La ciencia económica es social y solidaria

Jorge Corrales Jorge Corrales Leave a Comment

Por Jorge Corrales Quesada

Lo primero que hice fue buscar en el Diccionario de la Real Academia Española a ver qué era eso de solidario (a) y me dio dos definiciones, que no me satisficieron -y me imagino que tampoco a los que hablan de una “economía solidaria.” De acuerdo con dicho diccionario, hay dos sentidos para esa palabra. El primero, que es “adherido, asociado a la causa, empresa u opinión de alguien”, lo cual me imagino que nos pone cuesta arriba para entender de tal manera a una economía, pues uno puede estar asociado perfectamente con una inutilidad de cualquier tipo y ser solidario con esa creencia, en tanto que la economía es un instrumento muy útil para todos los seres humanos. El segundo sentido proviene del Derecho y “se dice de las obligaciones contractuales in sólidum y de las personas que las acepta”, lo cual no parece aplicarse fácilmente al concepto de economía.

Por ello, me parece que quienes hablan de economía solidaria posiblemente tienen en mente algo así como fraternal, armónico, mutuo o humano. Al menos es lo que deduzco de la verba usual que algunos pretenden adosarle a la idea de una economía. Dejemos esto por aquí, por un instante, y busquemos en aquel diccionario lo que nos dice acerca de la palabra “social.” Me parece que es satisfactoria la idea expuesta en él de que “social” es “lo perteneciente o lo relativo a la sociedad.” Al menos así suelen, me imagino, considerar quienes nos hablan de algo como una economía social.

Lo que sí no tienen muy claro esos ideólogos es que la forma de organización de una economía llamada de mercado competitivo (capitalismo, también le llaman algunos) es esencialmente social y solidaria. Por el contrario, suelen hablar de “economía social y solidaria” para referirse a una menjurje de organizaciones productivas que les agradan por ciertas consideraciones ideológicas.

Para aclarar el amasijo, tomaré una definición estándar de lo que es una economía y que puede ser encontrada -con palabras diferentes, por supuesto, pero con la misma idea- en innumerables buenos textos elementales de Economía: “Ciencia social interesada en el uso de recursos escasos para obtener la máxima satisfacción de las necesidades materiales de la sociedad.” Eso es lo que uno aprende en la primera clase de Economía, casi que en cualquier universidad.

Cuando se habla de una economía, se refiere a una de ellas en particular; por ejemplo, a las de Costa Rica, Estados Unidos, Venezuela o Cuba. Tienen una ubicación geográfica, pero lo crucial es lo que existe en esas economías: individuos, muchos o pocos, quienes toman decisiones en torno a cómo satisfacer al máximo los deseos y necesidades de las personas en una sociedad determinada. Observe, por tanto, que es posible considerar que hay distintas forma de organizar qué, cómo y para quién producir los diferentes bienes y servicios en una economía determinada.

Algunas sociedades lo hacen por medio de la decisión descentralizada de miríadas de individuos, interactuando para satisfacer sus aspiraciones o para vivir mejor, como es lo propio de una sociedad caracterizada por tener una economía competitiva de mercado. Otras lo hacen produciendo con base en decisiones tomadas centralizadamente por una agencia, la cual determina qué, cómo y para quienes se han de producir los diversos bienes y servicios. Esta suele ser una sociedad socialista o de decisión centralizada. Obviamente hay muchas formas mixtas acerca de cómo resolver esos tres problemas básicos que debe resolver una economía. Pero me interesa recalcar un punto: todas, todas, esas formas de organización de una economía tienen su lugar en el seno de una sociedad. La economía no es algo que está fuera o por encima de la sociedad, sino que está inmersa en ella: es algo inmanente a la sociedad. No hay sociedad que no tenga una economía, ni hay una economía que no esté inserta dentro de una sociedad.

Por lo anterior, lo que he llamado economía de mercado existe en una sociedad específica de seres humanos (no creo que haya una economía de paquidermos o de mariposas). Por lo tanto, esa economía de mercado es tan social, como lo puede ser cualquier otra, en tanto que existe en el seno de sociedades concretas, específicas. Ni siquiera es algo exclusivo de la mente particular de alguna persona, sino que se materializa en una relación con otras personas en sociedad. Así que es una ficción innecesaria llamar “Economía Social” a una economía, pues todas las formas posibles que puede asumir una economía se dan en el marco de una sociedad. Decir “Economía Social” es un pleonasmo. Es emplear una palabra innecesaria como calificativo, pues no hay economía que no sea social. En la palabra Economía está implícito su carácter social.

