Democracia vs. Libertad

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Por José Joaquín Fernández

¿Libertad, democracia y desarrollo son conceptos semejantes, complementarios o contradictorios? ¿Es la libertad, un valor, un medio o un fin? ¿Es la democracia el mejor sistema político para los pueblos o es algo que debe superarse como alguna vez le sucedió a la monarquía y al feudalismo? Si estas ideas fueran contradictorias, ¿cuál es el valor a defender para promover el desarrollo: democracia o libertad? ¿Es la libertad individual un derecho humano esencial a partir del cual podemos derivar principios de orden jurídico, político, y económicos, para crear una sociedad próspera, pacífica y libre? La respuesta a estas interrogantes depende de la claridad de los conceptos que tengamos sobre libertad, democracia y desarrollo.

Hoy, cuando las democracias representativas de América Latina están estancadas e incluso retroceden en su objetivo de lograr el desarrollo humano para sus habitantes, es imprescindible cuestionarse el concepto de democracia, y reflexionar sobre el valor fundamental de la libertad. Quizá dentro de los principios del derecho natural podamos evolucionar nuestros esquemas políticos, jurídicos y económicos hacia sociedades con mayor bienestar creciente y sostenible para todos.

Derecho natural como guía para buscar un orden social

Antes de diseñar un sistema político, económico, social y jurídico que garantice la paz y el desarrollo, debemos cuestionarnos si existe algún principio o valor que sea la base a partir del cual se pueda levantar y construir tal sistema. Esto es de suma importancia puesto que si tal principio existe, todo ordenamiento jurídico, político y económico debe limitarse a velar por el respeto y cumplimiento de tal principio. Si por el contrario no encontramos principio o valor alguno a partir del cual se pueda construir una sociedad de abundancia material, pacífica y feliz, ello implica entonces que las leyes o el “orden” social de la sociedad deben ser creadas de manera arbitraria con las consecuencias del caso. Si el legislador no tiene principio alguno en qué fundamentar la legislación, entonces las leyes, necesariamente, dependerán del capricho del legislador, de la bondad o tiranía de sus gobernantes, de la “revelación” del más allá, de la “intuición”, del sentimiento o corazonada del momento, de la fuerza de los grupos de presión o de la fuerza bruta de la mayoría. Si no ordenamos la sociedad bajo un principio objetivo racional, entonces el orden social dependerá de un criterio subjetivo. Pero dado que hay tantos criterios subjetivos como seres humanos, la manera de decidir el criterio subjetivo que prevalecerá dependerá de aquel ser humano o grupo social que se logre imponer. En otras palabras, si no existe un principio universal y racional que sea el origen de la normativa social, entonces debemos aceptar vivir bajo la ley de la selva; es decir, del más fuerte.

El ser humano, usando el método científico, ha tratado de descubrir durante siglos la naturaleza de los fenómenos como el agua, la luz, las estrellas, las bacterias, etc. Ahora bien, ¿por qué el ser humano ha de ser el único ser sin naturaleza propia? Y si el ser humano tiene naturaleza propia, esta debe ser accesible, al igual que con cualquier otro fenómeno, por medio de la razón y del método científico.

Cuando en derecho se busca un principio universal a partir del cual derivar las leyes y normas de conducta, se le llama derecho natural. Lo contrario al derecho natural es el derecho positivo.

Por derecho natural se entiende como el principio de derecho derivado del uso abstracto de la razón que sea absoluto, inmutable y de validez universal en todo lugar y tiempo para todo ser humano sin excepción alguna. Es decir, el derecho natural es aquel del que es titular el ser humano, no por una graciosa concesión de normas positivas dadas por una autoridad legislativa o gubernamental sino que es establecido con anterioridad e independencia de ellas por el mismo hecho de participar el ser humano de su naturaleza. En este sentido el derecho natural se impone al derecho positivo y éste debe respetarlo. El derecho natural no excluye al derecho positivo sino que el primero debe servir de control, límite y guía del segundo.

El derecho natural, tal y como se define aquí, no se inspira en teología ni en documento o libro religioso alguno sino sólo en el uso de la razón y, por tanto, mantiene su independencia de cualquier credo o fe religiosa. No es que el derecho natural sea ateo o anti-religioso sino que deja a la fe el creer o no si Dios creó el orden derivado del derecho natural. De la misma manera que la ciencia no es ni religiosa ni atea, del mismo modo lo es el derecho natural.

La libertad individual como derecho natural por antonomasia.
La libertad individual es el derecho natural por antonomasia del ser humano. El argumento es el siguiente: quien no es libre es esclavo de alguien, sea del Estado, del gobierno, de las mayorías, o de grupos de presión. Aquel que niegue el principio universal de que el ser humano es libre debe aceptar que unos seres humanos han de ser esclavos y otros sus amos. Negar la libertad individual es creerse con autoridad o amo sobre la vida y bienes de otros seres humanos.

Por definición misma del derecho natural, debemos resaltar que la libertad existe antes de la creación de cualquier Estado, gobierno, legislación o contrato social. Es decir, que el ser humano es libre por naturaleza y no por decisión o voluntad del legislador, del gobernante, o de las mayorías. Igual nació libre un aborigen que vivió en las Américas en el siglo XVI, que un Chino nacido en la segunda mitad del siglo XX o como un soviético nacido bajo la dictadura de Stalin. No somos libres porque lo dice la Constitución sino porque ser libres es nuestra naturaleza. Somos libres antes que la existencia o redacción de cualquier Constitución. Nacemos libres y seguiremos siendo libres durante toda nuestra vida aunque se firmen miles de decretos, sean de presidentes, dictadores o líderes fundamentalistas diciendo lo contrario. La libertad individual es y será siempre nuestra naturaleza aunque se aprueben leyes, sea por mayoría calificada o incluso por unanimidad en los congresos o asambleas de representantes, que “afirmen” la autoridad del político o del burócrata sobre nuestras vidas. Nacemos y moriremos siendo libres por naturaleza aunque se hagan plebiscitos o referéndum “aprobando” lo contrario. Como bien dice la declaración universal de los derechos humanos en su primer artículo: “Todo ser humano nace libre….”.

