¿Debemos acabar con la banca central?

Sergio Villalta Banca Central Leave a Comment

Por: Sergio Villalta

Muchas personas toman erróneamente al banco central de su país como uno de los tantos símbolos de la nación. Piensan equivocadamente que la banca central es uno de los pilares de la economía.

Hasta se equipara en algunos casos al banco central con la soberanía misma de la nación. Poco falta para que a la banca central se le estime de la misma manera que a la bandera o al himno de la patria.

Es muy común ver también como casi todas las personas creen que la banca central de su país siempre ha existido, y que el Gobierno o la economía de un país, no podría funcionar sin un banco central.

Se le ha hecho pensar a mucha gente que la banca central es algo incuestionable y que es el producto del desarrollo normal de una economía libre. Y no es poco común escuchar que se le compare con la existencia del Gobierno mismo.

Ambos – el Gobierno y el banco central de la nación -, se revisten ante los ojos de no pocos, con una cierta y falsa luz ineluctable.

En algunos casos se le tiene al banco central como una necesidad para el resguardo de todos y que vela por el interés individual.

Cuando en verdad, como veremos más adelante, la banca central no es algo propio de una economía libre y no guarda relación alguna con la libertad individual o la protección de la vida y la propiedad de las personas.

El banco central de la nación es algo que – se nos dice -, no se puede poner en duda o discutir su existencia, porque la necesidad de un banco central es muy “clara” y “evidente”.

Y esto lo encontramos generalmente en los relatos históricos y oficiales de los ministerios de economía o de los propios bancos centrales.

En la América Latina nos topamos siempre la misma historia. Se nos cuenta que la economía y la banca necesitan de un órgano rector, que venga a poner “orden” y cuide los “intereses” económicos de la nación.

De manera implícita se nos dice que el problema que existía antes de la creación de la banca central era el exceso de libertad económica.

Pero muchas personas se sorprenden al saber que el banco central de su país es una creación relativamente nueva. En muchos de los países de América, sus bancos centrales se crearon cuando ya muchos de esos países, tenían más de un siglo de vida independiente.

¿Es que acaso eran esas naciones menos libres e independientes sin una banca central? O en sentido contrario: ¿son más libres e independientes esos países ahora con un banco central?

Por ejemplo: el Banco Central de la República Argentina se creó en el año de 1935. El Banco de México (su banco central) se fundó en 1925. En Colombia, el Banco de la República (la banca central) se fundó en 1923. En Brasil, su banco central no se fundó hasta el año de 1964. Y desde luego en los E.E.U.U. su Reserva Federal (el banco central) se creó en 1913.

Pero todavía la sorpresa es mayor cuando muchas personas se enteran que antes de la creación de la banca central, tanto el Gobierno como la economía de su país, funcionaban muy bien sin necesidad alguna de tener un monopolio más, como lo es un banco central.

Sin embargo, lo más irónico es que muchos acepten lo inevitable de la banca central – aún sin saber de manera exacta ¿para qué sirve un banco central? o ¿por qué fue creado?

I. Inglaterra, siglo XVII

El banco de Inglaterra se le considera como el primer banco central y se creó en el año de 1694. Sin embargo, no fue hasta el siglo XIX que alcanzó la forma que hoy en día le conocemos. Su creación se debió a la necesidad del gobierno inglés de ese entonces, en financiar el déficit enorme de su presupuesto.

Si usted o yo necesitamos dinero para pagar las cuentas del mes, solo tenemos tres opciones: producir más (trabajando más horas, conseguir un segundo empleo, etc), conseguir un préstamo o esperar a que alguien nos regale el dinero.

Ya que el gobierno no produce nada, todo lo que gasta en realidad se lo quitó a otra persona a la fuerza mediante la coacción (los impuestos) – la primera forma -, (producir más) es inexistente.

Además, como nadie le regalará dinero al Gobierno, a este solo le restan tres opciones: subir los impuestos, pedir el dinero prestado o imprimir más dinero.

