privada y de división del trabajo, propio de toda sociedad civilizada; donde las personas compran o venden libremente. Y lo hacen usando su dinero y si lo prefieren son igual de libres en usar el dinero en efectivo. Prohibir o restringir el efectivo es amputar una parte esencial de un sistema de libre mercado.

III. Privacidad y libertad son casi sinónimos.

Nunca faltan las preguntas bobaliconas de: “¿si no hacés nada malo, cuál es el miedo? ¿Por qué no querés que tus transacciones se registren? ¿Qué delitos estás cometiendo?” ¿Cuál es tu secreto?”

Lo cierto es que la sociedad se torna insoportable si renunciamos al derecho de privacidad. Solo el hombre libre puede decidir qué parte de su vida es la que se expone ante los demás o qué parte de su intimidad no la compartirá con las otras personas. Un esclavo carece de ese derecho.

Lo privado significa lo personal, lo propio, lo íntimo, lo mío, lo suyo. La libertad y la privacidad son inseparables. El fisgoneo y la intromisión impertinente del burócrata estatal nos hace cada día menos libres.

Es propio de la vida en sociedad que cada persona reserve una parte de su existencia solamente para si misma. Los actividades o situaciones que no se comunican a los demás constituyen una parte esencial de la personalidad. Es parte de su dignidad como individuo. La privacidad es una parte de aquello sin lo cual dejaría el hombre de ser lo que es.

Perder este derecho a decidir qué cosas se compartirán con otros y qué cosas no se compartirán con los demás es degradar el pundonor y la nobleza intrínseca del espíritu de cada hombre libre.

Los animales desconocen el concepto de privacidad. Consentir en perder este derecho es rebajarnos a nosotros mismos a una condición inferior. Es colocarnos en un estado de dependencia, de la misma forma que el animal doméstico depende de su amo. Es renunciar a la libertad.

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