Del principio de la libertad individual, se deriva que el ser humano es dueño de sí mismo (cuerpo y mente) y de los bienes e ingreso que ha adquirido honestamente fruto del esfuerzo propio. Ser dueño o propietario significa tener derecho de usar, gozar, disfrutar, transferir y de disponer del objeto pertinente. Por tanto, el respeto a la propiedad privada es la expresión material del respeto a la libertad individual. Libertad individual y propiedad privada son dos caras de la misma moneda. La violación de la propiedad privada es violar la libertad individual porque la definición misma de esclavitud es que la persona, al no ser dueña del fruto de su esfuerzo, no pude disponer libremente de su propiedad honestamente adquirida.

Quien es libre, no solamente es dueño de los bienes honestamente adquiridos con su esfuerzo sino que también es dueño y soberano de su propio cuerpo y mente. Ser libre implica que cada uno es dueño de su propia vida y por tanto cada uno tiene el derecho a tomar las acciones que le plazca y dispone de sus posesiones de la manera que mejor le convenga según su propio criterio sin necesidad de solicitar permiso ni depender de la voluntad de ningún otro ser humano, sea un burócrata, sacerdote, político, o rey. El único límite para el accionar del ser humano es el respeto a la libertad de los otros seres humanos. Dentro del pensamiento liberal, es indispensable resaltar este ligamen indisoluble entre el respeto por la libertad individual, y el respeto a la propiedad privada.

Hemos enfatizado que la libertad individual tiene su raíz en el derecho natural. Sin embargo, no todos los liberales justifican el valor de la libertad recurriendo el derecho natural. Para Ludwig von Mises, por ejemplo, la postura del liberalismo se puede resumir en la propiedad privada de los medios de producción.

“El programa del liberalismo, por tanto, si fuera resumido en una sola palabra tendría que leer: propiedad, esto es, propiedad privada de los medios de producción. … Todas las demás demandas del liberalismo se desprenden de esta demanda fundamental”[1].

Sin embargo, para Mises, la defensa de la propiedad privada, es decir la libertad, no es por ser este un derecho sino por razones utilitarias.

No es en nombre de los propietarios que el liberalismo favorece la preservación de la institución de la propiedad privada. No es porque la abolición de esa institución violaría derechos de propiedad que el liberal trataría de conservarla. Si ellos consideraran a la abolición de la institución de la propiedad privada ser del interés general, ellos abogarían su abolición, sin importar que tan perjudicial esta política podría ser para los intereses de los propietarios.”[2]

Por su parte, Frederic Bastiat, escribió:

“La vida, las facultades, la producción –en otras palabras, la individualidad, la libertad, la propiedad- esto es el hombre. Y a pesar de las astucia de los líderes políticos, estos tres obsequios de Dios preceden toda legislación humana y son superiores a esta”[3].

Como vemos en la cita, para Bastiat individualidad, libertad y propiedad son uno solo. Sin embargo, el derecho natural no es el origen de la libertad sino que esta es un obsequio divino. Si bien este dogma tiene sustento en la tradición cristiana, no es argumento científico, ni racional sino religioso. Para Bastiat, el principio de la libertad individual es un acto de Fe.

Por su parte, Ayn Rand sostiene:

“El derecho a la vida es la fuente de todos los derechos-y el derecho a la propiedad es su única implementación. Sin derechos de propiedad, ningún otro derecho es posible”. [4]

Según lo anterior, para Ayn Rand, la libertad no es el derecho fundamental sino el derecho a la vida. Sin embargo, para Rand, es imposible el derecho a la vida sin el respeto por la libertad individual. Es clarísimo el vínculo entre libertad y respeto a la propiedad privada para Rand.

Para John Locke la libertad si es el estado natural del ser humano. Es muy claro para Locke que la instauración y función del gobierno se deriva a partir de la libertad y respeto a la propiedad privada del ser humano.

“Para entender correctamente el poder político, y derivarlo desde sus orígenes, debemos considerar el estado en que el ser humano se encuentra naturalmente, y eso es, en un estado de perfecta libertad para ordenar sus acciones y disponer de sus posesiones y personas, de la manera que mejor les parezca, dentro de los límites de la ley natural; sin necesidad de pedir permiso, o depender de la voluntad de ningún otro ser humano”.[5]

Por su parte Hayek afirma que “ley, libertad individual y propiedad son una trinidad inseparable”[6].

Milton Friedman no parece haber escrito sobre el origen o fundamento de la libertad. Sin embargo, el afirma ser fiel creyente y defensor del movimiento liberal de finales del siglo XVIII y principios del XIX que “enfatizaban la libertad como el objetivo último y al individuo como la entidad suprema en la sociedad”.[7]

Por último, Murray Rothbard es otro de los liberales que justifican la libertad a partir de un derecho natural objetivo derivado del uso de la razón.

