Keynes se equivoca, la producción antecede al consumo.

Esteban Gamboa Liberalismo Leave a Comment

Por: Esteban A. Gamboa Bermúdez.

Según la teoría de John Maynard Keynes, economista británico muy influyente en el siglo XX, el consumo antecede a la producción, es decir, las personas primero consumen y ante ese consumo, los empresarios producen. Derivado de este postulado, se entiende o se piensa que, para consumir, primero las personas deben tener dinero, de allí que exista la idea keynesiana de “poner dinero en el bolsillo de las personas” incentivando la demanda agregada mediante el gasto público; lo que hará según esta teoría, que se incentive el resto de la demanda agregada (el consumo, las exportaciones netas y la inversión). Esto no está bien, pues los mecanismos para incentivar (hacer crecer) el gasto público son la deuda o el aumento del aparato estatal, con todo lo malo que eso significa en términos de aumento de impuestos, deuda o emisión monetaria.

Pero que nos dice la evidencia empírica, lo tratare con un ejemplo. Recientemente hice la romería (caminata de fe hacia la basílica de la Virgen de los Ángeles, ubicada en la provincia de Cartago, Costa Rica), durante la caminata a la altura del cerro Ochomogo, estaba una señor vendiendo camisas con un estampado alusivo a dicha peregrinación, más adelante, llegando a la basílica note varias personas con la camisa.

Quien vende las camisas tuvo que invertir, ya sea que haya ahorrado o bien endeudandose, para producir las camisas alusivas a la actividad, que luego puso a disposición de las personas (creo la oferta), por su propio interés y conjeturando que a futuro (los días celebración) alguna persona le iba comprar, creando así la necesidad en algunas personas de identificarse con el evento y entre ellas mismas (se creó la demanda). Las personas consumidoras, a su vez, debieron ahorrar, para hacer la caminata, previendo gastos de cualquier tipo como necesidades primarias, transporte, alimentación o bien compra de otras situaciones secundarias, como las camisas.

Es claro que, las camisas no se venden por el hecho de ser ofrecidas y ya, sino porque a consideración de los consumidores tienen valor, por la actividad, por el color, por el estampado, además están de acuerdo en intercambiar cierta cantidad de dinero por esa camisa, entonces valoran más la camisa, que la cantidad de dinero que están dispuestos a dar. Si el señor decide vender las camisas a la salida de una congregación evangélica probablemente no venderá ninguna, pues no serán de valor para ese mercado, claramente él no puede ignorar las preferencias del consumidor. El señor en una explicación sencilla de Ludwig von Mises, economista austriaco, ganador del premio nobel de economía, lo anterior se resume en “cada oferta, crea su propia demanda”, también se conoce como la ley de Say, llamada así pues fue formula por Jean-Baptiste Say economista francés, exponente de la escuela clásica de economía.

Parafraseando a Say decía que, el emprendedor cuando pone su producto o servicio, a disposición del mercado, tiene apuro en la venta de manera tal que los bienes permanezcan el menor tiempo posible ociosos, al recibir el dinero producto de la venta, tiene casi el mismo apuro en disponer de ese dinero en otros bienes, de manera tal que el dinero permanezca ocioso el menor tiempo posible. Esta dinámica necesariamente abre mercados para otros bienes, es decir, la adquisición de unos bienes, abre la demanda de otros. Por eso se dice también que los bienes, al final, se pagan con otros bienes, siendo el dinero solamente un medio de intercambio, es por eso que la riqueza está en los bienes y no en la acumulación per se de dinero.

Otro ejemplo que se utiliza para ejemplificar que la producción antecede al consumo, es la situación de encontrarse sólo en una isla, usando la famosa novela del náufrago Robinson Crusoe, quien permanece en una isla 28 años, es un escenario económico con un solo productor, un solo consumidor y dos bienes. Al igual que nosotros, el protagonista solo tiene dos actividades para hacer, obtener ingresos o permanecer en ocio, la actividad generadora de ingresos, en la isla, es la recolección de cocos, por supuestos que entre más tiempo pase recolectado cocos, más comida tendrá pero menos tiempo de ocio y viceversa, entre más tiempo de ocio tenga, menos comida (cocos) tendrá. Crusoe debe elegir la combinación óptima de tiempo dedicado a la producción y tiempo dedicado al ocio. A su vez, debe elegir qué cosas producir en el tiempo que dedica a la producción, como herramientas de caza u pesca para maximizar sus utilidades, porque no sólo de coco vive el hombre. Nuevamente, para consumir se debe antes producir. Se debe ahorrar tiempo, de una actividad, para invertir en otra que maximice las utilidades.

Entonces, Keynes se equivoca pues, sin ahorro no hay inversión y no hay consumo, esto nos dice la evidencia empírica (ejemplos de la vida real) y la escuela austriaca de economía, también las dos nos dicen que, para incentivar el gasto público, ya sea aumentando el Estado, endeudándolo o imprimiendo dinero, son necesarios más o mayores impuestos en corto o largo plazo respectivamente, dado que el Estado no tiene dinero, sino que es el dinero de los contribuyentes, como lo señaló la ex primera ministra británica, Margaret Thatcher.

Por tanto, incentivar la demanda agregada mediante el gasto público, en vez de poner dinero en el bolsillo de las personas, les quita posibilidades de ahorro e inversión, lo cual genera menor producción, que a su vez ocasiona mayor desempleo y, por ende, mayor pobreza.  El alza de impuestos conlleva altos costos en las transacciones y junto a una regulación excesiva de la economía en general (protecciones y subsidios), genera un incremento de la economía informal y la evasión; por tanto, menos ingresos para Hacienda, lo cual acrecientan el déficit fiscal.  Todas estas situaciones generan, a futuro, menos consumo que antes de que se presente la intervención del Estado en la economía.

Solamente reduciendo el tamaño del Estado, con lo cual se reduce la necesidad de impresión monetaria, impuestos y endeudamiento, se conseguirá que las personas (empresarios y consumidores), tengan mayor posibilidad de ahorro, los empresarios invertirán creando empleos y con más empleos menos pobreza. Los consumidores al tener mayor posibilidad de ahorro, por la utilidad marginal y la preferencia temporal de los bienes y servicios, consumirán más.  Así que, como dice el título del presente escrito: Keynes se equivoca, la producción antecede al consumo, o sea, el consumo es consecuencia de la producción, que es lo que realmente debemos incentivar mediante: menor tamaño del Estado, menos impuestos, menos deuda y menos impresión monetaria.

¡Libertad y Pura vida!