Principales objeciones y preguntas en relación al cierre de la banca central

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Por José Joaquín Fernández. Miembro de la Mont Pelerin Society.

Ante la crisis financiera mundial se renueva la discusión sobre si el cierre de la Banca Central en América Latina es la mejor opción para enfrentar ésta y cualquier futura crisis internacional.

Siendo la banca central un monopolio del gobierno en la emisión de dinero, al cerrarse el Instituto Emisor desaparecería la moneda local y se elimina toda posibilidad que el gobierno vuelva a emitirlo. Muchos países no producen vehículos y por tal razón los importa. Si desaparece la moneda local, este tendría que ser remplazado por otra moneda (importada) que bien podría ser el dólar de los Estados Unidos, el euro, el yen o cualquier otra moneda de libre elección de los agentes económicos. Algunos economistas sostienen que se debe imponer el uso del dólar de los Estados Unidos en caso de que desaparezca la moneda local en algún país de la región. Sin embargo, imponer el dólar es contrario a la libertad económica y es igual a, por ejemplo, imponer solo el uso de vehículos Ford. Mi propuesta es cerrar la banca central y que exista libre oferta y demanda de dinero.

He aquí las principales objeciones y mi respuesta.

El cierre de la banca central implica que el gobierno pierde un instrumento de política económica.
Este punto, lejos de ser una objeción, es precisamente el propósito del cierre de la banca central. La función esencial del Instituto Emisor es la emisión de dinero. De aquí se derivan otras funciones como intervención en el tipo de cambio y tasas de interés. Por eso es que la banca central no es más que la planificación centralizada de la oferta monetaria, con todos sus defectos, siendo la inflación su principal consecuencia. La inflación es producto exclusivo de la banca central cuando emite o imprime dinero más allá del crecimiento de la producción. La teoría y la evidencia empírica confirman lo anterior para todos los países del mundo y en cualquier periodo histórico. Las consecuencias de la emisión excesiva e inflación son claras: ciclos económicos, aumentos innecesarios en las tasas de interés que las vuelven inaccesibles para el pequeño productor, crisis cambiarias, y crisis en la balanza de pagos. Además, la inflación es el impuesto más regresivo e injusto que existe. La inflación es generador de pobreza y deteriora fuertemente la distribución del ingreso. El propósito de cerrar la banca central es que sea el sector privado, como es el caso de Panamá, quien determine libremente la oferta monetaria y así poder acabar con la inflación y sus consecuencias. En los años que van del 2004 al 2008 la inflación promedio de los países latinoamericanos no-dolarizados fue 100% superior al promedio de inflación de los países latinoamericanos dolarizados.

No podemos cerrar el banco central mientras tengamos un déficit fiscal.
1) Este punto, lejos de ser una objeción, es una razón más para más para cerrar el banco central. Un gobierno se financia de tres maneras: con impuestos, con endeudamiento y con emisión monetaria. Recordemos que el origen de la banca central es cubrir los faltantes del fisco cuando los impuestos ni el endeudamiento le eran son suficientes. Imagine el lector que tuviera acceso legal a una máquina para falsificar e imprimir dinero. ¿Se preocuparía Ud. por su gasto? ¡Por supuesto que no! Pues bien, lo mismo sucede con el gobierno. La existencia de la Banca Central hace que los gobiernos no se preocupen por el gasto, ni en respetar el presupuesto aprobado por el congreso porque ellos saben que cualquier faltante lo pueden cubrir con emisión e inflación.

Una de las grandes ventajas del cierre de la banca central es que quita el “velo” monetario y revela con claridad las ineficiencias y costos reales de la producción. Entre los principales problemas que enfrenta nuestra producción son los altísimos e infinidad de impuestos, gasto público que supera el 15% del PIB, pésima infraestructura, ambigüedad o falta de respeto a los derechos de propiedad y regulaciones o monopolios que elevan los costos de telecomunicaciones, electricidad, seguros, servicios financieros y combustibles.