Eso de agregarle “social” a la palabra “Economía” me trajo a la memoria un artículo que escribí en La Nación del 3 de setiembre de 1974 y que titulé “Con sólo que diga social es bueno.” Así lo nombré porque hay gente que considera que, agregando la palabra mágica “social” a cualquier cosa, transmuta al concepto principal en algo per se distinto o de mayor valor que el término esencial sin dicho aditamento. Economía es economía y quienes le agregan a ésta el calificativo de “social”, lo hacen porque con ello pretenden engañarnos, tratando de hacernos creer que estamos en presencia de algo superior o mejor al simple término Economía.

El llamado sistema de mercado es una forma particular que asume la economía en lo concreto y se caracteriza, no sólo porque necesariamente surge en un entorno social, sino también por la libre participación de oferentes y demandantes que interactúan en un marco llamado el mercado. Dicha interacción surge del objetivo individual de mejorar de una situación que no le es del todo satisfactoria, hacia otra en que espera estar mejor. Por eso se define al proceso o sistema de mercado como “un orden espontáneo sustentado por un marco institucional en el cual predominan la propiedad privada y el libre intercambio, y que surge de los propósitos fundamentalmente de los actores individuales, quienes hacen planes de frente a una ignorancia parcial y a un cambio no anticipado.”

Tal búsqueda de mejora de la situación de una persona hace que el sistema de mercado sea también solidario, tal como explicaré de seguido. Lo haré así porque hay quienes consideran que otros sistemas de organización económica distintos de un sistema basado en el mercado, sí son solidarios, en contrario sensu al primero. Señalan que el sistema de mercado es insolidario o inhumano o ausente de reciprocidad o maligno o disonante. Así, dichos expositores se reservan todos los antónimos posibles a la expresión “solidaria” para ligarlos a una economía de mercado, en tanto que, para cualquier sistema de organización económica distinta del mercado, la consideran como merecedora del adjetivo calificativo de solidaria. Pero la realidad que el proceso o sistema de mercado es claramente solidario y un error considerarlo que no tiene tal propiedad.

Para explicar tan crasa equivocación utilizaré un ejemplo de un mercado con el cual muchos costarricenses estamos familiarizados. Así, ubiquémonos por un momento en algo tan sencillo como la feria del agricultor, que funciona los días sábados en la Plaza González Víquez (o en otras partes del país). Tal análisis nos permitirá entender que en un mercado la característica esencial es el acuerdo libre entre las partes, reflejado en transacciones que se realizan porque benefician a ambas partes que en ella participan y que, por tanto, son totalmente el resultado de una cooperación entre las partes.

A fin de tener la idea bien clara, pondré un ejemplo concreto de una transacción. Supóngase que voy a aquella feria con cierta cantidad de dinero y allí me encuentro con una señora que ha traído mangos desde Orotina. Hay un cartel que dice que el kilo de mango cuesta ₡500. Podemos, por supuesto, regatear un nuevo precio distinto de éste, pero pensemos, por un momento, que estamos de acuerdo con dicho precio de referencia. El ejercicio mental es muy sencillo: si yo considero que la satisfacción de comer dos kilos de mangos que compro es superior a los ₡1.000 que tendría que pagarle a la señora, entonces le daré un billete de esa denominación a cambio de los dos kilos. Por su parte, si la señora está dispuesta a entregarme esos dos kilos de mango de su propiedad por esos mil colones que le ofrezco a cambio, es porque ella valora más dicho monto que los 2 kilos de mangos que ya tiene. Nadie nos está obligando a realizar la transacción: ésta se llevará a cabo si ambas (reitero, AMBAS) partes ganan con así hacerlo. De no ser así, la transacción libre y voluntaria no se llevaría a cabo a ese precio (puede que lo sea a algún otro precio, pero, de nuevo, la transacción se llevaría cabo únicamente si ambos ganamos con ella).