Así el gobierno cuando necesita más dinero para solventar sus gastos – a diferencia de las personas -, tiene la opción, más fácil y rápida a la mano; imprimir el dinero.

Porque la primera opción (subir los impuestos) es la más impopular de todas. La razón es obvia, las personas comprenden y pueden sentir como su dinero se les está sacando del bolsillo.

La segunda opción, aumentar la deuda pública, es menos visible y sus efectos no se perciben a corto plazo; sin embargo la deuda no puede aumentar ilimitadamente. Llega inexorablemente a un techo, por lo que esta forma no es una fuente inagotable de recursos.

Resta la forma más fácil y menos visible: imprimir dinero. Y esto fue lo que sucedió en la Inglaterra de 1690. Después de varios siglos de guerra civil, (por la oposición a subir los impuestos entre otras cosas) y considerando que hacía poco el gobierno inglés había entrado en “default” (no pagó sus deudas), solo le restaba la opción de imprimir más dinero.

Y en menos de una década después de fundado el Banco de Inglaterra ya tenía el monopolio de la impresión de moneda. Desde luego, la falsificación de billetes se penaba con la muerte y se había prohibido la entrada de cualquier otro banco extranjero al reino.

Sin embargo, imprimir dinero para financiar los crecientes gastos del gobierno es solo una de las posibles funciones de un banco central. Hoy en día tienen propósitos más siniestros.

Richard Salsman, cuando describe para qué sirve y cómo funciona la Fed (el banco central de los EEUU) lo explica:

“Al cabo de veinte años (en 1933), la Fed (el banco central) renegó del patrón oro y empezó a emitir dinero falsificado, de papel – dinero desligado de cualquier estándar objetivo de valor – como sigue haciendo hasta hoy. Con su banco particular y privilegiado a su lado durante las siguientes décadas, los políticos de Washington fueron más capaces de financiar el creciente «Estado del bienestar»”

II. ¿Cuánto dinero debe de existir en la economía?

Generalmente podemos entender de manera fácil que si la cantidad de un bien aumenta, entonces su precio disminuye. Por ejemplo: si aumenta la cantidad de naranjas – porque se siembran y cosechan más ahora que antes -, en un mercado libre (permaneciendo todo lo demás igual) su precio disminuye.

Esto se debe a que todos los bienes son escasos, por lo tanto un aumento en la cantidad de algún bien en específico alivia esa escasez. Al ser más abundante ese bien ahora – y permaneciendo todo lo demás igual -, su precio bajará.

Esto se entiende más fácilmente cuando un bien es superabundante – como el aire -, así su precio es cero. O cuando un bien es muy abundante (el agua) su precio es relativamente muy bajo en comparación con otros bienes más escasos.

Murrya Rothbard nos explica lo singular de esta pregunta:

“Por qué, después de todo, nadie responde a la pregunta: ¿cuál es la “oferta óptima” de duraznos enlatados hoy o en el futuro? ¿O juegos de Nintendo? ¿O zapatos de mujeres? De hecho, la pregunta misma es absurda”

La pregunta correcta sería: ¿qué beneficio se obtiene al incrementar la cantidad total de dinero en un país? A diferencia de otros bienes (como las naranjas), una cantidad mayor de dinero no nos brinda una función más beneficiosa.

Para todos los demás bienes (las naranjas, los zapatos, etc) un aumento en su cantidad es beneficioso para todos. Al ser más abundantes y baratos, las personas podrán dedicar mayor recursos a comprar otros bienes. Es decir, se habrán enriquecido.

Pero ahora suponga usted que no existiera el dinero (monedas o billetes), ni tarjetas de crédito o débito, ni cheques bancarios. ¿Qué sucedería?

Supongamos que usted se gana la vida como un ebanista. Siendo así las cosas, no le quedaría más remedio que fabricar lo que usted produce (sillas, muebles, etc) e intercambialas por lo que usted necesita (comida, ropa, etc)

Y dado que las personas se especializan en la producción de ciertos bienes, necesitan encontrar a otros que produzcan lo que éllos no producen.

