El COP 25

Sergio Villalta Gasto público, Liberalismo, Libertad económica, Libertad individual Leave a Comment

Este fin de semana se celebra en Madrid el “COP 25”. La cita ha degenerado hasta convertirse en una tángana, donde ONGs “ambientalistas” convocan a sus seguidores a marchar por las calles. Los carteles más llamativos en Madrid dicen: “El Capitalismo destruye a la Tierra” o “Los ricos contaminan“.

Este año no podía faltar tampoco en las plazas el “activism art” (arte de activismo) de los grupos feministas – o la “niña verde” Greta Thunberg y sus rabietas apocalípticas. (1) Pero más allá de las bufonerías, la mascarada y la comparsa, se esconde algo mucho más serio y hasta perverso.

I. El COP

Todo empezó en 1992 cuando se firmó la “Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático” (CMNUCC). A la Convención se le hizo una adición en el año 1997, el llamado “Protocolo de Kioto”.

Y desde 1995 se celebra la Convención de las Partes – el llamado “COP” (Convention of Parts). El COP es el “órgano supremo” de la Convención. En el COP se citan mayoritariamente políticos, no científicos.

Por esta razón en el COP 21 se redactó el “Acuerdo de París”. Este “acuerdo” no es desde luego -, un tratado hecho entre científicos sobre el clima del planeta. Es un tratado hecho entre políticos, sobre políticas gubernamentales.

II. El Acuerdo de París

El “acuerdo” es perjudicial porque discrimina entre las naciones al imponer límites en cuanto la emisión del CO2 a unos países, pero no a otros. Esta fue una de las principales razones por la cual el Gobierno de los Estados Unidos de América anunció su retiro del “Acuerdo de Paris” en el año 2017. (2)

Pero también el tratado es dañino porque – aun cuando todos los países jugaran con las mismas reglas -, este impone una planificación centralizada de la economía. Algo que se ha demostrado que falla siempre a lo largo de la historia una y otra vez.

El “Acuerdo de París” es un tratado “políticamente correcto” con mandatos sobre el “genero” y el “combate a la pobreza” (art. 2 inciso 1, art. 4 inciso 1, art. 6 inciso 8, art. 7 inciso 5 y art. 11 inciso 2).

Siendo que esta es la visión que tienen los políticos que redactaron el “acuerdo”, sabemos que son los mismos políticos que abogan por un Estado “fuerte”, por más gasto gubernamental y en última instancia por más poder.

III. Tecnologías “Verdes”

El Acuerdo de París en el artículo 10 inciso 1 dice:

“Las Partes comparten una visión a largo plazo sobre la importancia de hacer plenamente efectivos el desarrollo y la transferencia de tecnología para mejorar la resiliencia al cambio climático y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.”

Más claro: los gobiernos se comprometen a subsidiar y hacer obligatorio el uso de las “nuevas tecnologías de cero emisiones” – que si fueran rentables por si mismas ¿para qué un subsidio?.

Tecnologías “verdes” que si realmente fueran más eficientes hoy en día, las personas las usarían voluntariamente. Y no habría en tal caso una necesidad para obligarlas a usar algo que no desean.

En última instancia quieren disfrazar como más oneroso lo que ya es económicamente más eficiente. Y artificialmente hacer más barato lo que todavía no es económicamente posible hacer.

Intentar hacer rentable aquello que en verdad no es rentable y consumir lo que no debería consumirse en condiciones normales no puede conducir a ningún país a la prosperidad.