“… si estamos tratando de establecer una ética para el ser humano, …  entonces para ser ética válida la teoría debe ser cierta para todos los seres humanos, sin importar su lugar en tiempo y espacio. … la sociedad de libertad [individual] es la única que puede aplicar los mismos principios básicos a todo ser humano sin importar tiempo o lugar”.[8]

Es importante destacar que así como los liberales ponemos énfasis en que la libertad individual se expresa con el respeto a la propiedad privada, tanto de mi vida (cuerpo y mente) como de mis bienes honestamente adquiridos, el socialismo fundamenta su filosofía completamente en lo contrario. Así se expresa Marx y Engels en el Manifiesto Comunista “… pueden los comunistas resumir su teoría en esta fórmula: abolición de la propiedad privada”[9]. Lo anterior parece obvio, sin embargo, como veremos más adelante, ideologías como la socialdemocracia, el socialcristianismo, el socialismo, socialismo del siglo XXI, el comunismo o cualquier otra que no ponga la libertad individual como valor por antonomasia del orden social, viola, de una manera u otra, el derecho de cada cual a ser dueño de su propia vida y a disponer libremente de sus bienes.

Otro aspecto importante a destacar es que si bien los liberarles tienen distintas maneras de justificar la libertad, existe un consenso que la libertad precede la creación del Estado.

La libertad individual es indivisible y el derecho de cada quien a escoger su forma de vida.

Además, el principio de libertad individual implica que la libertad es una sola que se expresa de múltiples maneras. “La libertad es indivisible[10]” decía Mises y Hayek afirmaba que “… mientras que existen muchos usos de libertad, la libertad es una”[11]. Por tanto, la libertad de expresión, la libertad de movimiento, la libertad de comerciar, la libertad de credo, la libertad de acción, la libertad de asociación, la libertad económica, la libertad de producir, la libertad de escoger la manera de ganarse el sustento diario, la libertad de decidir si consumo o ahorro mi ingreso, la libertad de escoger mi preferencia sexual, la libertad de decidir qué tipo de alimentos ingiero, la libertad de decidir sobre el consumo de cualquier tipo de drogas, la libertad de escoger, la libertad de contratación, la libertad de decidir qué hacer en mis ratos de ocio, etc. todas son corolarios o consecuencias del principio universal de la libertad individual.

En fin, todas las manifestaciones de la libertad individual significan simplemente que cada uno tiene el derecho a escoger su forma de vida. Lo anterior parece obvio. Sin embargo, esto es una de las cosas maravillosas y únicas del liberalismo porque ninguna otra ideología respeta ni afirma que el ser humano tiene derecho a escoger su forma de vida. Solo el reconocimiento de la libertad individual reconoce que cada ser humano es único y que merece respeto. Si no somos libres a escoger nuestra forma de vida, entonces esta dependerá de muestro amo, de la iglesia, del legislador, del burócrata, de las mayorías, o del gobierno.

El socialismo, en cualquiera de sus expresiones sean extremas o “moderadas”, como el comunismo, el marxismo-leninismo, el socialismo del siglo XXI, la socialdemocracia, el socialcristianismo, etc. no respetan, por definición, que cada ser humano tiene el derecho a escoger su forma de vida porque niegan la libertad y el respeto a la propiedad como valores fundamentales de toda sociedad próspera y pacífica.

No debemos olvidar que todas estas manifestaciones de la libertad individual, al igual que el derecho de propiedad, existen antes que la creación o redacción de la Constitución, antes que la creación del Estado, del gobierno o de la legislación. Afirmamos que cada ser humano tiene esos derechos y que no pueden ser violados por nadie. La libertad individual, -al igual que todos los derechos derivados de él-, por ser derecho natural, es un derecho inalienable y por tanto no puede ser sometida a referéndum, ni puede ser violentada por ningún poder del gobierno, ni por mayoría alguna, ni pueden estar sometidos a votación. La mayoría no tiene ninguna autoridad moral para quitarle los derechos a ninguna minoría, siendo la minoría más pequeña del mundo el ser humano como individuo. Lo justo es el respeto por principios universales. Lo injusto son los privilegios, definidos éstos como normas que violan los principios universales en beneficio de unos y en prejuicio de otros, según el criterio discrecional y subjetivo del legislador, del gobernante o las mayorías. Cualquier legislación que requiere violar los derechos de un solo ser humano, no es justa: es inmoral. Por tanto, el principio universal de Libertad individual debe servir de control, límite y guía a la normativa del derecho positivo creado para proteger estas múltiples manifestaciones de la libertad.

Límites de la libertad individual, paz social y el principio de igualdad ante la ley. Yo nací libre. Ud. nació libre y todo ser humano nace libre. Si cada uno de nosotros nace libre, eso quiere decir que cada uno de nosotros también tiene derecho sobre su vida, su cuerpo, su mente y el fruto de su propio esfuerzo (propiedad). Si todo ser humano nace con el mismo derecho a la libertad individual es evidente que el ejercicio de mi libertad debe terminar donde empieza el respeto por la libertad de los demás seres humanos.

Algunos autores liberales que no tienen claro el concepto de derecho natural, definen la libertad individual como ausencia de coerción y en este sentido ven a la libertad individual como un derecho “negativo”[12]. Sin embargo, la libertad individual puede definirse como el derecho de cada cual a escoger su estilo de vida y a disponer del fruto de su esfuerzo sin más limitación que el respeto por la misma libertad en los otros seres humanos.

