Presupuestos en línea, freno a la corrupción

Carlos Aguilar León Liberalismo Leave a Comment

Por Carlos Aguilar León

Cuando se habla de corrupción se habla de un tema muy amplio, desde ayudar a conseguir un puesto a alguien en el gobierno de turno y que ojalá se pueda colocar en plaza para que sea prácticamente inamovible o bien en, algún tipo de concesión. En ocasiones se hace el “espectáculo” de hacerlo público, pero ya viene con nombre y apellido por el reverso del cartel de adjudicación, pero también hay otras formas de corrupción, como destinar fondos de gasto en distritos a nivel municipal, al igual que desde el gobierno central para resolver problemas mayores, tales como infraestructura, salud , educación etc.

Es cierto que muy rara vez las instituciones del estado tienen superávit, se trata de hacer todo lo posible para que no exista pues ello llevaría a que el presupuesto del año siguiente se incorpore menos presupuesto para gastar y un burócrata nunca quiere eso. Por acción humana (la manera en que nos comportamos en nuestro entorno y su estudio económico a través de la praxeología) siempre debemos recordar que una característica universal en todos los individuos que conformamos el orbe es que “siempre se tratará de pasar de un estado menos beneficioso a uno más beneficioso.“ Este es un axioma económico (una verdad irreductible) Teniendo esto claro, no debe ser diferente en las instituciones del estado, ya que no estamos siendo manejados, por robots, sino por individuos tan imperfetos como los que generan riqueza. Estos son los que se encuentran en el sector privado, pues es el sector privado quien genera riqueza y no el estado, como muchos social-confusos quieren creer. Para ser más claro, se puede hacer un ejercicio mental muy simple para demostrarlo. ¿Cuándo entramos al supermercado para adquirir recursos para poder vivir, que de lo que consumimos es elaborado por el estado? La respuesta es, nada. Se encontrarán con los impuestos que gravan cada recurso, lo cual constituye un patrimonio monetario que el estado puede usar a su antojo, como, en teoría, mejorar la infraestructura, la educación, medicina, cárceles, seguridad, justicia etc.

Entendido esto, explicado por el padre de la Teoría de la Elección Pública, James Buchanan, premio nobel de economía es entendible que los empleados estatales harán lo mismo que los trabajadores en libre competencia, tratar de pasar hacia un estado más favorable y esto tiene que ver con una escala de valores inherente a cada ser humano. Pero la gran diferencia es que en el sector privado, cada persona asume los riegos de sus acciones y en donde las ganancias o pérdidas de cada persona al ofrecer un servicio a un tercero resultan de la sumatoria que ambas partes o individuos experimenten. Ello porque el que ofrece un producto debe de lograr ventaja sobre los otros oferentes con el intercambio, pues, de no ser así, no será premiado por los consumidores e irá a la quiebra, recordemos que siempre en un intercambio en un mercado libre ambas partes ganan y es en ese instante cuando generamos la riqueza. Lo contrario es en el caso estatal, teniendo presente axioma que todos queremos pasar de un estado menos beneficioso a uno más beneficioso, con la diferencia que el empleado estatal solo podrá hacerlo de una manera. Ésta es buscando beneficios como pluses salariales, convenciones colectivas, bonos bancarios de los bancos estatales que reparten utilidades por mencionar algunos ejemplos. Éste es el gramo del kilo, al no producir riqueza el estado, pues recarga en los contribuyentes el crecimiento que cada burócrata desea adquirir para su beneficio y eso está escrito en piedra los burócratas son los únicos que tienen árboles de dinero. En la actividad estatal, no hay porqué preocuparse si las ganancias del estado fueron suficientes (los estados no tienen ganancias solo gastos) pero, ¿pagar la planilla?, esto está dado por sentado: siempre llegará el cheque. Siempre observamos cómo se contratan empresas de conocidos o familiares de políticos para obtener beneficios que no podría tener si compitiera en igualdad de condiciones, además que, y en la mayoría de los casos, siempre tendríamos un mejor oferente o no sería necesaria esta contratación seudo transparente, pero con destino final previsto. Es indispensable que haya una concesión abierta, donde el que ofrezca las mejores opciones de tiempo y costos sea el imperativo para la toma de decisiones.

Ya mencionamos que es posible, por la naturaleza humana, que el estado, al ser un ente que se supone es de todos, termine siendo de nadie, lo que algunos intelectuales llaman ¨la tragedia de los comunes¨, termine prestándose para desvíos de dineros de manera incluso legal. ¿Cómo en el nuevo milenio podremos ponerle bridas al leviatán llamado estado? O, como lo llamó Max Weber, el sociólogo más prominente del siglo pasado, al monopolio de la violencia. El estado debe ser pequeño y eficiente; a mayor estatismo, menor libertad individual. Ergo, menor generación de riqueza. Estos conceptos son muy importantes, pero casi siempre son pasados por alto. La respuesta a estos abusos burocráticos en el siglo XXI se llama PRESUPUESTOS VIRTUALES.

Los Presupuestos Virtuales se componen de un sistema operativo informático que permita, en primera instancia, no en tiempo real, por la complejidad que supone, pero si, al menos una vez al mes, se puede ver todo lo recaudado en las municipalidades de los ochenta y un cantones, así como lo gastado en cada distrito correspondiente y en todas las instituciones estatales, así como en que se destinará dicho presupuesto y quien lo autorizó o cual regidor votó a favor o en contra, facilitaría que los individuos controlen a quienes tienen responsabilidad por el manejo de los recursos.

Los Presupuestos Virtuales suponen estar a vista y paciencia de todas las personas que viven en el cantón quienes podrán vigilar desde su computadora que se utiliza los fondos, a quién se compra y porqué. Esto supone como una especie de ” BIG BROTHER” para los encargados del manejo de las finanzas estatales.

El empleo de los Presupuestos Virtuales tendría mucha utilidad en instituciones tales como, por ejemplo, el MOPT, que tanto nos preocupa a los costarricenses , pues estamos cansados de las Trochas o el BANHVI, donde nadie sabe que pasó con los dineros y no hay responables a la vista sin hablar de la famosa y molesta platina o la ruta de San Ramón , con los presupuestos abiertos como un naipe a los contribuyentes y consumidores, pasaremos de tener muchos periodistas tratando de descubrir irregularidades, a millones de personas revisando desde su teléfono cuánto, cómo y dónde se gastó cada colón recaudado. De la misma manera quedará en evidencia casi inmediata cual institución está de más y si todo su presupuesto se gasta en salarios, pues hay duplicidad con otra que hace los mismos trámites. Solo de esta manera se podrá tener un estado eficiente de cara al nuevo milenio. Los funcionarios estatales ya no podrán disponer a manos llenas de nuestros impuestos y tributos. Lo realmente moral es que quien paga tenga el derecho de saber que está sucediendo con su dinero. Si está siendo invertido en calles de primer nivel con la empresa, pues, de lo contrario estará encima la ciudadanía pendiente de que a esta empresa no se le adjudique nada más por malos trabajos y se contrate otra. Por primera vez no podrán decirnos lo que queremos escuchar, sino que sabremos que sucede sin la necesidad de preguntar.

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