Huelgas: ¿un derecho o una agresión?

Sergio Villalta Liberalismo Leave a Comment

El proyecto que prohíbe el “derecho” a la huelga en los “servicios esenciales” del gobierno está pronto a votarse. De aprobarse la iniciativa se reformarán ocho artículos del Código de Trabajo.

Las tres reformas más importantes de este proyecto de ley son:

1. La disolución de los sindicatos cuando organizan o incitan a sus afiliados a impedir la libertad de tránsito o a realizar cualquier otra conducta delictiva.

2. Se prohíbe la huelga en los “servicios esenciales” del gobierno.

3. Los salarios de los huelguistas por el tiempo no laborado, se rebajarán de manera retroactiva cuando la huelga se declare ilegal.

Una huelga inmoral

Este proyecto de ley se discute al poco tiempo de una larga huelga en los hospitales y clínicas de la CCSS. Huelga que ha servido para mostrarnos lo perjudicial que es el “derecho a la huelga”.

La pasada huelga le negó el servicio a 82 mil personas en las consultas de medicina general y especializada. Unos 13.602 procedimientos médicos no se realizaron y 1.664 cirugías quedaron sin practicarse. (1)

Aproximadamente 67 mil citas tendrán que ser reprogramadas. (2) Además, las autoridades todavía investigan el trágico suceso de la muerte de una persona por falta de atención en el Hospital San Rafael de Alajuela. (3)

Vergonzoso acuerdo

Aparte de los perjuicios que sufrieron los “usuarios”, la huelga terminó con un “acuerdo” calificado como vergonzoso por los diputados de oposición. (4)

El acuerdo no elimina ni reduce los privilegios que gozan los sindicalistas de la CCSS. (5) Tanto la Cámara de Industrias, la Cámara de Comercio y el resto de la cúpula empresarial han denunciado el acuerdo como algo muy perjudicial.(6)(7)

Entre otras cosas el gobierno aceptó que a los empleados de la CCSS se les continué pagando de manera bisemanal. Es decir, recibirán 13 salarios al año, más aguinaldo y “salario escolar”.

Además, los sindicalistas conserven todas las “anualidades, sobresueldos, pluses y complementos salariales”, mientras la anulación de esos privilegios se discute en sede judicial. (8)

¿Cómo nacen los sindicatos?

Los sindicatos surgen a principios de la era moderna en Europa. Su origen se remonta a los gremios profesionales que monopolizaban o cartelizaban mercados en la Edad Media.

Estas organizaciones regulaban la oferta, el precio de los bienes y las personas que trabajaban como carpinteros, herreros, zapateros, sastres, sombrereros, etc.

Los sindicatos nacieron como organizaciones contrarias a la libertad. Pues prohibían el libre ejercicio de muchas de esas ocupaciones o fijaban los precios. Esta naturaleza liberticida de los sindicatos la conservan incluso en nuestros días.

¿Qué beneficios brindaban los sindicatos?

A medida que las sociedades se industrializaban los sindicatos buscaban la política de “taller cerrado”. Es decir, que el empresario solo pudiera contratar a los miembros del sindicato. Esto desde luego no beneficiaba en nada a los empleados no sindicalizados y tampoco a los desocupados.

Las supuestas conquistas laborales que han conseguido los sindicatos en realidad dañan a los empleados. Por ejemplo, el salario mínimo crea desempleo.

Porque el empleador paga al trabajador el valor descontado de su productividad marginal. Entonces un gobierno que impone por ley un salario mínimo, hace que todos los que su productividad sea inferior a ese monto sufran el desempleo.

Y las verdaderas reducciones en las jornadas laborales se han conseguido mediante mayores tasas de capitalización. Estas aumentan la productividad y reducen el tiempo real laborado que se necesita para comprar otros bienes y servicios.

Por ejemplo: en 1950 se necesitaban 30 minutos de trabajo en los EE.UU. para comprar una hamburguesa de McDonald´s. Hoy en día gracias a una mayor productividad se necesitan solo tres minutos de trabajo para comprar la misma hamburguesa. (Fuente: Matt Ridley, “El Optimista Racional”)

¿Qué es el “derecho a la huelga”?

El “derecho a la huelga” en esencia significa que los miembros de un sindicato tienen el privilegio de no trabajar. Pero a la vez le prohíben a otras personas que desearían trabajar reemplazar a los huelguistas.

El “derecho a huelga” implica tener el “derecho” a recibir un salario mientras no se trabaja. Siempre y cuando la huelga sea declarada legal. En la práctica poco importa si se declara la legalidad de huelga.

Cuando la huelga termina con un acuerdo con el gobernante de turno, por lo ordinario, este le ofrece al sindicalista no tomar represalias.

Es común que no se le rebajen del salario a los sindicalistas los días no laborados. O que no se aplican sanciones a los empleados que incumplieron sus deberes.

¿Qué medios utilizan los sindicatos?

Los que os dicen que los sindicatos se empeñan en aumentar los salarios solo con persuasión moral son como la gente que dice que os habla de tigres que viven de naranjas.” – Henry George.

El principal medio que utiliza un sindicato es la coerción. En esencia el “derecho a la huelga” significa legitimar el uso de la agresión para lograr un propósito.

Muchas veces basta con la amenaza de esa misma coerción, para que se logren los propósitos de los sindicatos. Debido a que mientras ejercen su “derecho a la huelga”, no se puede contratar a otros que gustosamente quisieran trabajar.

Así el empleador queda a merced de la coerción del sindicato. Por esta razón el “derecho a la huelga” es una manifestación del uso de la fuerza en provecho de un grupo: el sindicato.

Ante esto es de esperar que en algún momento el gobernante (cuando sea el empleador) acepte sus demandas, so pena de seguir sufriendo un perjuicio mayor.

El “derecho a no trabajar”

No debe confundirse el derecho a no trabajar con el “derecho de huelga”. El derecho a no trabajar es una acción moralmente correcta.

Ya que a nadie se le puede obligar a trabajar. El que no trabaja tiene el derecho a hacerlo, por las razones que sea. Y desde luego tendrá que asumirá las consecuencias de esa decisión.

Tampoco se debe confundir el “derecho de huelga”, con el rompimiento o suspensión de un contrato laboral. V.gr. imaginemos que el patrono no le paga el salario a sus empleados.

Los empleados – debido al incumplimiento en que incurrió el empleador -, tendrían la justificación moral para no trabajar. En este caso se ejercería un derecho a no trabajar mientras no reciban un salario.

También sería igualmente correcto romper el contrato laboral y buscar a otro empleador que sí honre sus compromisos y que pague los salarios de la manera convenida.

Pero esto no se trataría de un “derecho a huelga”. Ya que no se le impide al patrono contratar a otras personas. Además, el empleado no reclamaría un salario por los días no laborados.

Un pequeño paso

El proyecto de ley que prohíbe el “derecho a la huelga” en los servicios esenciales que brinda el gobierno es un pequeño paso en la dirección correcta. En realidad no debería existir un “derecho a la huelga”.

Puesto que nadie tiene el “derecho” a demandar que otro le pague un salario sin trabajar. Y nadie tiene el “derecho” a impedir que el empleador contrate a personas que con gusto reemplazarían a los huelguistas.