Se puede apreciar que si cada ser humano respetara la propiedad del prójimo y el derecho de cada cual a escoger su estilo de vida, el resultado sería la paz social. Respetar el estilo de vida de cada cual implica usar la fuerza de la razón y no la razón de la fuerza como forma de convivencia social. Convivir bajo los preceptos de la libertad individual y de respeto al prójimo hacen del diálogo honesto y la persuasión los únicos instrumentos válidos para la convivencia humana. Quién crea en el respeto a que cada ser humano tiene es derecho a escoger su estilo de vida no puede obli­gar a otros a comportarse o pensar de la forma que uno quiera.  Aun cuando yo esté convencido, sea científicamente o por revelación Divina, que los demás deben de actuar de manera distinta por el bien de ellos mismos, eso no me da autoridad moral para obligar a otros a que modifiquen sus conductas por medio de la aprobación de leyes. Mis buenas intenciones, deseos de ayudar a otros, intereses personales, o necesidades que yo tenga no legitiman mi reclamo contra la libertad, propiedad o vida de otro ser humano, sea por medio violentos directos como el uso de la fuerza bruta o por medio de la fuerza de la ley.

El homosexual respetaría la preferencia sexual del heterosexual pues cada cual tiene el derecho a escoger su preferencia sexual. El cristiano respetaría al musulmán porque todo ser humano tiene derecho a escoger su credo y convicciones. El que desee un cuerpo sano debe respetar aquellos que deseen intoxicarlo con tabaco, cigarrillos o cualquier otro tipo de drogas. El que quiera ser solidario y compartir voluntariamente sus bienes con la humanidad debe respetar aquel que no desee compartir sus bienes. Debe respetarse que el emprendedor, propietario de la inversión, es quien debe decidir a quien contrata en su empresa.

Lo que no se vale en una sociedad que respeta la libertad individual es que los miembros de una religión usen la fuerza bruta o la fuerza de la legislación para convertir a los infieles. En una sociedad donde el valor fundamental es la libertad individual, no hay lugar para las guerras santas. Si defendemos la libertad individual, tampoco podemos usar la fuerza bruta o la fuerza de la legislación para castigar a los que consumen drogas o que tienen preferencias sexuales distintas a las nuestras. Tampoco es aceptable dentro de una sociedad que respeta el que cada cual escoja su estilo de vida, a que por medio de la legislación se obligue a los emprendedores a contratar cierto porcentaje de mujeres, seres humanos de cierta edad, o a excluir a seres humanos de otro origen geográfico.

Dijimos que el límite derecho a la libertad individual termina donde empieza el respeto por la libertad de los otros seres humanos. Este es el origen del concepto de igualdad ante la ley. Todos los seres humanos deben tener el mismo derecho, las mismas responsabilidades y las mismas limitaciones. Para que la Ley sea universal, debe hablar del “ser humano” sin “apellidos” de ningún tipo. En el momento que hablemos del derecho de los niños, derechos de los ancianos, derechos de las mujeres, derecho de los trabajadores, derecho sindical, etc, estamos violando el principio de igualdad ante la ley y entrando en el campo de los privilegios.

Libertad individual y el trabajo.
El ser humano nace libre y con derecho a escoger su forma de vida pero la sobrevivencia no nos viene de manera gratuita. Necesariamente hay que trabajar para sobrevivir. Como dice el Génesis (Gen 3:19): “Te ganarás el pan con el sudor de tu frente”. La Biblia no dice “te ganarás el pan con el sudor de otros”. En otras palabras, no es un acto egoísta sino un deber, el trabajar y ganarnos el sustento diario, incluyendo vivienda, educación, salud, recreación, etc.

Si cada ser humano tiene el deber de ganarse el pan con el sudor de su propia frente, es inmoral e injusto toda ley que impida o limite el trabajo honesto y productivo. La evidencia empírica es contundente al demostrar que las limitaciones a la libertad económica limitan la generación de fuentes honestas de empleo y hacen que los salarios sean más bajos. Los monopolios creados por ley, el proteccionismo, los impuestos, las cotizaciones obligatorias, las limitaciones y obstáculos a la inversión, los permisos, patentes, etc; todas son políticas que obstaculizan la generación de empleo y el trabajo honesto y bien remunerado.

En otras palabras, la sociedad ideal no es aquella donde el Gobierno se afana en proveer de bienes y servicios a sus ciudadanos. El norte al que debemos aspirar es a vivir en sociedades donde cada ser humano tenga el ingreso suficiente para pagarse lo que desee. Un Gobierno que aspira a proveer los bienes y servicios es un Gobierno que ve a sus ciudadanos como mendigos permanentes e incapaces.

Libertad individual y libertinaje. La libertad individual es un derecho y todo derecho tiene un deber. El deber de quien es libre es de responder por su vida y por sus actos. Responsabilidad y libertad no son más que dos caras de la misma moneda. Solo quien es libre se le puede responsabilizar de sus acciones. En otras palabras, es redundante hablar de libertad con responsabilidad.

Algunas observaciones en torno a la libertad Sobre la bondad o maldad del ser humano. Si el ser humano es libre y eso le da derecho a escoger su forma de vida, esto significa que el ser humano tiene conciencia sobre lo que está haciendo y que puede escoger distintas maneras de comportarse; a diferencia de los animales que se comportan por instinto. En otras palabras, la libertad no hace al ser humano ni bueno ni malo. Eso dependerá exclusivamente del ejercicio de la libertad de cada cual.

Sobre otros derechos del ser humano. Debe quedar claro también que el derecho natural no es aquello que aspiramos o que deseamos para el ser humano. Por ejemplo, el “derecho” a la educación, a la salud, a la vivienda, al agua potable, etc. son aspiraciones y nunca podrán ser derechos como tales. La salud, el agua potable, la educación son bienes que alguien debe producir tal y como hay que producir leche, camisas, o un computador. Todos los bienes, al ser producidos, pertenecen a alguien y por tanto afirmar que el ser humano nace con derecho a bienes significa que se estaría violando el derecho de propiedad de otro ser humano. Si se afirma, por ejemplo, que alguien nace con derecho a vivienda, eso significa que otro ser humano estaría siendo obligado a proveer de techo a otra persona y esto no es correcto. Como vimos, el ser humano nace libre pero debe trabajar para ganarse el sustento diario y por tanto nadie nace con derecho alguno sobre ningún bien.

