Lo que se tenía que escribir acerca del liberalismo “progresista” y se escribió

Esteban Gamboa Liberalismo Leave a Comment

Por: Esteban A. Gamboa Bermúdez.

Hace algunas semanas se publicó un artículo donde se hace un intento de justificar y hasta dar una idea del nacimiento del liberalismo “progresista”. Un liberal, quien es el presidente del Partido Liberal Progresista (PLP), fue quien lo escribió. Sin querer caer en la falacia del verdadero escocés, dejo a continuación varios puntos del porque, creo que liberalismo no es “progresista”.

Primero, el liberalismo es una filosofía aplicada al ámbito político (limita los alcances del Estado en cuanto reducir la libertad de los ciudadanos), al ámbito económico (limita la intervención del Estado en cuanto a las decisiones sobre el libre intercambio de bienes y servicios) y al ámbito social (limita la acción del Estado sobre la vida privada e instituciones privadas que lo anteceden). No es una doctrina económica, no es una ideología y no promueve la iniciativa privada per se, sino que promueve la libertad de los individuos, quienes movidos por sus intereses individuales generan crecimiento económico, riqueza, prosperidad y por ende progreso. Entonces sí, la libertad y el progreso van de la mano, por lo cual no se necesita la etiqueta de “progresismo”.

Segundo, el liberalismo “progresista” es, definitivamente, un concepto innecesario, no son palabras antagónicas, el progreso es consecuencia del liberalismo, no por lo anterior el liberalismo es “progresista”. Toda la agenda “progresista” necesita del Estado, necesita de la coerción para llevar adelante sus iniciativas y si para el “progresismo” necesitas del Estado, es un hecho que eso no liberalismo.

Adicionar al liberalismo etiquetas, es innecesario y puntualmente en este caso, pues no existe un liberalismo opuesto al progreso humano, cito humano pues hay quienes recientemente lo definen, al liberalismo “progresista” como, “buscador del progreso humano de forma integral”. El liberalismo nunca puede estar contra el progreso humano, por lo cual el término liberalismo “progresista” es redundante, absurdo e innecesario, insisto.

Tercero, no es que el conservador liberal se “espante” por el apoyo de ciertos sectores al matrimonio igualitario. El liberalismo sabe de la naturaleza meramente religiosa del matrimonio y sabe del carácter privado de la religión, dado lo anterior el liberal sabe que, el Estado no debe legislar sobre este tipo de relaciones, como no lo hace con otras relaciones. El liberal no debería estar de acuerdo en que, a través de la “legalización del matrimonio gay” se obtengan rentas del Estado, por eso quien apoya estas causas, es en esencia  un estatista, pues sin la intervención del Estado tal situación no es posible y también es un colectivista, pues estas iniciativas buscan la igualdad mediante la ley de un colectivo y no la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos. Las parejas se pueden unir como deseen, pero esto no debe significar la obtención de “beneficios”, dados por ley a unos en detrimento de otros, porque aunque suene trillado, nada de lo que da el Estado es gratis.

Cuarto, el progreso, es la mejora en la condición humana. Este concepto ha acompañado a los acontecimientos más importantes de la historia, como avances de la ciencia, de la tecnología, de la literatura, del arte, de las comunicaciones, potenciados eso sí por la libertad, por el liberalismo. El mundo actual está en progreso. Todo el mundo busca nuevas situaciones para innovar. El mundo ha progresado, gracias al liberalismo pero este sigue rezando sobre sus principios de vida, libertad y propiedad privada.

El progreso se consigue a través de la libertad, pero esto no hace al progreso o al progresismo un concepto liberal, sino una consecuencia de la filosofía liberal o el liberalismo. Por eso no es necesaria la etiqueta del “progresismo”, vuelvo a insistir.

Quinto, sin querer sonar purista, se deben aclarar la existencia de una contradicción al definirse como liberal “de izquierda” o bien liberal “de centro”, primero, en el centro no hay nada, y para disipar cualquier argumento a favor de una u otra definición sencillamente se dice que, un liberal solamente acepta o tolera poca intervención del Estado en la vida de los ciudadanos, es decir un Estado limitado (administrar justicia, legislar en favor de la libertad e infraestructura). Así pues lo términos citados (liberal “de izquierda” o “de centro”) permiten o toleran intervención del Estado en ámbitos como la salud, la economía, la educación e inclusive en lo social, eso no tiene nada de liberal.