Entonces es fácil ver cómo este sistema seria muy complicado y además imperfecto. Porque cada persona tendría que buscar lo que necesita de otros. Y tendría que encontrar a otra persona dispuesta a intercambiar lo que usted necesita, por lo que la otra persona tiene o produce.

Para facilitar el intercambio entre los individuos surge el dinero. Siendo de esta manera las cosas, el dinero solo sirve para facilitar la transferencia de bienes y para el cálculo de qué cosas produzco y qué cosas consumo.

Rothbard nos explica que:

“El Dinero, entonces, es único entre los bienes y servicios porque un aumento de la oferta no es ni beneficioso ni necesario; de hecho, tales aumentos sólo diluyen el único valor del dinero: ser objeto que vale la pena intercambiar.”

¿Y qué tiene que ver todo esto con la banca central?

Resulta que antes de la creación de los bancos centrales la cantidad de dinero en la economía siempre permaneció sin mayor alteración en la mayoría de los países de Occidente.

No fue hasta el siglo XX en que los gobiernos comenzaron a aumentar la cantidad total de dinero que existe en la economía de un país, aún en tiempos de paz y sin que existiera una calamidad o urgencia nacional.

III. ¿Pero con qué propósito los gobiernos aumentan la cantidad de dinero?

Suponga que a todas las personas – el Gobierno -, a través del banco central de la nación, les duplica la cantidad de dinero que poseen.

Entonces si a todos por igual se nos duplicase la cantidad de dinero a la misma vez, veríamos que al ir a gastar rápidamente el nuevo dinero todos los precios se habrían duplicado. O lo que es lo mismo el poder adquisitivo del dinero se reduciría a la mitad.

El truco está en quién será el que gasta primero el nuevo dinero que se ha creado. Cuando el Gobierno “imprime” el nuevo dinero, es el Gobierno mismo el que primero lo utiliza.

El nuevo dinero le permite al Gobierno licitar de primero bienes y servicios al precio actual. Desde luego, esto aumenta la demanda de esos bienes, que a la postre hará que aumenten de precio.

Ayn Rand explica lo que sucede después:

“La expansión de la moneda de un país (que, dicho sea de paso, es algo que no puede ser perpetrado por ciudadanos particulares, sólo por el gobierno) consiste en repartir, como si fueran valores, un montón de papeles respaldados sólo por promesas (o aire caliente), y recibiendo a cambio valores de verdad, los bienes y servicios de los ciudadanos – hasta que la riqueza del país se agota.”

Este nuevo dinero se desplaza por la economía de manera similar a la forma en que lo harían las ondas sonoras. A medida que el nuevo dinero cambia de manos aumentarán más los precios de los bienes demandados.

Sin embargo, a los individuos que todavía no les ha llegado el nuevo dinero, estos sufren ya del aumento de precios. Estas personas ven, por lo tanto, como su poder de compra se reduce.

Y a las personas que nunca les llegará el nuevo dinero creado por la banca central (el gobierno), simplemente verán como los precios de los bienes que necesitan aumentaron de precio, pero sus ingresos nunca lo hicieron.

IV. Los primeros siempre serán los primeros.

¿Que significa esto? Que los primeros en usar el dinero recién creado salen ganando (el gobierno), siempre a costa de los últimos o de los que nunca podrán usar ese dinero recién “impreso”.

Es por esta razón que el aumento en la cantidad de dinero tiene los mismos efectos que un impuesto. Porque lo que en verdad sucede es que se le confisca la riqueza a las personas de una manera muy sutil y mucho más sofisticada.

Pero esto no es todo, existen efectos más nocivos aún cuando se aumenta la cantidad total de dinero en la economía de un país. No solo se altera el sistema de precios, también se produce más de lo que no habría de producirse sin la introducción de ese nuevo dinero.

Porque el primero en usar el dinero recién “impreso” determina qué y cuánto consumirá adicionalmente a costa de los demás. Esto también altera la renta y su distribución.

Y como si lo anterior no fuera suficiente, estos cambios en los precios, los ingresos y la producción son generalmente muy difíciles de revertir en la economía de un país.