Un ejemplo muy claro es la libertad de expresión. Todos tenemos el derecho a expresar nuestra opinión sin censura previa (esta es la definición de libertad de expresión) Sin embargo, esto no le da derecho a nadie de tener acceso a los medios de comunicación masiva. Los medios son propiedad privada y solo los dueños pueden disponer de tales activos.

Sobre la discriminación y el derecho a exclusión. Dice el dicho que “quien paga manda”. Esta frase es consecuencia directa del reconocimiento al derecho de propiedad. Esta frase también implica el derecho que tiene el propietario a discriminar. La discriminación en si no es mala. Cada uno de nosotros discrimina quien entra a nuestros hogares, discriminamos con quien hacemos amistad, con quien hacemos negocio, y discriminamos con quien compartimos nuestro ingreso. Discriminar no es más que ejercer mi derecho a elegir. Lo mismo aplica para el dueño de un local comercial cuando dice que “Nos reservamos el derecho de admisión”. Esto quiere decir que el propietario de un restaurante, por ejemplo, tiene el derecho a poner las reglas de ingreso a su local las cuales pueden incluir tipo de vestimenta, nivel de coeficiente intelectual, color de piel, nacionalidad, o personas con cierta preferencia sexual.

Insisto en que la discriminación en si no es mala. Lo que hay que distinguir claramente es la diferencia entre discriminación y agresión. Si el dueño de un local comercial desea discriminar en contra de los aficionados de un equipo de fútbol tiene el derecho a hacerlo. Lo que no tiene derecho es a agredir a los aficionados. De igual manera, un empresario tiene el derecho a discriminar el tipo de personas que contrata, sea por género, gusto musical, edad, origen geográfico, color de piel, libros leídos, o credo.

Discriminación y agresión son cosas que frecuentemente van de la mano pero son cosas distintas. Nadie debe ser agredido ni ser objeto de burla o censura previa.

Libertad individual, el uso de la fuerza y creación del Estado. Si bien en principio todo ser humano debe respetar la libertad del otro, no hay garantía que esto suceda. Por tanto, cada uno de nosotros tiene un derecho natural a defender su libertad, su vida y su propiedad. El uso de la fuerza solo se justifica como represalia en el caso de esta legítima defensa. Se deduce entonces que un grupo de seres humanos tienen el derecho a organizarse y apoyar una fuerza común para proteger estos derechos constantemente.

En este punto se crea una división entre liberales y anarcocapitalistas. Los últimos sostienen que la defensa del principio fundamental de la libertad individual no es consistente con la creación del Estado. Si todos los seres humanos fueran santos, se garantizaría el respeto por la libertad, la vida y la propiedad por sí misma y no habría necesidad alguna en crear un Estado y una sociedad anarco capitalista sería entonces ideal.

Por su parte, para los liberales, debido a que el derecho a la libertad, la vida y la propiedad no es algo evidente, se requiere del Estado para hacerlo explícito por medio de la Constitución. No sobra reiterar que el Estado, el gobierno y las leyes, tienen que basarse en el derecho natural e individual. En este sentido, para el liberal, la razón de ser de la creación de un Estado es proteger y defender los derechos fundamentales a la libertad, la vida y la propiedad y para castigar a sus violadores. El gobierno solo estaría autorizado a asumir la seguridad ciudadana y la administración de justicia, sin perjuicio de que los individuos se defiendan a sí mismos o resuelvan sus disputas a través de esquemas no gubernamentales. La razón de esto es porque así como un individuo no tiene derecho a emplear el uso de la fuerza contra la persona, la libertad, ni la propiedad de otro ser humano, entonces el Estado, el gobierno, ni las leyes -por la misma razón- no pueden moralmente usarse contra la libertad individual, ni contra la propiedad, ni en contra el derecho a la vida de los individuos ni de los grupos. En otras palabras, debido a que las personas no pueden delegar facultades o derechos que no poseen, el mandato dado al gobierno está limitado por los propios derechos y limitaciones de los ciudadanos para defender los derechos individuales de cada uno. Un funcionario gubernamental es tan solo un empleado de la ciudadanía que tiene el mismo deber que cada uno de nosotros de respetar los derechos de los demás.

En este sentido, el único gobierno legítimo es aquel que respeta la Libertad individual, no importa si se trata de una monarquía constitucional o de una democracia. Toda función del gobierno que no tenga que ver con proteger y defender los derechos fundamentales a la libertad, la vida y la propiedad, invariablemente está violando la libertad de algún ser humano y por tanto es ilegítima e inmoral.

Robo a mano armada, robo legalizado e impuestos. Identificamos claramente como violador de la libertad individual a aquel que nos expropia de nuestros bienes (roba), sea por el uso de la fuerza bruta, a punta de pistola, por medio de la amenaza del uso de la fuerza, por medio del engaño, de la extorsión o la estafa. Aquí estamos hablando del ladrón callejero, del estafador y del crimen organizado. El robo existe aún si el delincuente tuviera la buena intención de ayudar a los más necesitados con la totalidad de los bienes robados. No importa el uso que el antisocial haga con los bienes, el robo es inmoral.

