EL LOBO SOLITARIO: 5 consejos para alcanzar la libertad intelectual.

Miguel Ángel Nouel Liberalismo Leave a Comment

Una definición de libertad es poder elegir sin coacción entre múltiples opciones y asumir las consecuencias de nuestra decisión, pero ¿qué pasaría si alguien más aventajado solo presenta las opciones que a éste le conviene? Una élite o persona con tal poder podría ser el artífice de un sesgo que nos imposibilite encontrar la verdad, dándole una forma deliberada a nuestra cosmovisión. De aquí surge la necesidad de la rebelión intelectual, un justificado escepticismo al que le sigue una travesía de exploración del pensamiento humano, descubriendo diversas filosofías y visiones de mundo alternativas que nos permiten completar y depurar la nuestra.

En nuestro viaje, es rico visitar academias y tribus intelectuales, nos da un sentido de comunidad, protección y con el tiempo le agarramos gusto a alzar la bandera de una causa. Lamentablemente, como pasa con todo lo humano, empezamos a observar contradicciones y sesgos ideológicos, y es entonces cuando se presentan dos opciones ante nosotros, la primera es el suicidio intelectual que hablaba Albert Camus, es decir, entregarnos por completo a la ideología y aceptarla como un dogma de fe, cediendo así nuestra libertad intelectual, la segunda opción es la menos popular, pues implica distanciarse de la aldea y escuchar a los forasteros, cosa que puede ser percibida como traición por parte de los aldeanos, y posiblemente devenir en el exilio.

Así es pues, que quienes tomamos la segunda opción regresamos a nuestra condición de lobos solitarios, criaturas orgullosas de valernos por nuestra cuenta y sedientos de seguir recorriendo el mundo de las ideas sin someternos al cautiverio intelectual. Esto no significa que nos desagrade visitar y compartir con antiguas tribus que nos dieron cobijo, es solo que nos gusta poder regresar al camino y hacernos más sabios.

Quiero enumerar, para mi querido lector, cinco consejos que han hecho mi viaje más enriquecedor:

1-) Busque leer autores de diferente postura a la suya, y de áreas del pensamiento que normalmente no frecuenta. Hay autores que leerles le podría parecer una traición intelectual, razón de peso más para sumergirse en su obra, y para que esto se haga más fácil le aconsejo leer como si el autor es un personaje de ficción que estamos conociendo, una simple obra de entretenimiento que no juzgamos, solo contemplamos.

2-) Cuando haya entendido la cosmovisión de un autor y se sienta preparado para criticarle, haga el ejercicio de escribir cinco coincidencias, o cosas que le gustaron y cinco cosas que no le agradaron, o con las que está en desacuerdo. Encontrará retador completar esta lista con cualquier autor y su criterio se tornará más robusto.

3-) Por más que le guste frecuentar grupos de mentes afines, procure no hacerlo en demasía, busque el diálogo con adversarios para poder forjar a fuego sus argumentos y para escuchar nuevas perspectivas que le permitan madurar sus opiniones. El lobo puede fantasear con la caza, pero solo cazando se hará más hábil.

4-) Un buen intelectual hace dieta de forma regular, es decir, se separa momentáneamente de los libros y la actividad intelectual para entablar conversaciones y relacionarse con gente común, una cosa es el conocimiento y otra es la empatía, no sirve de nada acumular conocimiento si nos hacemos incapaces de comunicarlo a los demás en un diálogo con gracia.

5-) Evite la rutina: la vida moderna nos encausa a asumir rutinas que limitan nuestro crecimiento, tomamos la misma ruta al trabajo, almorzamos con la misma gente, ponemos la misma música y hasta tenemos las mismas conversaciones en piloto automático. Para escapar de esto, es imperativo que todos los días busquemos hacer algo disruptivo, no tiene que ser algo muy brusco, quizás sea tomar el bus al trabajo en vez del carro, almorzar en un sitio diferente, con otras personas, salir a caminar unos 20 minutos de nuestra hora de almuerzo o tomar la cena a la intemperie. El cambio de rutina varía el ángulo de nuestra visión de mundo, colocándonos en situaciones en las que hacemos meditaciones que nos llevan de vuelta a senderos inexplorados.

El lobo solitario renuncia a ser una veleta de las corrientes que le llevan al cautiverio de nuevo, y por eso adquiere sus propias convicciones, las cuales somete constantemente a un escrutinio riguroso. Es por esto que los consejos que desplegué anteriormente no tienen la intención de hacerle temerario. Al igual que en la naturaleza existen peligros que pueden lesionar o matar a un lobo sin manada, éste debe conducirse por el mundo con criterio y prudencia, después de todo, uno de los frutos más valiosos de su viaje es la sabiduría adquirida, la cual irá haciendo los últimos pasos hacia su vejez menos accidentados que en su frenética vida de lobezno.

Si bien el lobo solitario anciano a veces sube a la colina a ver la tierra prometida que nunca olfateará, también se sienta a contemplar la inmensidad del territorio explorado, agradecido por la opulencia que Dios y la libertad le permitieron experimentar.

Post Scriptum quiero agradecer a Luis Diego Ramírez, otro lobo solitario de quién aprendí uno de estos consejos, y aunque nuestro encuentro terminó en una pelea territorial, le recuerdo con aprecio.

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