La guerra contra Airbnb

Sergio Villalta Costa Rica, Impuestos, Liberalismo Leave a Comment

Por: Sergio Villalta

Airbnb es el acrónimo de “airbed and breakfast” (cama y desayuno) es una red social o mercado virtual. En palabras sencillas se puede decir que es el Uber de las personas que alquilan dormitorios, apartamentos o casas para los turistas que visitan una localidad.

Airbnb es hoy en día una empresa que opera en más de 100 países alrededor del mundo y está en 33.000 ciudades, desde luego, también lo hace en el país.

Este modelo de negocios funciona de manera muy sencilla. Dos personas se contactan por medio de la red virtual de Airbnb y satisfacen de manera voluntaria una necesidad mutua. Como sería el alquiler de un cuarto, un apartamento o una casa, ya sea por una noche, una semana o lo que se pacte.

Airbnb fue fundada por dos jóvenes, Joe Gebbia y Brian Chesky en la ciudad de San Francisco en el año 2009. Airbnb nació como una idea pasajera en el pequeño apartamento de estos jóvenes.

Se cuenta que éllos necesitaban ganar dinero y pensaron que sería una buena idea alquilar una espacio de su apartamento a las personas que llegaban a la ciudad.

Esta genial idea, que nació en la mente de Gebbia y Chesky, es ahora una compañía cuyo valor de mercado se calcula en más de 25 mil millones de dólares.

I. Airbnb en Costa Rica

En Costa Rica Airbnb tiene 8.400 anfitriones y más de 15.000 alojamientos activos. Según el director de Políticas Públicas de Airbnb para Centroamérica y Caribe, Costa Rica es el principal mercado de Centroamérica.

Más de 315.000 personas se hospedaron con Airbnb a finales del 2017 en el país. La empresa informó que la mayoría de los clientes son de Estados Unidos, Costa Rica, Canadá, Francia, Alemania y México. En promedio, por cada reserva se hospedarán 2,7 personas y lo hacen por un plazo de 3,5 noches. (1)

II. Los hoteleros contra Airbnb

Sin embargo, las cámaras de hoteleros han estado orquestando una campaña en contra del Airbnb. (2) Siguiendo el rumbo que han tomado otros países y el lobby hotelero en algunos lugares de los EE.UU. Incluso en el Gobierno anterior los hoteleros presentaron su propio proyecto de ley para “regular” a Airbnb. (3)

Primero exigieron aprobar la Ley de “Fraude Fiscal” y así imponerles a los usuarios de Airbnb el pago del 13% del I.V., desde luego el Gobierno aplaudió la medida.

Y como si esto fuera poco, después los hoteleros intentaron que los usuarios de Airbnb se les exigiera patente municipal y pidieron “mano dura” contra la “evasión fiscal” de Airbnb. La intención era clara: hacerle la vida imposible a las personas que usan Airbnb y neutralizar así la competencia.

El Gobierno también empezó a dirigir sus baterías en contra de los usuarios de Airbnb. Incluso en el Gobierno anterior se barajó la opción de solicitar a la administración tributaria de los Estados Unidos, la información de los anfitriones inscritos en la plataforma digital Airbnb que operan en Costa Rica. (4)

III. La regulación que propone el Gobierno

La semana pasada la Cámara Costarricense de Hoteles pide aprobar un proyecto de ley para “regular” a Airbnb, para de esta manera acabar con la competencia “desleal”. Además, según esta cámara empresarial la aprobación de este proyecto le generaría impuestos al Gobierno.

Según la propuesta del Gobierno los usuarios de Airbnb pagarían un 5% sobre las ganancias mensuales, un 20% de impuesto para el ICT y un 30% adicional para financiar la Dirección General de Tributación Directa. (5)

Según los hoteleros la competencia “desleal” existe porque éllos tienen que pagar un 13 del I.V., un 10% al I.C.T., un 30% de renta y demás cargas parafiscales, como impuestos municipales y de seguridad social.

Sin embargo, esto no demuestra que exista una competencia desleal. Porque los usuarios de Airbnb no son los culpables de los impuestos que deben sufrir los hoteleros. Tampoco los usuarios de Airbnb son los responsables por las excesivas cargas sociales y regulaciones que deben pagar los hoteleros.

Lo que si es evidente es que los hoteleros sufren de una gran carga tributaria y de múltiples regulaciones que les asfixian. Pero en lugar de exigir que se les deroguen estos impuestos y las regulaciones que les afectan, para así competir mejor con los usuarios de Airbnb, han pedido todo lo contrario.

Los hoteleros en alianza con el gobernante de turno buscan eliminar una novedosa y muy eficaz forma de hacer negocios. Donde las partes, sin que entre a jugar un intermediario (un hotelero), pueden satisfacer la necesidad de conseguir un dormitorio en una ciudad que no conocen.

Este modelo de negocios es desde luego mucho más económico y versátil, pero también representa una amenaza al modelo tradicional de la hotelería.

Lo que los hoteleros y el Gobierno lograrían de aprobarse este proyecto de ley es empobrecernos a todos, al quitarnos una parte del producto de nuestro trabajo, mediante la creación de más impuestos. Pero además lograrían que terminásemos todos con un menor grado de libertad.

Porque cuando se le aumentan los ingresos al Gobierno y las regulaciones se multiplican, también se le aumenta al poder estatal su capacidad de coerción. Y no puede existir un aumento de la capacidad de coerción del Gobierno, sin que los hombres suframos un disminución igualmente proporcional de nuestra libertad.

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