V. La banca de reserva fraccionaria

Es fácil entender como el Gobierno a través del banco central puede “imprimir” más billetes, pero no es igual de fácil entender que esta es sola una de las maneras en la que se puede aumentar la cantidad total de dinero en la economía.

La mayoría de las personas creen que un banco comercial funciona como un almacén de depósito. Por ejemplo: si usted guarda una joya en un almacén de depósito, puede estar seguro que ese almacén guardará la joya en sus bodegas. Finalmente cuando usted lo solicite el almacén le devolverá la misma joya que usted les entregó.

Sin embargo, en los bancos sucede algo muy diferente. Si un banco recibe $1000 la ley y la costumbre bancaria le permite dejar en depósito solo el 10% de su dinero. O de igual forma, si el banco recibe $100, se le permite dar en crédito 10 veces esa cantidad, es decir: $1000

De esta forma se da pie a que surja lo que se conoce como el “pánico bancario”. Ya que si todos los clientes llegaran al mismo tiempo a las oficinas del banco a retirar su dinero, se darían por enterados que el banco ya no tiene el dinero.

Puesto que al “circular” ese dinero en créditos ya le pertenece y está en las cuentas bancarias de otros individuos, los cuales ahora son sus legítimos propietarios.

Lo importante es comprender que al cambiar de manos ese dinero aumenta la cantidad total de dinero en la economía de un país. No es necesario imprimir más billetes para aumentar la cantidad total, basta con expandir el crédito.

Y como lo explica claramente Rothbard, el dinero es un bien único. Ya que el aumento de la cantidad total de dinero no logra un beneficio igual para todos, pero si se consigue diluir su valor.

VI. El gran daño

Más allá de los efectos negativos que tiene el poder “imprimir” dinero o aumentar la cantidad total mediante la expansión piramidal del crédito en el sistema de banca de reserva fraccionaria, subyace un daño aún mayor.

La banca central socava las bases morales de la sociedad al disminuir la libertad y confiscar sigilosamente la propiedad de los individuos.

Porque no hay diferencia en quitarle la riqueza a otro a punta de pistola o hacerlo más sutilmente, diluyendo el valor del dinero y transfiriendo esa riqueza del individuo al Gobierno.

Un robo no deja de serlo aunque no se utilice la violencia física y se haga de manera silenciosa y a escondidas.

Antes de la creación de la banca central los billetes de dinero eran considerados un pagaré. Eran una especie de recibo que las personas podían intercambiar en su banco por algo físico y de valor real y objetivo como el oro.

Rand explica lo que sucedió después:

“En ausencia del patrón oro, no hay manera de proteger los ahorros de la confiscación a través de la inflación. No hay ningún sitio seguro que guarde el valor. Si lo hubiera, el Gobierno tendría que declararlo ilegal, que es exactamente lo que pasó en el caso del oro.”

En el mundo actual los billetes de banco – el dinero de papel -, no tiene un respaldo en algo con valor intrínseco. Aún así los gobiernos nos obligan a utilizar ese dinero de papel para ahorrar, comprar la comida o pagar los impuestos.

Y ya que los gobiernos tienen el monopolio para fabricar esos papeles (el dinero), lo hacen cuando quieren y en la cantidad que desean; disminuyendo nuestra riqueza a su antojo.

Vivir bajo un régimen que nos obliga a entregar algo de valor para obtener algo sin un valor real a cambio: ¿no eso acaso la mayor de las injusticias?

Cuando no se intercambia a “valor por valor”, sino que mediante la ley (la coacción del Gobierno) se nos obliga a intercambiar a “valor por nada de valor”, se nos está diciendo que estamos en un lugar inferior y que el colectivo (el Gobierno) está en un lugar superior. Se nos dice que debemos trabajar sin disfrutar del producto de nuestro esfuerzo.

Pero se es libre o no se es libre. No existe un término medio. No existen grados de libertad. Si el hombre puede elegir según su propio juicio racional vive en libertad. Pero cuando se sustituye ese juicio racional por la coacción, no hay justicia. Tampoco libertad.

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