Pero no solo viola los derechos individuales quien usa la fuerza bruta o el engaño para expropiar sino también el que usa la fuerza de la legislación. Toda legislación que le quita a un ser humano parte de su propiedad a la fuerza –es decir, sin su consentimiento- para dárselo a un tercero está violando la libertad individual. La legislación es robo legalizado aún si el legislador tuviera la buena intención de ayudar a los más necesitados. No importa el uso que el político haga con los bienes, la legislación que limita la libre disposición del ingreso es un robo legalizado y es inmoral. Observemos cada legislación y preguntémonos si esta beneficia a alguien donde el beneficiado no podría obtener el privilegio si no fuera cometiendo un crimen.

Algunos ejemplos de legislación que implica robo legalizado son: monopolios creados por ley, políticas de género, los impuestos, el proteccionismo, pensiones que no están respaldadas en el ahorro de cada cual; etc.

Libertad individual y solidaridad
Uno de esos auténticos valores humanos es la solidaridad. Pero, ¿cómo entiende la solidaridad el cristiano? Veamos lo que nos dice Mt 19: 16-22; Mc 10: 17-22; y Lc 18: 18:23 en la parábola del joven rico. En ella, Jesús le dice a un joven rico que si desea ser perfecto que venda sus posesiones y que distribuya el producto de la venta entre los pobres. Dice la parábola que el joven rico se marchó triste porque no quería deshacerse de sus bienes. Jesús lo dejó irse; no le obligó a renunciar a sus bienes. No lo obligó a contribuir con los más necesitados. Jesús respeta el libre albedrío de toda persona que incluye el hecho de que cada persona es libre de darle el destino que desee a su ingreso honestamente adquirido.

La enseñanza básica de esta parábola es que la solidaridad es un acto voluntario que no puede imponerse a terceros ni mucho menos obligarse. No puede hablarse de solidarizarse con causa de los más necesitados si alguno de nosotros le roba al prójimo, no necesariamente a un rico, para dárselo a un pobre. En otras palabras, solo se puede ser solidario entregando bienes que nos pertenecen y que nos hemos ganado honestamente fruto de nuestro esfuerzo.

Sin embargo, el accionar del Gobierno hace caso omiso de esta enseñanza. El político dice que desea ser “solidario” y que para ello necesita aumentar los impuestos. Esto es totalmente contradictorio. Los impuestos son una confiscación de nuestros recursos; es decir no son voluntarios. No hay diferencia entre ser asaltado en la calle a punta de una pistola que ser asaltado por un político que si no le damos nuestra billetera nos encierra tras las rejas o nos remata nuestros bienes. La mal llamada solidaridad del político no respeta el libre albedrío. Es bueno y loable que el político desee ser solidario, pero para ello solo puede hacerlo con sus propios recursos. No es solidario el político que reparte bienes que no le pertenecen y que fueron obtenidos a la fuerza de impuestos porque, como dice el adagio popular, “quién parte y reparte se queda con la mejor parte”.

Cuando la madre Teresa inició su misión, llevaba consigo sólo tres monedas, las cuales entregó al primer indigente que se encontró. La Madre Teresa entregó sus bienes, no los del prójimo ni obligó nunca a nadie a dar sus bienes y su legado de auténtica solidaridad voluntaria da alivio a decenas de miles de personas en todo el mundo.

El caso de Muhammad Yunus, premio nobel de la Paz en el 2006, es otro ejemplo de que la verdadera solidaridad respeta el libre albedrío y la libertad individual. Yunus se da cuenta que pequeños préstamos a las personas muy pobres, pero con un espíritu emprendedor y responsables, podría causar una gran diferencia en las vidas de estas personas. Sin embargo, también se percata de que estas personas están excluidas de acceso al crédito por medio de las instituciones bancarias tradicionales. Yunus funda el Grameen Bank y hace de la solidaridad con los más necesitados un negocio altamente rentable. Contrastemos esto con la banca estatal, la banca de desarrollo o con los bonos de vivienda cuyo criterio es político a la hora de asignar recursos y que para calificar no hay que ser emprendedor sino estar desempleado.

Si un político deseara honestamente practicar la solidaridad, no necesita el poder político. ¿Por qué en vez de recaudar cientos de millones de colones en campaña política no lo hacen para fundar una asociación de ayuda a los más necesitados tal y como lo hizo la Madre Teresa o Yunus? El Estado Benefactor es contrario al libre albedrío y contrario al concepto de que la solidaridad es voluntaria. El fracaso rotundo del “Estado Solidario” en todo el mundo revela que este concepto no es más que un eufemismo para ocultar el perenne deseo de los gobernantes de vivir a costa de la explotación del pueblo por medio de los impuestos. Solo el respeto al libre albedrío es consistente con el concepto cristiano de solidaridad, cuyo suelo fértil es la libertad económica y que es lo único que ha contribuido a aliviar la pobreza del mundo.

Libertad individual y libertad económica.
Recordemos que la libertad individual implica que cada ser humano debe tener el derecho de disponer del fruto de su trabajo de la forma que mejor le parezca. Es por esto que uno de los corolarios, o expresiones, más importantes de la libertad individual es la libertad económica. Quien es dueño de su ingreso y propiedad honestamente adquirida es libre y tiene el derecho inalienable para comerciar, comprar, vender, alquilar, empeñar, asegurar, prestar, producir, importar, exportar, intercambiar, regalar, recibir, heredar sin restricción de ningún tipo (incluyendo permisos, cuotas, licencias o patentes) con cualquier otro ser humano sin importar nacionalidad, género, credo religioso, etc. Creer en la libertad individual es demandar el derecho a la libertad económica, al libre comercio y a la libre competencia por principios morales y éticos. Todo ser humano tiene el derecho a realizar estas actividades sin otra restricción más que evitar el engaño y el uso de la fuerza. Siendo la libertad económica una consecuencia de la libertad individual, esta tampoco no puede no puede ser sometida a referéndum, ni puede ser violentada por ningún poder del gobierno, grupo de presión o mayoría.

