¿Por qué es una mala idea controlar las tasas de interés en los préstamos bancarios?

Sergio Villalta Liberalismo, Libertad, Libertad económica, Libertad individual Leave a Comment

El pasado 12 de mayo la prensa informaba que el diputado izquierdista José María Villalta del Frente Amplio (FA), retomaría un proyecto de ley que presentó hace ocho años.

Se trataba del proyecto para imponer límites a las tasas de interés que se cobran en los créditos otorgados por los bancos y las financieras. Al proyecto se le presenta como un paso más en la lucha en contra de la “usura”.

Y hace pocas semanas el diputado oficialista Welmer Ramos manifestó que el ambiente es propicio para la aprobación del proyecto de ley en la Asamblea Legislativa.

¿Pero qué es la “usura”?

Hasta la Edad Media cobrar un interés por el dinero prestado (aunque fuera un interés bajo), se consideraba como “usura”. Esto era visto como algo incorrecto desde el punto de vista moral. Porque se pensaba que era una muestra de codicia.

Esto sucedía porque antiguamente se le prestaba dinero solo al que había sufrido una tragedia personal. (incendio, terremoto, enfermedad, etc.) Por ende, ante el dolor del prójimo lo correcto era ser caritativo.

Se miraba como algo incorrecto buscar una ganancia que saliera del sufrimiento ajeno. Pero esta forma de pensar cambió a finales de la Edad Media. El desarrollo del comercio hizo que también se le prestara al comerciante – ya no al desvalido, ni al enfermo.

De esta manera se empezó a considerar como justo que el prestamista cobrara un interés. Porque obviamente existe un riesgo que se corre al entregarle dinero a otra persona.

Por otra parte, la persona que obtiene el crédito obtendrá una ganancia haciendo uso del dinero que recibe. Entonces, ¿por qué debe ser considerado como inmoral que el prestamista también obtenga una ganancia?

Obviamente no debe de existir ninguna objeción de carácter moral para que el prestamista obtenga una ganancia. Precisamente porque el deudor usará ese dinero también para obtener una ganancia o aumentar su riqueza.

La “usura” es uno de esos delitos “malum prohibitum” (malo porque está prohibido). Estos delitos se configuran por acciones que no violan la libertad ni la propiedad ajena. No obstante se prohíben por simple antojo del gobernante.

¿Pero a quién le corresponde evaluar ese riesgo?

Es claro que le corresponde al prestamista evaluar el riesgo del deudor. Por ser el dinero de su propiedad, debe ser el acreedor el que valore ese riesgo en que incurre al prestarle dinero a otro.

Será esa persona siempre la más indicada para sopesar el riesgo que corre al entregarle su riqueza de manera voluntaria a otro individuo; incurriendo siempre en el peligro de perder su dinero, en el caso en que el deudor no le pague.

En tal sentido, si el deudor no logra encontrar a otra persona que esté dispuesta a prestarle dinero a un interés más bajo, es porque ningún otro individuo valora en menor medida el riesgo que representa.

¿Es injusto que el prestamista valore el riesgo?

Injusto sería no dejar que el prestamista valore el riesgo que asume. O que un burócrata detrás de un escritorio desde el Ministerio de Economía, le imponga al dueño del dinero un valor por el riesgo que corre.

Además, de valorarse ese riesgo por debajo del valor que le asigna el dueño del dinero, nadie le prestará a otra persona ni un céntimo. Y al final lo que pretendía ser una medida para ayudar a los deudores termina siendo una política que los perjudica.

El control de precios siempre fracasa

Este proyecto de ley en última instancia es una medida más de control de precios. Sin embargo, como todo control de precios estas políticas siempre fallan. En primer lugar lo único seguro que producen las leyes que controlan los precios es crear mayor escasez.

En segundo lugar logran crear un mercado negro. Y es precisamente lo que se producirá si este proyecto de ley llega a aprobarse. Estaremos en presencia de un gran mercado informal de prestamistas.

Y será este mercado negro el que vaya a satisfacer las necesidades de crédito de las personas que representan un mayor riesgo. Y por lo general, las personas que representan un riesgo mayor a la hora de pedir un crédito, son siempre las personas más pobres.