Los gobiernos son ineficientes e ineficaces per se

José Joaquín Fernández Liberalismo Leave a Comment

Por: José Joaquín Fernández. Miembro de la Mont Pelerin Society.

¿Por qué es que todos los días, los 365 días del año, vemos en las noticias ejemplos del fracaso del gobierno en su misión solidaria? Independientemente de las buenas intenciones, aproximadamente un 40% del salario se destina a cargas sociales y, a pesar de eso, una cita con un médico especialista con la entidad gubernamental se demora más del lapso de tiempo que le toma a un bebé nacer e ingresar al kínder. Las universidades públicas subsidian más a estudiantes ricos que a estudiantes que provienen de los hogares de menores ingresos con lo cual aumentan la brecha entre ricos y pobres. Por su parte, los privilegios y los pluses salariales parecen ser el motivo del funcionario público en vez del bien común.

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¿Es este fracaso del gobierno circunstancial o estructural? Para el economista, la respuesta del fracaso del gobierno es estructural y se encuentra en la motivación. Analicemos cada uno de los siguientes cuatro casos de administración del dinero tomado del libro “Free to Choose” de Milton y Rose Friedman.

PRIMER CASO: Ud usa su ingreso para comprarse algo para su consumo personal.

SEGUNDO CASO: Ud usa su ingreso para comprarle algo a un tercero.

TERCER CASO: Ud usa el ingreso de un desconocido para gastarlo en Ud mismo.

CUARTO CASO: Ud gasta el ingreso de un desconocido para comprarle algo a otro desconocido.

En el primer caso tenemos al sector privado. Son los emprendedores que, con los recursos que ellos mismos han generado, deciden en qué invertirlo o gastarlo. En este caso tenemos también a los trabajadores del sector privado que con su propio ingreso deciden el presupuesto familiar. De los cuatro casos, es éste donde se garantiza el mejor uso y administración de los recursos.

En el tercer y cuarto caso tenemos la descripción perfecta del burócrata y explicamos el crecimiento desmedido sin fin del sector público y la mala calidad, per se, de los servicios públicos. Un burócrata dispone de recursos de terceros donde una parte debe destinarla al pago de su propio salario y el resto a los fines propios de la institución, ministerio o empresa pública donde labora. Los recursos que dispone un burócrata nunca fueron obtenidos con el sudor de su propio esfuerzo y por tanto el burócrata nunca tendrá incentivo para hacer buen uso de los recursos públicos. Es por eso que es una ilusión, un mito, un cuento de hadas, una demagogia, hablar de un gobierno solidario o incluso pensar en el manejo responsable de la política fiscal. Un burócrata, cuyo salario no depende de la eficiencia del uso de los mismos, que trabaja con recursos que no se ha ganado para beneficiar a un desconocido, jamás podrá compararse con aquel que con recursos obtenidos de su propio esfuerzo empresario tiene que destinarlos a producir riqueza porque su salario depende directamente de ello. Es por eso que el gasto del gobierno, como porcentaje del Producto Interno Bruto, debe ser mínimo.

Lo mismo podemos decir de la solidaridad privada. Una ONG privada tiene mejores incentivos para alcanzar sus objetivos solidarios, y con mucho menos recursos, que cualquier institución pública.

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Dice un adagio popular que nadie cuida mejor aquello que lo propio. La corrupción, la ineficiencia y despilfarro del sector público no es consecuencia de la falta de voluntad política sino que es su naturaleza misma, la consecuencia directa de administrar recursos que no son propios ni que se han adquirido con el sudor de su frente.

Según la ciencia económica, y en particular lo que nos enseña James Buchanan -Premio Nobel en Economía- con su teoría del public choice, es que el abuso en las instituciones públicas es algo natural, no circunstancial. El burócrata, nos dice Buchanan, tiene los mismos valores y es tan imperfecto como cualquier otro agente económico privado. El burócrata no es ningún ángel en busca del bien común sino un ser humano que busca su propio bienestar y responde dando prioridad a sus propios intereses. Por tanto, el abuso del burócrata es algo que no se puede corregir con reformas legislativas.

Para Buchanan, es pueril asumir la visión maniquea que el agente privado es avaro y se interesa solo por el lucro mientras que el burócrata está lleno de virtudes. Para el public choice, todo ser humano tiene de manera universal la misma naturaleza sea consumidor, empresario, sindicalista, extranjero o burócrata. El burócrata es tan egoísta, o tan solidario, como cualquier otro agente privado. Es de inocentes esperar o creer que el burócrata tiene mejores virtudes que el sector privado. Como norma general, el burócrata, al igual que el empresario, actuará siempre en beneficio propio como cualquier otro ser humano.

Por lo tanto, concluye el public choice, es absurdo creer que los objetivos de solidaridad se pueden realizar mejor por medio del burócrata que por la iniciativa privada operando bajo libre competencia. Dado lo anterior, se concluye que ni los políticos ni los burócratas deben tener poderes discrecionales, que no deben de manejar empresas y que el gasto público debe ser mínimo.

Quien busca el bien común, no requiere del poder político. Quien busca honestamente la solidaridad, respeta la libertad económica siguiendo el ejemplo de hombres como Muhammad Yunus, premio nobel de la Paz en el 2006.

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Así como los bajos precios, calidad y acceso de los servicios en las telecomunicaciones se relacionan directamente con el nivel de competencia en la industria, de la misma manera la única manera de lograr la mejor calidad con los mejores precios en servicios médicos y educación básica y superior será por medio de la más dura e irrestricta competencia y nunca por medio de la planificación central del burócrata a través de instituciones públicas como la CCSS, del MEP o de las universidades estatales.

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