La peligrosa cursilería del lenguaje “inclusivo”.

Sergio Villalta Liberalismo, Libertad Leave a Comment

Por Sergio Villalta

Es común observar que muchos “intelectuales” y políticos usan los pronombres, artículos, adjetivos y sustantivos de la lengua castellana de manera diferente a como la razón lo dicta.

Pretenden de esta manera crear un lenguaje “no discriminatorio”, “no sexista” y “no ofensivo”. Esto ha sido copiado por muchos y casi ha llegado a formar parte del lenguaje “oficial” de funcionarios y burócratas en muchos lugares.

Debemos decir por ejemplo: “los usuarios y las usuarias”, “los ciudadanos y las ciudadanas” – o aún peor -, “los pacientes y las pacientas”, etc., para referirnos a cualquier grupo de personas que esté formado de manera aleatoria por hombres y mujeres.

Además, se nos advierte que de no usar esta clase de expresiones estaríamos ante un acto discriminatorio. Y de negarnos de manera consciente estaríamos ante un acto de premeditada agresión.

No estamos ante peccata minuta.

En Canadá se cambió recientemente la letra del himno nacional para hacerlo más “neutral” o menos “discriminatorio”. (Fuente: www.nytimes.com.com 01/02/18)

En Austria se había hecho un cambio similar ya en el 2012. Y en Alemania se formó un agrio debate este año entre la población para decidir si era necesario cambiar la letra de su himno nacional y hacerlo menos “sexista”. (Ibídem, 18/03/18)

I. El lenguaje.

La palabra lenguaje se deriva de la raíz latina: lingua. El lenguaje es un sistema por medio del cual los hombres se comunican entre si. Y como todo sistema se compone de reglas y principios.

Sin estas normas no habría una cohesión y no se podrían integrar las diversas partes que lo conforman. Pero las normas que permiten un uso lógico del lenguaje no son el fin último del lenguaje.

La función del lenguaje es hacer posible la comunicación entre los hombres. El lenguaje es una herramienta, pero no es el protagonista, ni debe serlo.

II. El lenguaje como interacción espontánea.

En la inmensa mayoría de los casos el lenguaje se usa de manera espontánea. En el quehacer diario el lenguaje se usa casi de manera involuntaria y sin previa reflexión.

Por ejemplo: si usted al ir caminando por la calle se encuentra con un viejo amigo, lo normal es que usted le salude y entable una breve conversación.

Al hacerlo usted no se detendrá en reflexionar cómo construir las frases o si estas se ajustan a las reglas establecidas. Importa más el hecho de haberse encontrado a un viejo amigo en la calle, que el lenguaje mismo.

En este ejemplo la emoción y la felicidad de encontrarse a un amigo es lo principal. El lenguaje es lo accesorio. Por esta razón el lenguaje es una herramienta que sirve para transmitir un contenido, pero no es el contenido mismo.

El lenguaje es un medio muy práctico ya que se puede usar casi de manera inconsciente, sin un esfuerzo previo de planeación. Es por esta razón que los niños pueden aprender a hablar sin que sea necesario antes una acción consciente del infante para aprender su lengua materna.

III. El lenguaje “inclusivo” como contenido mismo.

Al contrario de lo que ocurre con el lenguaje cotidiano que todos utilizamos de manera espontánea en miles de interacciones humanas, en el llamado lenguaje “inclusivo”, “no sexista” o “políticamente correcto”, la propia lengua es la protagonista.

Ya no estamos ante un lenguaje que se usa con naturalidad, sino que el contenido es el mismo lenguaje. No se antepone el significado (la idea, la emoción, el dato, etc.), ahora el lenguaje es a la vez parte del significado.

De esta manera la acción (el contenido) debe moverse a un lado y entra en escena el lenguaje mismo. Estamos simplemente dando marcha atrás – en lugar de ser una herramienta que nos permite comunicarnos -, el lenguaje pasa a ser el objeto mismo de la comunicación.

No solo se confunden las acciones (el contenido) con las palabras (el lenguaje), sino que los verdugos de la corrección política van aún más allá. La idea es que las palabras (el lenguaje) sean ahora las acciones (el contenido).