Algunos ejemplos de política económica que violan el principio de libertad individual y de libertad económica son: monopolios creados por ley (sean públicos o privados); creación y operación de empresas gubernamentales (incluyendo hospitales, universidades y banca central), las políticas de autoabastecimiento, creación de instituciones que privilegian a sectores de la población, sean económicos o sociales (como por ejemplo Institutos de Turismo, Ministerio de la Mujer, Ministerio de Comercio Exterior, Ministerio de Agricultura, etc), impuestos, políticas de género, políticas sindicales, limitaciones o restricciones para participar en los mercados como licencias o permisos (por ejemplo licencias para operar taxis o abrir negocios), el proteccionismo, regulaciones al tipo de cambio, cuotas, aranceles, cualquier restricción al libre comercio, el ahorro obligatorio, etc.

Democracia.
Hemos expuesto el principio de la libertad individual y sus implicaciones éticas, morales, civiles, políticas y económicas. Dado que todo sistema político se fundamenta en algún principio filosófico, debemos hacernos la pregunta de cuáles son los principios que dan sustento a la democracia y así poder determinar si esta es compatible con la libertad.

El término democracia se origina en el siglo V a.C. y se deriva del griego antiguo “δημοκρατία” formado de los vocablos “δημος” (demos), que popularmente se traduce como “pueblo” aunque su definición precisa es otra y “Κράτος” (krátos) quien fuera un personaje de la mitología griega que personificaba la fuerza y el poder. Por tanto, democracia significa algo así como el poder del “pueblo”.

Hay que resaltar la palabra “pueblo” entre comillas porque términos como país, pueblo, nación son ficciones. ¿Quién es el pueblo? ¿Cuáles son los intereses nacionales? Para poder hablar de pueblo o nación es indispensable hablar de un interés común y esto es imposible en estos vocablos.

Los consumidores desean precios bajos y por tanto les conviene el libre comercio y la libre competencia. Los productores desean proteccionismo y monopolios para garantizar precios altos a sus productos. Por su parte los sindicalistas desean monopolios en los sectores donde ellos laboran con el fin de poder cobrar más y así financiarse sus privilegios y beneficios a costa del consumidor y no como consecuencia de la productividad. Como los políticos y burócratas son por definición parásitos que viven del fruto de la producción, ellos demandan cada vez más nuevos impuestos y mayores tasas impositivas. Por el contrario, los consumidores y los emprendedores demandan cero impuestos para maximizar el ingreso del trabajo y las utilidades de sus inversiones hechas con sus ahorros o créditos. Las feministas demandan leyes que les otorguen privilegios económicos y políticos solo por ser mujeres. Por su parte, los emprendedores demandan ejercer su libertad de escoger a las personas que mejor les convengan a sus intereses sin importar género o nacionalidad y lo mismo demandan los votantes con los candidatos a puestos gubernamentales de elección popular.  Ante esta realidad de conflictos, ¿quién es el pueblo? ¿Quién es la nación? Es claro que conceptos como “pueblo” e “intereses nacionales” son ficciones e ilusiones y tienen la función clara y demagógica de negar la individualidad del ser humano.  Dicho lo anterior, debe ser evidente que la definición de “democracia como el poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” es tan real, objetiva e ilusoria como lo es cualquier cuento de hadas o el horóscopo publicado en el diario de hoy.

Por tanto, es más apropiado y correcto definir a la democracia como el gobierno de las mayorías, la voluntad de las mayorías, la tiranía de las mayorías porque la característica principal de la democracia es la toma de decisiones por mayoría sea de manera directa o por medio de representantes. Cuando se hace de manera directa la voluntad de la mayoría se ejerce por referéndum y cuando es por medio representativo el gobierno democrático deriva su poder por medio de la participación de los ciudadanos que eligen a sus representantes a través del sufragio universal.

Siendo la democracia la “voluntad de las mayorías”, es evidente que la misma no se rige ni por principios ni por valores como la libertad ni la igualdad ante la ley. Creer en la democracia es creer que la mayoría tiene el derecho de oprimir a la minoría simplemente por el hecho de ser mayoría. La mayoría puede votar hoy por la persecución de los cristianos y judíos y mañana revocar la decisión. Los representes de la mayoría pueden votar y aprobar más y más impuestos y esto es legítimo dentro de una democracia. La mayoría en una democracia está facultada para dar privilegios a unos grupos e imponer sanciones y cargas económicas a otros grupos. (Tengamos presente que no es posible otorgar un privilegio sin imponer simultáneamente un castigo a otro puesto que todo privilegio debe ser pagado por alguien). La democracia se rige por la arbitrariedad del gobernante y de su capacidad de imponerse; es decir por la ley de la selva, por los intereses del grupo de presión más fuerte. Dado el conflicto de intereses de los distintos grupos de presión que conforman una sociedad y que no existe tal cosa como pueblo o voluntad popular sino que a los sumo de lo que se puede hablar es de grupos de presión como sindicalistas, feministas, burócratas, ambientalistas, empresarios mercantilistas y políticos. La democracia son dos zorras y una gallina decidiendo lo que van a cenar.
Históricamente, la democracia nace como reacción a las monarquías absolutas en donde el gobierno, y por ende la ley, era la voluntad del soberano. Como dijo Luis XIV: “El Estado soy yo”. La democracia, en este sentido histórico, vino a ser un sistema en donde el rey se ve obligado a compartir su poder con distintos grupos de presión. En la antigüedad, si alguien deseaba ostentar el poder político y no era el primogénito del rey, solo tenía una opción: matar al soberano. Si el que intentaba usurpar el poder fallaba en el intento, la consecuencia era la muerte. En este sentido, la democracia puede verse como un sistema en donde no se sufre la muerte si se falla en el intento de alcanzar el poder político.

