La importancia de decir la verdad

Miguel Ángel Nouel Liberalismo Leave a Comment

No voy a ser hipócrita, he mentido mucho, a mis clientes, a mis amigos, a mi familia, y estoy seguro que aunque no sea algo que a mi lector le guste reconocer, usted ha mentido esta semana. No solemos mentir de forma malevolente, de hecho, la mayor parte de las veces buscamos “hacer el bien” ocultando la verdad. Si tenemos un día difícil en el trabajo, llegamos sonrientes a la casa para no preocupar a nuestra pareja, si nos cae mal un compañero le saludamos con cordialidad para evitar el conflicto, si a un cliente no le conviene una cláusula del contrato, evitamos hablar de ello y nos enfocamos en las cláusulas atractivas, si nos para el oficial de tránsito al venir de una reunión social, le decimos que solo nos tomamos una copa de vino, cuando sabemos que fueron tres whiskies.

Quiero atreverme a definir la mentira como una forma de hurto, le robamos libre albedrío a las personas, evitamos que tengan toda la verdad para que su toma de decisión se vea influenciada por nuestra estratagema y tomen una acción alineada con nuestros deseos. Nuestra intención es casi siempre “noble”, pero desconsiderada con otros, si mentimos por evitar el conflicto escapamos un momento a la confrontación, pero hacemos que el otro sacrifique algo (tiempo, costo de oportunidad, inversión emocional, dinero, etc.)
Muchas veces ponemos en la balanza el peso de la mentira contra el bien que pretendemos lograr y pareciera tener sentido, pero rara vez tenemos criterio suficiente para conocer el peso real de nuestras omisiones de verdad, y cuan efecto mariposa, terminamos desatando un huracán con lo que parecía ser un soplido inocente.

El eufemismo es la forma de mentira más sofisticada, hay miles de relacionistas públicos, mercadólogos, economistas, contadores, comunicadores sociales, científicos y políticos que viven del maquillaje de la verdad, es una forma de alquimia que hace que la gente común, incluso los más inteligentes bajen su defensa crítica y acepten nociones alejadas de la realidad, pero en este caso, las víctimas no solo pierden su libre albedrío, también ven deteriorar su calidad moral. Si, por ejemplo, las películas, telenovelas y música popular describen la infidelidad como un mal menor que “todos hacen”, se le va a hacer más difícil a la persona común rechazar una propuesta indecorosa cuando la tenga en frente.
La mentira, además oculta las consecuencias de una mala decisión, y expone a las víctimas a un ciclo de hechos desagradables cuya causa no logran siempre determinar, son esclavos de un enemigo invisible que les saca constantemente del camino a su proyecto de felicidad.

No temeríamos más a una piedra inerte que a esa misma piedra colocada en una resortera que apunta a nosotros, y sin embargo, eso hacemos cuando mentimos, colocamos decenas de resorteras aquí y allá cuyas ligas tarde o temprano ceden.

Veritas liberabit vos” dice el proverbio sacado del evangelio (Juan 8:32), y significa la verdad te hará libre, pero ¿cómo podremos dejar de mentir? ¿Cómo decirle a nuestro jefe que no todo está bien y que necesitamos ayuda? ¿Cómo decirle a nuestra familia que nos quedamos más tarde a trabajar en vez de “es que hubo mucho tráfico”?

El riesgo de mentir.

Quizás la respuesta la obtengamos de hacernos las preguntas correctas ¿Qué libertad estamos perdiendo al mentir? ¿Que están sacrificando otros al guiarse por nuestra mentira? ¿Qué consecuencias tendrá para nuestra reputación si se descubre la verdad acerca de una mentira, por pequeña que sea?, ¿Están nuestras mentiras pequeñas sacrificando la confianza de la que depende nuestro futuro?, ¿Están nuestras mentiras saboteando nuestro propio proyecto de vida?

Si meditamos profundamente en estas preguntas, aumentará enormemente el peso de nuestras mentiras antes de que salgan de nuestras bocas, y evitaremos mentirnos a nosotros mismos. La verdad no es inocua, a veces hiere, ¡y mucho! pero es un daño menor a la esclavitud que una mentira impone en nosotros mismos y los demás, y solo un rasguño comparada a una mentira descubierta.

El beneficio de decir la verdad.

Medir el riesgo es solo la mitad de la vida, también es importante medir la ganancia y dejo aquí la pregunta más provechosa ¿Qué ganamos si decimos la verdad?, y la respuesta puede sorprender por su valor oculto. Decir la verdad nos permite ver quienes nos aprecian por nuestra esencia y no la apariencia, identificando así a nuestros adversarios y amigos, desbloquea para nosotros la opción de cerrar ciclos desgastantes de la vida, retomar el rumbo hacia nuestra felicidad en vez de encadenarnos a complacer a otros, tal vez obtendremos la ayuda que anhelamos y nunca llega, podríamos inclusive salvarle la vida a alguien que termina convirtiéndose en nuestro amigo, quizás alguien que traiga una influencia muy positiva en nuestro futuro.

Espero que esta reflexión llegue a los líderes del presente y futuro, de cuyas decisiones depende la vida de miles o quizás millones de seres humanos, ¿cuál sería el progreso si estos deciden afrontar la verdad? ¿qué pasaría si el gobierno actual aceptara que el gasto de gobierno es un problema?, tal vez si opta por recortarlo responsablemente, podría salvarles el empleo a miles de ciudadanos, incluidos aquellos que la mentira pretendía proteger ¿Qué pasaría si admitimos que los aranceles no buscan salvaguardar los empleos nacionales sino enriquecer a unos pocos a costas de esclavizar a miles de ciudadanos? Quizás se abra la posibilidad de nuevos negocios más lucrativos para estos empresarios, y los ciudadanos tendrían mayor capacidad de consumo, trayendo con esto más recaudación para el estado.

Estoy seguro que los líderes del estado saben muy bien lo que está mal, y sostienen complejas redes de mentira para llevar la fiesta en paz con los sindicatos, los grupos de poder que financian sus partidos, los bancos que le prestan al estado y finalmente los contribuyentes, pero saben en el fondo de su alma que el barco se está hundiendo con el peso de sus mentiras, y no quieren ser quienes digan la verdad, porque temen asumir todo el costo político y no ver los beneficios en sus períodos administrativos.

Yo les digo que, si destapan la verdad e implementan la solución responsable, ganarían la confianza de millones de votantes por varios ciclos más, obtendrían el apoyo de grupos de poder emergentes con modelos de negocio más lucrativos y estables que podrían donar más dinero e influencia a sus partidos, cosa que los viejos empresarios desgastados no pueden ofrecer, empresarios cuyos negocios requieren cada día más costo político para, siquiera operar marginalmente. Finalmente, nivel más personal en sus vidas, ganarían la paz mental de no seguir inventando mentiras para proteger lo inexcusable, una labor desgastante, les traería la libertad que en el fondo anhelan.

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