Llegamos al absurdo – de que puede usted no haber discriminado a ninguna mujer en su vida -, pero si usted es un varón y no utiliza un lenguaje “inclusivo”, no “sexista” está usted ahora incurriendo en una acción discriminatoria.

Nótese que la discriminación radica en no usar el lenguaje “correcto” para identificar a ambos sexos. Y que además esto se toma como una “agresión” real si se hace de manera consciente.

En síntesis el propósito del lenguaje se corrompe. Ya no es una herramienta que nos permite comunicarnos, sino que ahora el medio se transforma en el mensaje.

IV. La sinrazón del lenguaje “inclusivo”

La Real Academia Española ha resuelto que este tipo de lenguaje es innecesario, además que contraviene las normas gramaticales y deforma la sintaxis.

En el castellano el sustantivo masculino existe también como sustantivo genérico. De igual manera que existen sustantivos femeninos que se usan para identificar a una clase en general.

No solo desde un punto de vista lingüístico es inconveniente decir en cuatro palabras lo que se puede decir simplemente en dos, sino que esa deformación intencional del lenguaje se hace por razones políticas.

V. El peligro del lenguaje “no ofensivo”

El problema no es simplemente de carácter lingüístico, es mucho más grave todavía. La estrategia de los grupos colectivistas es que las palabras se constituyan en las acciones mismas.

Ciertamente nadie se opone abiertamente a la libertad de expresión. Ninguno de los grupos que predican la corrección política dice estar en contra de la libertad.

Lo que sí hacen es igualar el lenguaje “ofensivo” con una agresión física y al hacerlo se abre la posibilidad para restringir la libertad.

De la misma forma que se puede limitar – con justa razón -, una conducta que dañe el derecho de propiedad, la vida y la libertad de otro.

Cuando una palabra – por ser ofensiva -, se equipara con una agresión física, entonces no es la libertad de expresión la que se estarían pidiendo restringir, sino que se estaría sancionando o prohibiendo una “agresión”.

No solo es un acto de travestismo equiparar las palabras (por muy ofensivas que sean) con una agresión real a la libertad o a la propiedad de otros, sino que esto es la justificación perfecta para que se limite cualquier libertad.

VI. ¿Las palabras “ofensivas” no deberían prohibirse?

Incluso el insulto más canallesco no constituye una invasión al derecho de propiedad. Tampoco una ofensa personal viola la libertad de un individuo, ni atenta contra el derecho de su vida.

Cualquier palabra que se tome a manera de ofensa – por más injuriosa o difamatoria que parezca -, no pueda ser prohibida, ni estar sujeta a una sanción previa. Porque simplemente no es moral agredir, sancionar o penalizar a otros, a menos que antes no hayan cometido un acto de agresión contra un tercero.

VIII. ¿Pero no es inmoral ofender a otros?

Si lo es. Pero en una sociedad verdaderamente libre no todo lo inmoral debe ser prohibido o castigado. Se debe comprender que la libertad es la base de una sociedad civilizada. Se trata de anteponer la persuasión a la coerción. Y se debe entender que las vidas de los otros no nos pertenecen.

La corrección política y su pariente cercano – el lenguaje inclusivo -, operan de acuerdo a: “esto que usted dice no me gusta, se lo prohíbo, por ser ofensivo”. Y esto es la antesala a decir: “me gusta esto que a usted le pertenece, usaré la fuerza para quitárselo”.

Es la “moralidad” de la fuerza bruta. Es anteponer la obediencia a la razón. Ayn Rand nos dice que:

“La meta final de los valores para un ser vivo es poder sostener y propagar su valor final: su vida (…) un búho se limpia las plumas para poder volar bien – para poder capturar su presa – para poder sustentar y propagar su vida (…) el estándar de valor de un búho con los requisitos de su vida como búho; el estándar de valor de una persona son los requisitos de su vida como ser humano”

El estándar de valor de un hombre – lo que necesita para sustentar y propagar su vida -, es la libertad para pensar y producir. El peligroso esnobismo del lenguaje inclusivo y la corrección política contravienen ambas.

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