2) La política fiscal y la política monetaria son aspectos totalmente independientes. Así como no se requiere estabilidad monetaria para aprobar una reforma tributaria, tampoco se requiere de finanzas públicas ordenadas para cerrar el banco central o entrar en un proceso de dolarización o de caja de conversión. Ecuador y Argentina son ejemplo de ello. Panamá tiene estabilidad monetaria y financiera a pesar de que tiene déficit fiscal. Cuando no existe banco central y se tiene un déficit fiscal, se tiene la ventaja, tal y como sucede en Panamá, que el déficit fiscal no se traducirá en inflación, ni en altas y volátiles tasas de interés, ni creará incertidumbre e inestabilidad cambiaria.

El cierre de la banca central implicaría no poder usar la devaluación como forma de “estimular” las exportaciones.
Es claro que sin banca central ya no habrá política cambiaria y por tanto no será posible devaluar la moneda local para “estimular” las exportaciones. Lejos de ser esto un problema es una ventaja. La política cambiaria sana y eficiente es aquella que no privilegia a sector económico alguno a costa de otro. Si la moneda local está subvaluada, entonces se estimula de manera artificial al sector exportador y se castigan las importaciones, el consumo y gran parte de los salarios en moneda local. Si por otra parte, la moneda local se encuentra sobrevalorada, entonces se privilegian de manera insostenible las importaciones y al consumo y se castiga, innecesariamente, a las exportaciones y a la industria turística. En resumen, lo correcto y sano es que no exista ningún tipo de intervención por parte del banco central en el tipo de cambio. Lo mejor para las economías es que exista libertad para que cualquier agente económico pueda comerciar divisas y que el banco central no participe en el mercado de las mismas, ni comprando ni vendiendo.

La devaluación no ha demostrado ser un instrumento eficiente para estimular las exportaciones. Costa Rica y Ecuador son ejemplos. Desde 1980 hasta diciembre del 2009, el tipo de cambio en Costa Rica pasó de C8,60 a C570 por cada US dólar; es decir, la devaluación acumulada durante los últimos 30 años ha superado el 6500%. A pesar de tal “estímulo” a las exportaciones, Costa Rica sigue con déficit en su balanza comercial de su balanza de pagos. Por su parte, Ecuador devalúo en aproximadamente 900% cinco años previos a la implementación de la dolarización. Sin embargo, eso no lo convirtió en campeón mundial de competitividad y meses antes a la dolarización la situación de su balanza de pagos era tan crítica que las calificadoras de riesgo temían que el gobierno del Ecuador entrara en “default” con los pagos de su deuda externa soberana; eso a pesar de que Ecuador es exportador de petróleo.

Lo que la teoría y la evidencia empírica demuestran es que la inestabilidad monetaria contrae la producción mientras que la estabilidad monetaria la estimula de manera significativa. En Ecuador, una vez implementada la dolarización, las exportaciones no petroleras aumentaron en un 80% de 1999 al 2007.

Una de las grandes ventajas del cierre de la banca central es que quita el “velo” monetario y revela con claridad las ineficiencias y costos reales de la producción. Entre los principales problemas que enfrenta nuestra producción son los altísimos e infinidad de impuestos, gasto público que supera el 15% del PIB, pésima infraestructura, ambigüedad o falta de respeto a los derechos de propiedad y regulaciones o monopolios que elevan los costos de telecomunicaciones, electricidad, seguros, servicios financieros y combustibles.

Si se cierra la banca central no habría prestamista de última instancia.
Existen dos situaciones en donde una institución financiera podría, no necesariamente, requerir de un préstamo por parte del banco central: ante problemas de liquidez o en una situación de insolvencia.

Si una institución financiera se encuentra en problemas de liquidez, no necesita del banco central sino de un sistema financiero altamente competitivo, al estilo de Panamá, para que pueda acceder fácilmente a un crédito privado y resolver así problema de liquidez. Si la institución financiera no logra encontrar una institución privada que le preste para resolver su problema de liquidez es muy probable entonces que su problema no sea de liquidez sino de solvencia.