A lo sumo, todo lo anterior llega a ser un “tonto útil” (liberal “de izquierda”) y un estatista solapado (liberal de centro), quien gusta del libre mercado, utilizados por la izquierda, el socialismo del siglo XXI, para conservar cuotas de poder indirectamente y provoca una división innecesaria dentro del liberalismo.

Sexto, se puede ser conservador liberal, si se quiere conservar la tradición liberal, pero quien abogue para que la religión, la educación sigan bajo la injerencia del Estado y además quiera conservar la intervención y el tamaño del gobierno es un estatista, un conservador con ideas socialistas, llámese socialdemocracia, socialcristianismo, socialismo siglo XXI.

Entonces, ¿Qué sabe el liberalismo?

El liberalismo sabe de la disposición natural de instituciones como las empresas, bancos, escuelas, iglesias, medios de prensa, su carácter privado y que algunas anteceden al Estado mismo, estas instituciones posibilitan una vida en convivencia pacífica. El Estado debe limitarse a la protección de los verdaderos derechos naturales de toda persona: la vida, la libertad y la propiedad, así como de proveer seguridad, externa e interna a personas y bienes, administrar justicia pública con base en leyes razonables y la igualdad ante la ley, para tomar a su cargo la construcción, mantenimiento de ciertas obras de infraestructura física, costeadas con impuestos bajos, únicos y universales o bien por concesión. Esto potencia el progreso, basado en el liberalismo, pero no es liberalismo “progresista”.

El liberalismo aboga por la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos, lo cual permite a las personas progresar, basándose en el liberalismo pero no por esto es un logro liberal “progresista”. No aboga por derechos para unos y para otros, es decir no habla de “derechos para las mujeres”, “derechos homosexuales”, “derechos de los indígenas” o “derechos de los negros”, estos grupos no tienen derechos especiales o diferentes a los demás, son personas como usted y como yo, quienes emplean su libertad de manera diferente a usted y a mí.

El liberalismo sabe de la inexistencia del “derecho” matrimonio o al divorcio, pues vincularse o desvincularse de una relación afectiva, es una decisión privada de la cual el Estado no debe legislar, a lo sumo ser árbitro entre las partes.

Quiero dejar claro que si bien a los economistas liberales (no todos), les gusta citar al célebre Adam Smith, padre de la economía moderna, su obra la “Riqueza de la Naciones” no es un texto contemporáneo para hablar de economía, ni su otra obra “La teoría de los sentimientos morales”, es necesaria para entender el liberalismo, pues varias teorías del primero han sido reformuladas hoy en día, por otros notables economistas y para entender el liberalismo podemos citar obras de, John Locke, filósofo, medico inglés y padre del liberalismo. Así, quien cite a Adam Smith como referente al liberalismo, omite que para cuando este publica su obra, existía ya casi un siglo de escritos sobre el liberalismo, muy posiblemente Smith fue uno más, a quien las obras de Locke y sus sucesores influyeron, pues Smith antes de economista fue filósofo.

También a manera de aclaración, la democracia no es un logro liberal, es solamente un sistema de representación, cuyas bases se encuentran en la antigua Grecia. Así como el Estado laico, tampoco es un logro liberal, es una consecuencia del liberalismo, pues gracias a la libertad, pilar de la filosofía liberal, se dan las condiciones para culto de todas las religiones. El liberalismo defiende a la religión, como institución privada, la cual antecede al Estado y por ende pertenece a los ciudadanos.

Para terminar, hablar del liberalismo es, para mí, defender la vida (desde la concepción, sin importar etapas, porcentajes, ni ninguno otro factor), pues sin vida no hay libertad, ni propiedad privada. Es defender la libertad (en todos sus ámbitos), siempre y cuando mi libertad no transgreda la de otros. Es defender la igualdad ante la ley y no mediante la ley. Es defender los derechos de propiedad, porque a partir de estos, el individuo puede capitalizar una inversión o bien el ahorro, necesarios para la producción de la riqueza y la prosperidad primero individual y luego en sociedad.  Es respetar el principio de no agresión. Es defender el libre intercambio de bienes y servicios, la división del trabajo. Es defender instituciones que anteceden al Estado, para que sean devueltas a sus legítimos dueños, los individuos, la sociedad. Es defender la minoría más pequeña, el individuo.

Es defender la libertad.

¡Libertad y Pura Vida!