El nefasto precedente

Sergio Villalta Libertad, Política Económica Leave a Comment

Por: Sergio Villalta

El proyecto de ley aprobado en primer debate, para fijar un tope a la tasa de interés en los préstamos bancarios, no solo es inconveniente desde un punto de vista utilitario, también es moralmente reprochable.

En la antigüedad

Hasta finales de la Edad Media cobrar un interés por el dinero prestado se consideraba como “usura”. Se pensaba que era una muestra de desenfrenada codicia.

En la antigüedad se le prestaba dinero nada más al que había sufrido una tragedia por incendio, terremoto, enfermedad, etc.

Por ende, lo correcto ante el dolor del prójimo era mostrarse caritativo, en lugar de buscar la ganancia por medio de la desgracia ajena.

Sin embargo, durante la Ilustración y a medida que se desarrolló el comercio se hizo más común que se le prestara dinero al “navegante”, (comerciante) no al desvalido.

Si el comerciante iba a obtener una ganancia al hacer uso del dinero ajeno, ¿por qué sería incorrecto que la persona que presta el dinero también obtuviese una ganancia?

¿Es incorrecto lucrar con el dinero?

Las personas buscan usar el dinero de otros con el fin de aumentar su riqueza (comprar una casa, un vehículo, viajar, mercancías, etc.).

Entonces; ¿por qué la persona que presta su dinero no tendría el mismo derecho? Además, nada le asegura al prestamista, que se le devolverá en tiempo y de manera completa su dinero.

Por tanto, es enteramente justo y correcto que se cobre un interés por el riesgo que se corre. Sería incorrecto negarle al prestamista el mismo derecho que las demás personas tienen para aumentar su riqueza.

Y la persona que presta su dinero es la más indicada para evaluar el riesgo en que incurre. Obviamente por ser el dinero de su propiedad sabrá el verdadero riesgo que asume y fijará ese interés que cobra.

Un nefasto precedente

Se sabe que esta ley va a crear un mercado negro. Porque el control de precios siempre termina creando un mercado informal (un mercado libre) de la regulación del gobierno.

También se sabe que la ley va a perjudicar a las personas (a los más pobres) que representen un riesgo mayor al tope fijado por ley.

Sin embargo, la aprobación de este proyecto entraña un precedente aún más nefasto: se trata del poder que se le otorga al burócrata.

Ya el burócrata detrás de su escritorio tendrá el poder de sancionar con cárcel a aquellos que cobren un interés mayor.

¿Entonces por qué no darles el mismo poder para que fijen el precio de los zapatos? ¿Por qué no el precio de los vegetales? ¿De la carne? ¿De la ropa? ¿De las casas?

Obviamente esto sería el acabose. Sería resucitar en parte el fracasado modelo soviético, el cual según parece muchos añoran.