El fracaso del corporativismo democrático

Andrés Ignacio Pozuelo Liberalismo Leave a Comment

Quiero, sin rodeos, declarar categóricamente que el socialismo y sus mediocres primas, la socialdemocracia y la democracia cristiana (corporativistas), han fracasado en su lucha por abolir las diferencias y conflictos entre las clases sociales, tras casi 100 años de intentos mal concebidos. Al hablar de corporativismo democrático, me refiero al control directo o democrático de la economía por parte de agentes burocráticos que, bajo esquemas corruptos, se aferran al poder para activar sus agendas egoístas en detrimento de la libertad individual y del crecimiento intelectual y económico del ciudadano común.

Mientras que los fracasos económicos son claves a la hora de poner en evidencia la desconfianza de las masas hacia los líderes de los gobiernos socialdemócratas, los síntomas más reveladores de la degeneración estatista y mercantilista han sido de carácter político. La elección de líderes que deben jugosas facturas a ciertos grupos económicos, dueños de sus decisiones, y la incesante búsqueda de renta personal en la función pública, han puesto de manifiesto la falta de una filosofía política transparente y eficaz. Esto, unido al levantamiento de un masivo y mediocre aparato burocrático que impera sobre el pueblo y limita el acceso a las fuentes de riqueza por parte de una clase media vulnerable; situación que, lejos de sacar a miles de ciudadanos de la pobreza, los mantiene atados a la ignorancia y las regalías que, cada cuatro años, les son arrojadas desde las ventanillas estatales, como fruto del engaño electoral basado en promesas ilusorias.

Creer que la justicia social se logrará fortaleciendo temporalmente a un Estado redistribuidor de la riqueza (transferista), es lo mismo que equipararlo a un superhéroe, similar al de muchas tiras cómicas, provisto de fuerzas y poderes imaginarios y absolutos. La vía correcta consiste, más bien, en fortalecer las estructuras fundamentadas en la propiedad privada de los medios de producción y de servicios, propiedad que solo tiende a concentrarse en pocas manos si los gobiernos favorecen a determinados grupos económicos, escondidos detrás de la bandera del libre mercado pero que, en la realidad, no poseen ni la energía creadora ni el empeño suficiente para competir en un ámbito totalmente libre.

Solo fomentando una economía en la que el conocimiento sea el único recurso digno de apalancar de manera privada e individual, se conseguirá incluir al individuo dentro de un sistema de especialización e intercambio, libre de complejos y de manera natural.

Veamos un ejemplo de corporativismo. Resulta que desde hace años las empresas de media tensión eléctrica han estado pidiendo al Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) que nos cobre una tarifa acorde con los métodos de cálculo internacionales, basados en el consumo y no en los picos de demanda, tal y como se les cobra a las empresas de alta tensión ubicadas en zona franca.

Finalmente el ICE accede a cobrar de la manera correcta pero no lo hace sin crear otra distorsión. Resulta que se pone deacuerdo con las cámaras para que las empresas, sin ninguna razón lógica, se tengan que certificar ISO 50001 en el Instituto de Normas Técnicas de Costa Rica (Inteco). La única razón que encuentro es la de mantener al INTECO y a las empresas asesoras.