Grecia y el euro: ¿qué podemos aprender?

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Por: José Joaquín Fernández. Miembro de la Mont Pelerin Society.

Un gobierno cualquiera tiene tres fuentes de financiamiento: impuestos, endeudamiento y emisión monetaria. Dediquemos unas líneas para analizar las consecuencias económicas y sociales de que un Gobierno se financie con emisión monetaria.

En defensa del euro
Hasta hace relativamente poco tiempo, los gobiernos no podían recurrir a la emisión monetaria para financiar su gasto. Hasta finales del siglo XIX, la mayoría de la emisión de dinero se hacía por medio de la banca privada. Esto no es sorpresa por cuanto la emisión de dinero es un negocio como cualquier otro. En aquella época, la emisión de dinero estaba regulada por el Patrón Oro; es decir, el banco privado solo podía emitir según sus reservas de oro. Sin embargo, los gobiernos vieron en la emisión de dinero, sin respaldo, una posibilidad de financiar su gasto creciente y entonces crearon lo que se conoce como banca central. El gobierno es la única entidad que puede emitir dinero para pagar su gasto sin que eso sea delito. Si una persona recurriera a impresión de dinero para pagar sus deudas, el gobierno lo arrestaría. En su libro “The Rationale of Central Banking”, Vera Smith argumenta contundentemente que la banca central nace como instrumento exclusivo de financiamiento del gasto público.

Sin embargo, se sabe que la emisión de dinero sin respaldo en la producción crea inflación. Así lo afirma el Deutsche Bundesbank en su libro Política Monetaria del Bundesbank, cuando dice que ya nadie discute que: “sin una expansión excesiva de la masa monetaria, no puede haber (…) una elevación general de los precios”. Es decir, cuando el gobierno se financia emitiendo dinero, se produce inflación.

La inflación acarrea incertidumbre, altas y volátiles tasas de interés y devaluación. Lo anterior se traduce en menores tasas de crecimiento, deterioro en la distribución del ingreso y mayor desempleo. En el peor de los casos, la emisión inorgánica crea una burbuja financiera que eventualmente explota en crisis económica.

Con la idea de quitar la tentación a los gobiernos de recurrir a la emisión monetaria para financiar su gasto, se crea el Banco Central Europeo (BCE). La idea era que ningún gobierno miembro de la euro zona, pudiera recurrir a la emisión inorgánica para financiarse. En principio, si el BCE emitiera para financiar al gobierno “x”, entonces creará inflación en toda euro zona, lo cual perjudicaría a los restantes miembros. En este sentido, el euro nace para contener la irresponsabilidad fiscal. El euro fue creado como una camisa de fuerza para detener el financiamiento del estado benefactor con el flagelo de la inflación, consecuencia de la emisión monetaria.

Los liberales creemos que lo que se encuentra en crisis no es el euro sino el estado benefactor que no puede seguir creciendo y creciendo sin que eventualmente explote en desempleo y caos. Este es el origen de la crisis en Europa. La inflación y la devaluación nunca serán solución al estado benefactor, por el contrario, lo perpetúan.

¿Qué pasó en Grecia?
Durante años, el gobierno de Grecia tomó ventaja de un euro fuerte y de bajas tasas de interés para alimentar un gasto público creciente más allá de las posibilidades reales que le permitía su economía. Esto lo observamos claramente al ver el crecimiento en el déficit fiscal y en el nivel de endeudamiento de ese país.

Como apreciamos en el gráfico, Grecia ha tenido un promedio de déficit fiscal del 7.19% como porcentaje de su Producto Interno Bruto desde 1995 hasta el 2014. El menor déficit lo tuvo en 1999 en un 3.20% y el más alto fue en el 2009 con un 15.70%.

source: tradingeconomics.com

Por otra parte, el nivel de endeudamiento del Gobierno de Grecia también ha sido alarmante como vemos en el siguiente gráfico.

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Dos han sido las principales consecuencias de esta irresponsabilidad en el manejo de las finanzas públicas. La primera es un aumento en las tasas de interés que paga la deuda soberana de Grecia que llegó por encima del 6.37% en comparación a la de Alemania que está al 3% para bonos a 10 años. Esto es algo natural porque la tasa que se paga por un bono debe guardar relación con el riesgo de que sea pagado el monto principal.