Por las razones expuestas, es que los gobiernos de Hugo Chávez, Evo Morales, Adolfo  Hitler, Daniel Ortega, Rafael Correa no son violadores de la democracia sino productos naturales de ella. Ninguno ha entrado por la cocina sino por la puerta grande. El socialismo en la democracia no es usurpación de los principios democráticos porque el gobierno de las mayorías no presupone la defensa de la libertad individual. Decía Marx en el Manifiesto Comunista que el objetivo último comunista es la abolición de la propiedad privada. En otras palabras, el objetivo comunista (socialismo) es la abolición de la libertad, no de la democracia.

Quien cree en la democracia (gobierno del grupo más fuerte), debe ver de manera natural los obstáculos al libre comercio creados por ley en favor de grupos de presión, la creación de privilegios a empleados del sector público, la creación de instituciones que privilegian sectores económicos de la población, etc.

Quien no cree en la libertad individual sino en la voluntad de las mayorías o en la democracia, somete el libre comercio a referendos o la voluntad del legislador que representa a las mayorías. Por el contrario, quien defiende la idea de que todo ser humano nace libre no cree ni en fronteras ni en aduanas.

Ya en 1960 en su libro “Constitution of Liberty” escrito por Hayek, escribió como la democracia ha fracasado en preservar la libertad individual. Si democracia es el derecho de las mayorías contra la libertad individual, entonces libertad y democracia son valores distintos que se contraponen. Pero no solo Hayek sino autores como Ortega y Gasset en su libro “España Invertebraba” (1921) y Peter Drucker en “The End of Economic Man: The origins of totalitarism” (1939) nos hablan desde mucho tiempo atrás sobre esta contradicción entre libertad y voluntad de las mayorías (democracia).

El ser humano debe defender la libertad individual y no tanto la democracia. En este punto debe quedar claro que hablar de democracia liberal es un absurdo. Tampoco tiene sentido discutir si lo mejor es una democracia presidencialista o una parlamentaria, ni discutir sobre los pesos o contrapesos ni la división de poderes en la democracia porque como dice Murray Rothbard en “For a New Liberty” (1976), es el mismo gobierno decidiendo sobre si mismo. Lo importante es defender la libertad individual frente al gobierno, a los empresarios y los sindicalistas. La democracia no es un valor, la libertad si lo es. Como decía Lord Acton: “La libertad no es un medio para un fin político superior. Es en sí mismo el fin político máximo”.

[1] Mises (1995): p.2 “The program of liberalism, therefore, if condensed into a single word, would have to read: property, that is, private ownership of means of production … All the other demands of liberalism result from this fundamental demand”.
[2]Mises (1995): p.11. “It is not on behalf of property owners that liberalism favors the preservation of the institution of private property. It is not because the abolition of that institution would violate property rights that the liberals want to preserve it. If they considered the abolition of the institution of private property to be in the general interest, they would advocate that it be abolished, no matter how prejudicial such a policy might be to the interest of property owners”.
[3] Bastiat (1998): p.1
[4]Rand (1964a): p.110. “The right to life is the source of all rights-and the right to property is their only implementation. Without property rights, no other rights are possible.
[5]Locke “To understand political power right, and derive it from its original, we must consider what state all men are naturally in, and that is, a state of perfect freedom to order their actions and dispose of their possessions and persons, as they think fit, within the bounds of the law of nature; without asking leave, or depending upon the will of any other man”
[6] Hayek (1973) p.107.
[7]Friedman (1982) p.5.
[8]Rothbard (1998) p.42
[9] Marx, K; Engels, F (1948)
[10] Mises (2009) p.25. “Freedom is indivisible”
[11] “… while the uses of liberty are many, liberty is one.” Hayek (1960): p.19
[12]Hayek (1960): Cap. 1
Referencias:
Bastiat, Frederic (1998): The Law. Foundation for Economic Education.  EEUU.

 

Friedman, Milton (1982): Capitalism and Freedom. Chicago University Press. EEUU.

Hayek, Friedrich von (1945): The use of knowledge in society”. En American Economic Review. Vol. 35. #4 pp. 519-30, septiembre.
            -. (1960): The Constitution of Liberty. The University of Chicago Press. Chicago, EEUU.
-. (1973): Law, Legislation and Liberty. Volume 1: Rules and Order. The University of Chicago Press. Chicago, EEUU

 

 

Mises, Ludwig von (1998): Human Action: A Treatise on Economics. Ludwig von Mises Institute. Auburn, Alabama, EEUU.
-. (2005): Liberalism: The Classical Tradition. Liberty Fund. Indianapolis, Indiana, EEUU.
-. (2009): Liberty & Property. Lectura dada en Princeton University, octubre de 1958, ante la 9ª Reunión de la Mont Pelerin Society. Ludwig von Mises Institute. Auburn, Alabama, EEUU

 

Rand, Ayn (1964a): “Man’s Right’s”. En The Virtue of Selfishness. Signet, EEUU.
-(1964b) “The Nature of Government”. En The Virtue of Selfishness. Signet, EEUU.

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