Si por otra parte, si una institución financiera está en problemas de solvencia, ¿por qué tendría que rescatarla un banco central y con ello socializar las pérdidas que de otra manera serían pérdidas privadas? El tamaño de la institución es irrelevante. El punto es que en un sistema democrático a quien le compete tomar la decisión de rescatar o no a una institución cualquiera, sea financiera o no, es al ministerio de Hacienda o al Tesoro. El rescate de una institución es un asunto de la política fiscal porque al final de cuentas son los contribuyentes los que pagan los rescates y por tanto no es competencia de un banco central.

En El Salvador, cuando se discutió el tema de prestamista de última instancia, se concluyó que este es un asunto fiscal, no de la banca central, y así se hizo cuando dolarizaron su economía en enero del 2001.

Sin banca central somos más vulnerables a las crisis financieras internacionales y “shocks” externos.
Cuando alguien dice que la existencia de un Banco Central puede aliviar los efectos de una crisis internacional en realidad lo que está diciendo es que una economía puede ser “estimulada” gracias a la banca central. Si esto fuera cierto, ¿por qué esperar hasta la crisis para que la banca central nos “estimule”?

Un Banco Central no puede “estimular” la economía en una crisis internacional simplemente porque la emisión de dinero (impresión de papel) no puede alterar las condiciones internacionales. Cualquier economía, globalizada o no, depende de su entorno internacional y no hay manera de evitar las consecuencias, sean positivas o negativas. Cuando la FED sube sus tasas de interés, ningún banco central puede hacer nada al respecto para evitar que afecte a sus economías y los países de América Latina deben ajustarse consistentemente porque caso contrario se producirán, tarde o temprano, desajustes y desequilibrios macroeconómicos insostenibles. Si aumenta el precio del petróleo, o de las materias primas, y se deteriora la cuenta corriente de la balanza de pagos de un país latino, los bancos centrales no pueden hacer nada al respecto y la única opción sana y viable es devaluar la moneda. Ante tal situación, algunos políticos demagogos se endeudarían en moneda extranjera o agotarían las reservas monetarias pero esto solo empeoraría las cosas y no evitaría la devaluación; solo la postergaría. Si los EE.UU. deciden inundar al mundo con dólares, el único ajuste sano, ceteris paribus, es la revaluación de la moneda local. En otras palabras, América Latina se ve afectada por la FED con o sin banca central y la banca central no puede hacer nada para mejorar la situación. Creer que un banco central puede alterar las condiciones internacionales es como creer que una hormiga puede hacerle una zancadilla a un elefante.

Lo único que puede hacer un banco central cualquiera es “maquillar” el entorno económico pero jamás “estimularlo”. Es decir, un banco central solo puede postergar el ajuste pero no puede evitarlo. Debe quedar claro que el precio a pagar por la postergación de los ajustes es que el ajuste tendrá que ser mayor en todos los aspectos. Entonces, ¿vale la pena tener banca central si al final de cuentas el ajuste es inevitable?

Sin embargo, además del costo que hay que pagar por la postergación del ajuste, la existencia de la banca central introduce costos altísimos adicionales, a saber, la incertidumbre. Esto se traduce en menos inversión, menos empleos y menor desarrollo.

Ante una situación internacional adversa, la existencia de la banca central introduce incertidumbre porque es imposible pronosticar la política monetaria que seguirá el banco central: ¿Variará las tasas de interés, cambiará el ritmo de devaluación, variará el nivel de las reservas monetarias internacionales, expandirá o recortará el crédito o alguna combinación de las anteriores? Pero todavía hay más incertidumbre porque tampoco sabemos cuándo el burócrata tomará la decisión de postergar el ajuste de la economía. ¿Devaluará mañana, dentro de un mes, o todos los días un poco? ¿Contraerá el crédito el próximo año o ahora con ajustes mensuales en el encaje mínimo legal o se hará de golpe? Etc. Pero aún hay más incertidumbre por la existencia de un banco central porque tampoco sabemos en qué monto se realizarán los cambios. ¿Devaluará la moneda en 5 ó 10%? ¿Variarán las reservas monetarias internacionales en US$100 millones, ó -US$1,500 millones? En conclusión, un banco central agrega al menos doce elementos de incertidumbre más la combinación de todas ellas a la política económica. Por las razones anteriores, es que un banco central, lejos de contribuir a la estabilidad, acentúa la inestabilidad monetaria y financiera. Esta ha sido la experiencia de América Latina con la banca central.