¿No es lo expuesto un buen ejemplo de cooperación entre seres humanos y que se da en muchísimas cosas de la vida? ¿No es hasta un ejemplo de amistad? Digo esto último porque, por ejemplo, para Friedrich Hayek, lo que mejor describe al orden espontáneo de una economía es un concepto que él llama “catalaxia”, del griego katallatein, que no sólo significa intercambio (como el que hemos descrito en el caso de los mangos) sino que también denota “admitir a la comunidad” y “convertir a un enemigo en un amigo.” La transacción que se ha efectuado entre la señora de los mangos y este servidor, es pacífica, libre, de amigos si se quiere, de gente que está dispuesta a cooperar, yo dándole un billete que ella valora más que la mercancía que me entrega, y ella dándome a cambio dos kilos de mango que yo valoro más que el billete ¿Acaso esta transacción, típica de un sistema de intercambio que se da en el mercado, no merece que éste sea considerada como solidario o humano, o caracterizado por la reciprocidad o benigno o armónico?

Por estas razones es que considero que llamar “Economía Social y Solidaria” a un grupo específico, particular, de formas de empresas o asociaciones o agrupaciones, no es más que una apreciación ideológicamente basada en algo que juzgan bueno a priori, a fin de tratar de diferenciarlas de otras formas de economía que son igualmente sociales y solidarias, como es el caso evidente del orden o sistema de mercado. Parece que lo que en verdad mueve a quienes pretenden tal truco, no es más que una motivación populista, con lo cual muestran saber muy poco acerca del significado verdadero de lo que es una Economía.

Además, quiero comentar la propuesta de que el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), que como sabemos bien es un ente público, propiedad de todos nosotros, destinado a la formación de profesionales en el ámbito de la técnica, dedique recursos estatales para dar cursos acerca de la llamada “Economía Social y Solidaria.” (ESS). Por lo que uno lee que es tal cosa, cualquier administrador que salga de una universidad del país estará en plena capacidad de llevar a cabo las funciones que hoy se requieren dentro de ese elenco de empresas que se dice conforman la “Economía Social y Solidaria”; esto es, casi todas formas de organización que no llevan formalmente el nombre de una empresa privada usual, tal como el de una sociedad anónima o un empresa privada monda y lironda.

Alguien escribió que lo propio de esas ESS eran las siguientes tres características que: “i) dan prioridad a la satisfacción de necesidades humanas por encima del lucro (sin que por ello sean anti-mercado), ii) gestionan la actividad económica de manera democrática (no hay “empleados y patrones”, sino, “socios y colaboradores”) y iii) actúan con responsabilidad social y ambiental (y rindiendo cuentas por esta responsabilidad).” Los analizaré, pues no debe dejarse de lado la vaciedad de la propuesta.

De entrada, refiriéndome al primer punto de los criterios -que “dan prioridad a la satisfacción de necesidades humanas por encima del lucro (sin que por ello sean anti-mercado)”, me imagino que, entonces, quedaría por fuera una cooperativa como la Dos Pinos, pues claramente tiene el lucro (adecuadamente) como objetivo: no nos vende la leche de a gratis, ni al costo y, más bien, muy por encima del precio internacional. También sucede lo mismo con cooperativas que nos venden seguros y lo hacen al mismo costo que otras formas de organizaciones privadas. También existen diversas cooperativas dedicadas al transporte de buses y de taxis, en donde se nos cobra lo mismo que las empresas no cooperativas.

La verdad es que todas ellas y muchas otras más son participantes a plenitud en el mercado, haciendo máximas sus ganancias y buscando servirle al consumidor, al igual que como lo hacen otras empresa privadas. Me imagino que son más bien los políticos proponentes de la ESS, los que quieren vendernos el cuento de que las empresas que la conforman, que en realidad son tan activas y partícipes del mercado como cualquier otra empresa, son diferentes de otras. Ciertamente cuando enfatizan que dichas empresas no son “anti-mercado”, es porque les da vergüenza decir que todas esas empresas que se agrupan bajo la llamada ESS buscan, en buena hora, lucrar, como lo puede comprobar cualquier consumidor de sus productos o servicios. Lo que los proponentes del programa ESS nos quieren ocultar, al decirnos que las empresas del ESS no son “anti-mercado” es que son sus ideólogos proponentes quienes sí consideran como malo o injusto el lucro y por esa razón es que acuden rápidamente a tratar de encubrir su prejuicio, diciéndonos “no piensen mal que no son anti-mercado”. Las empresas no lo son; sí los ideólogos impulsores.