En los siguientes gráficos vemos las consecuencias de las políticas populistas sobre las tasas de desempleo y el nivel de ingreso per capita donde alrededor del 50% de su presupuesto se destina ahora solo al pago de salarios y pensiones.

source: tradingeconomics.com

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Ante esta crisis, existen cuatro alternativas: 1) Qué los contribuyentes de los países más ricos de la Unión Europea (Alemania) paguen “los platos rotos”. 2) Dejar que el gobierno de Grecia asuma las consecuencias de sus malas políticas. 3) Que el gobierno de Grecia llegue a un acuerdo con los acreedores para renegociar la deuda externa. 4) Que el Gobierno de Grecia obtenga crédito de organismos financieros públicos como el Fondo Monetario Internacional (FMI)

Los alemanes, y con toda la razón, han estado reacios a rescatar a Grecia. ¿Por qué una Alemania responsable debe salvar a un gobierno irresponsable y crear con ello un mal precedente? Un rescate a Grecia significa estimular comportamientos semejantes en otros países de la Unión Europea. Creo firmemente que la Unión Europea (UE) ni siquiera debió discutir esta opción.

Muchos analistas creen que si no se rescata al gobierno de Grecia, eso afectará negativamente al EURO. Todo lo contrario. El EURO estuvo cayendo precisamente porque la UE se embarcó en un programa de salvataje a Grecia y, al hacerlo, transfirió recursos de europeos responsables y productivos a europeos irresponsables y menos productivos.

Muchos países del tercer mundo tienen deuda soberana en dólares de los Estados Unidos. Muchos de estos países tienen problemas de capacidad de pago como Argentina y no por ello se debilita el dólar. De igual manera, si la UE dejara muy en claro ante el mundo que los problemas fiscales de Grecia, o de cualquier país en particular, no es responsabilidad de la UE, el EURO no se vería afectado en modo alguno. El único efecto sería un aumento en las tasas de interés que debe ofrecer el gobierno irresponsable tal y como sucede con la deuda soberana de los países de América Latina que tienen su deuda en dólares.

El problema no es haber permitido el ingreso de Grecia al euro. El problema no es el euro. Grecia no está en quiebra; su Gobierno sí. El único problema es la necedad socialista en creer que el gasto público puede seguir creciendo y creciendo sin tener consecuencias económicas nefastas como estancamiento, desempleo y caos.

Como bien decía Juan Bautista Alberdi, autor intelectual de la Constitución liberal de Argentina de 1853, “¿Por qué no pagar la deuda en vez de discutirla? Entre particulares, el deudor que discute su deuda, en vez de pagarla, es tenido por tramposo. ¿Será posible que esta verdad, que a cada instante practica un pulpero, sea desconocida de los gobiernos?“

¿Abandonará Grecia al euro?
No creo que el gobierno de Grecia abandone el euro porque existe un problema fundamental, al que Ludwig von Mises llamó el “Regression Theorem”: ¿cómo darle valor a la moneda que eventualmente pueda emitir el gobierno de Grecia? Todos saben que si el gobierno de Grecia emitiera una nueva moneda lo hará para financiarse, y esto creará, necesariamente, una altísima inflación. Las consecuencias de financiarse via inflación serán: tasas de interés muy altas y volátiles y devaluación. Ante este escenario, ¿quién va a ser tan estúpido de aceptar la eventual nueva moneda que emita el gobierno de Grecia? El gobierno griego podría obligar su uso pero no será suficiente para evitar que una eventual nueva moneda sea un intento inútil. Todo lo anterior agravaría aún más la crisis. Salirse del euro para financiar el gasto via inflación es una grandísima irresponsabilidad.

En resumen, los Gobiernos sinvergüenzas tratan de eludir la responsabilidad del gasto público creciente financiándolo por medio de la emisión monetaria o por medio del incumplimiento del pago de la deuda. Los Gobiernos responsables, no gastan lo que no se tiene y no hacen promesas populistas para obtener el poder. Por tanto, la solución ante el estancamiento de algunos países europeos es reducir el gasto público, reducir impuestos y desregular la economía.

Muy distinta la experiencia de los países bálticos que han realizado el ajuste principalmente vía reducción del gasto público y desregulación de la economía con excelente resultados en cuanto a tasas de crecimiento económico y niveles de desempleo.

La principal lección de Grecia es que el mayor gasto público, más burocracia, más privilegios, más socialismo, no es el camino hacia la prosperidad sino todo lo contrario. La solución real es que el gobierno de Grecia ajuste su gasto a sus posibilidades, que reestructure pensiones tal y como lo hizo Suecia en la década de 1990, que reduzca planilla y salarios en el sector público y que desregule y liberalice la economía para que surja un sano y sostenible crecimiento económico.

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