Si se cierra la banca central ya no podremos estimular el pleno empleo.
En última instancia, un banco central solo puede “estimular” la economía por medio de la emisión monetaria.

William Phillips publicó en 1958 el artículo titulado “The Relationship between Unemployment and the Rate of Change of Money Wages in the United Kingdom 1861–1957”. En este artículo el autor concluye que existe un intercambio entre inflación y empleo. Decía Phillips en aquel entonces que si un gobierno desea reducir el desempleo, este se puede “estimular” con un poco de inflación como consecuencia de una emisión excesiva de dinero. Sin embargo, ya antes de 1962 Milton Friedman, premio Nobel en economía, había demostrado en su libro “Price Theory” las inconsistencias teóricas de dicho artículo. Por el contrario, Friedman advirtió que los gobiernos que aplicaran la recomendación de Phillips terminarían no solo con mayores tasas de inflación sino también de desempleo. En otras palabras, Friedman dijo que el estímulo del empleo por medio de inflación termina en estanflación. ¡Y así sucedió en los 70’s, 80’s y en el 2008!

En 1994, el Deutsche Bundesbank en su libro “Política Monetaria del Bundesbank” afirma que la evidencia empírica de los setenta desechó la creencia de que la economía puede estimularse con emisión monetaria e inflación. Dice la publicación, “… antes bien sucede lo contrario: la estabilidad de la moneda es (…) un supuesto importante (…) para un próspero crecimiento económico”.

En un estudio que comprendió a todos los países del mundo, Marc Miles, Ph.D concluyó en su libro “The Road to Prosperity” (2004) que “Es un hecho empírico que países con moneda estable (bajas tasas de inflación) tienden a crecer más rápido que países con altas tasas de inflación”. Panamá nunca ha tenido banca central y fue el único país que tuvo estabilidad monetaria en América Latina durante todo el siglo XX. ¡Sigamos tal ejemplo!

Por tales razones es increíble que existan “economistas” que sostengan que si cerramos la banca central y acabamos con la inflación, entonces las economías crecerán menos.

Si se cierra la banca central, ¿qué moneda tendría curso legal y poder liberatorio?
La banca central no es más que una empresa pública que opera bajo monopolio creado por ley. Como todo monopolio, la banca central viola nuestro principio de libertad individual y económica. No es función del gobierno proveer bienes y servicios a excepción de aquellos necesarios para proteger la libertad individual, la libertad económica y la propiedad privada. Para que cada uno de nosotros sea soberano de sus propias vidas en el campo monetario, necesitamos que se respete la libre elección de monedas lo cual implica que no puede existir la imposición, por parte del gobierno, en el uso de moneda alguna. Es decir, en una sociedad libre, no puede establecerse por ley moneda de curso legal ni con poder liberatorio.

¿Por qué no reformar la banca central en vez de cerrarla?
Dice el adagio que no se le puede pedir manzanas a un árbol de naranjas. De la misma manera, no se le puede pedir estabilidad monetaria a la banca central cuando esta fue creada para financiar al fisco y crear así inflación e inestabilidad monetaria y financiera. Por otra parte, la evidencia empírica, siendo Panamá el mejor caso a imitar, demuestra que la banca central es totalmente innecesaria. No tener un banco central implica un ahorro multimillonario de recursos público que bien podrían estarse destinando a educación, salud e infraestructura o en reducir impuestos. A nivel histórico, el economista Lawrence White, reconocido mundialmente, ha demostrado que en siglos pasados aquellos países con banca central y regulaciones en el sistema financiero sufrieron depresiones más fuertes y mayores quiebras bancarias que en aquellos países donde no existía banca central y la banca privada era regulada por la libre competencia.

Es decir, el origen de la banca central es perverso y eso explica porque la historia de la banca central va de la mano con la historia de la inflación mundial persistente y del surgimiento de las crisis financiaras mundiales.

Se pierde señoreaje
El señoreaje es el nombre específico que se le atribuye a la ganancia que se obtiene por emitir dinero. Si el Banco Central Europeo (BCE) pone en circulación un billete de €100 y el costo de imprimir este billete fue de tan solo €5, entonces el señoreaje para el BCE es de €95. Cuando se cierra un banco central, ningún gobierno pierde señoreaje alguno porque este nunca le perteneció. El origen de la emisión de dinero tiene su raíz en el mercado; en las transacciones privadas. Los bancos privados eran los que originalmente emitían dinero. Luego vino el gobierno y monopolizó la emisión de la misma en la banca central. Por tanto, con el cierre de la banca central el gobierno no perdería señoreaje sino que lo estaría devolviendo a las manos de la libre elección del consumidor.

Algunos sostienen que la Reserva Federal de los EEUU debería compartir señoreaje con los países que cierren su banca central y en donde los agentes económicos escojan usar por voluntad propia el dólar de los EEUU. Esto no tiene sentido. ¿Acaso cuando una empresa cierra solicita que le compartan las utilidades de su competencia en su industria? Es como si la Nissan cerrara y le exigiera a la Toyota que comparta sus utilidades.

Se pierde soberanía nacional.
1) Solo podemos ser soberanos si se nos respeta la libertad de elegir la moneda de nuestra predilección. Es demagógico el concepto de soberanía nacional en asuntos monetarios o económicos. Los sindicalistas desean privilegios a costa de regulaciones en la legislación laboral, costosas cargas sociales y limitación de la competencia en la industria donde ellos laboran. Los empresarios desean proteccionismo del exterior para poder así explotar al consumidor, desregulación laboral y bajos impuestos y eliminación, de ser posible, de las cargas sociales. Los burócratas desean un gasto público cada vez más creciente, alimentado por impuestos crecientes y endeudamiento, para que así haya cada vez más trabajadores repartiéndose una misma función. Por último, pero no menos importante, los consumidores desean libertad económica, cero impuestos de ser posible, desregulación total de la producción, y libre comercio para que los productos de consumo sean al mejor precio y de la mejor calidad. ¿Quién es la Nación entonces para hablar de soberanía monetaria? La moneda local le pertenece al gobierno de turno, no al pueblo. Ninguno de nosotros es accionista del Banco Central.

2) Quien defienda a la banca central con el argumento de soberanía nacional, entonces esas personas no podrían usar Internet, ni transportarse en vehículos importados, etc. Por otra parte, el orgullo de cada persona debe estar en vivir en una economía estable; el origen de la moneda, sea nacional o importada, es secundaria. ¿Cuál es el orgullo de tener una moneda que sólo causa inestabilidad, miseria, pobreza e inequidad económica?

3) Si se permite la libre competencia de monedas, tanto de oferta como de demanda, algún agente privado podría emitir moneda local o “nacional”, al igual que el Hong Kong dólar es emitido por bancos privados.

Quiénes pierden con el cierre de la banca central.
Los únicos perdedores con el cierre de la banca central son los políticos demagogos que pierden la posibilidad de financiar su gasto con la emisión monetaria. En un régimen político sano y honesto, el gasto público se financia solo con impuestos y endeudamiento, nunca con emisión monetaria.

Quiénes ganan con el cierre de la banca central.
Los pobres son los principales ganadores con el cierre de la banca central. ¡Los ricos ya están dolarizados! Es el trabajador asalariado que percibe su salario en moneda local quien se beneficiará con el pago en una moneda fuerte como el US$ o el euro. Los ganadores serán todos los emprendedores, sean pequeños, medianos o grandes, sean comerciantes, industriales ó agricultores, que ahora podrán acceder a créditos a más largo plazo y a una tasa de interés mucho más baja y estable. Los ganadores serán los jefes de familia que ahora podrán adquirir una vivienda porque la mensualidad cayó quizá a menos de la mitad gracias a las reducciones en las tasas de interés. Los ganadores serán los exportadores que con la estabilidad monetaria que trae el cierre de la banca central serán ahora mucho más competitivos. Con el cierre de la banca central el ganador indiscutible será el pueblo latinoamericano.

Lectura recomendada:
Libro: Causa de la inflación, cierre del banco central y dolarización en Costa Rica.

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