Pero hay más. En el segundo punto nos dicen los impulsores que en esas ESS “no hay ‘empleados y patrones’, sino, ‘socios y colaboradores’” y que por eso son democráticas. Con cambiar de nombre a quien da las órdenes y a quien las debe acatar, no se logra cambiar la naturaleza de las cosas: sigue existiendo la misma relación jerárquica como la hay en toda empresa. Jamás algo que se considere una empresa tendrá una estructura democrática horizontal (posiblemente excepto cuando una empresa constituida por una sola persona), pues siempre existirán quienes mandan y quienes obedecen; quienes toman las decisiones y quienes las acatan. “La mona, mona se queda, aunque se vista de seda.” Pongo como testigos de que tal es la realidad a los mismos trabajadores de algunas empresas que los políticos consideran como parte de las ESS. Ellos mismos les podrán decir que en sus firmas hay jerarquías de mando; de gerentes que deciden y de personal que se subordina y obedece las decisiones de los primeros. “Peace and love” se aplica en otras instancias.

El tercer punto señalado por los impulsores de las ESS es que las empresas y actividades de ese grupo “actúan con responsabilidad social y ambiental (y rindiendo cuentas por esta responsabilidad).” No sólo eso mismo hacen muchas otras empresas que no se incluirían dentro de las ESS, sino que, también, ni a mí ni a usted, firmas que teóricamente formarían parte de las ESS nos dan cuentas de nada de eso. Es más, uno conoce claros casos de externalidades negativas, como cuando, por ejemplo, un sindicato -que para los de la ESS es un socio natural de ellas- hace un paro e interrumpe el derecho ciudadano a movilizarse en las calles afectando así su bienestar.

Francamente, parece que lo que hay detrás de todo esto es una nueva movida en el país inspirada en la izquierda chavista, tratando de crear organizaciones que le den poder a cierto grupo ideológico, pero, en este caso, haciendo uso para ello de recursos públicos, como son los fondos del INA, fondos de todos los ciudadanos. Ya han fracasado o casi que fracasado intentos “privados” de montar centros dedicados a formar personal específico para las ESS, pero no han tenido éxito, tanto por la baja demanda como por el alto costo de mantener burocracias improductivas. Por tal razón es que ahora pretenden tomar la plata de los ciudadanos para este tipo de cosas innecesarias, pues, de paso, tal como indiqué, muchos de los profesionales formados por la educación superior nacional logran la preparación necesaria para servir bien en cualquier tipo de empresa, incluyendo las de la llamada ESS.

Para terminar mi comentario, cada vez que se destinan recursos públicos a hacer algo -como en este caso para ponerse a dar clases de ESS en el INA- significa que esos mismos recursos no se podrán destinar a hacer alguna otra cosa. La idea lógica es escoger aquello que rinda el mayor beneficio para la sociedad y es aquí en donde salta el claro contraste entre quienes andan moviendo la idea del ESS y quienes consideramos que el INA tiene aún mucho más que hacer, en el campo de la formación profesional de los ciudadanos.

Mientras quienes impulsan las ESS lo hacen para ampliar su poder político, la elevada tasa de desocupación y de subempleo en el país, en conjunto con una demanda laboral insatisfecha de trabajadores preparados, como sucede con muchos casos de egresados del INA actual, es lo que debe de impulsarnos a mejorar esa oferta de trabajadores calificados, a fin de que obtengan buenos y bien pagados empleos productivos. Desperdiciar recursos públicos en estos momentos de serios problemas fiscales, en jueguitos políticos que todos observamos, es casi que un crimen, pues en vez de destinar recursos escasos para preparar tanta gente, que podría beneficiarse con una educación apropiada para la producción, lo que los promotores de la ESS lo que pretenden es montar plataformas ideológicas para grupos de presión política para lograr un cambo ambicionado por ellos y el cual ya sabemos de qué se trata. Y eso con los fondos de todos nosotros.

Publicado en ASOJOD el 22 de julio del 2015.


Lectura relacionada:
La solidaridad cristiana
Yunus y su concepto de empresa social

Si le gustó, compártalo: