Cómo resolver, la inseguridad y la inmigración

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Por: Esteban A. Gamboa Bermúdez.

A nadie le gusta que le roben y menos perder la vida por una circunstancia de estas o cualquiera generada por la violencia. A ningún padre, creó yo, generalizando un poco, le gustaría ver a su hijo, de cualquier edad, en la cárcel o muerto por disputas de territorios “narcos”. Pero por desgracia sucede y tiene sus picos, como en días recientes. Y lo anterior nos lleva a señalar, inevitablemente, al culpable y a despotricar toda clase de acusaciones hacia una nacionalidad, un sector del país o un color de piel o etc. Cuando el culpable es el sistema.

Tenemos una educación estandarizada y centralizada, como si eso no fuera poco, dicha educación establece para el último año de colegio, las pruebas de bachillerato y para quienes no lo saben, hubo pruebas de sexto grado de escuela y de noveno año del colegio. Bajo la misma premisa, todas, quien no los apruebe, no pasa de nivel.

En caso de bachillerato de secundaria, es requisito para la gran mayoría de los empleos, quien no lo tiene, no es contratado o es contratado con un salario más bajo. Es requisito, hasta para matricularse en una universidad. Lo anterior disminuye las oportunidades de los jóvenes y algunos adultos para surgir, por lo cual, para sobrevivir, en ocasiones no toman las mejores decisiones.

Si aun así, somos creativo y tenemos una idea o capital para invertir, primero debemos pasar por la burocracia casi infinita, para establecernos como emprendedores, además pagar, entre impuestos directos e indirectos, un 58% de lo que producimos. Con suerte, podríamos tener uno o dos empleados, pues el costo de contratación es alto también, los impuestos de importación son altos y para tener una tasa de retorno de inversión aceptable, debemos trasladar estos y otros gastos al precio final, lo cual por más eficientes que seamos, termina afectando las ventas. En condiciones así, tampoco los consumidores tienen mucho dinero para comprar lujos, comer fuera o entretenerse, solamente para lo necesario. Por supuesto, no todos los consumidores están en la misma situación, pero si la gran mayoría.

Todo lo anterior, es culpa del sistema, ¿cuál?, el económico. Tenemos un Estado, hace años, no es de ahora, que regula el mercado del trabajo y la economía, para protegernos.

Pero analicemos un poco, ¿de verdad nos protege? Sería mejor que cualquiera pudiera trabajar, que cualquiera pudiera poner un negocio, de un día para otro y comenzar a ofrecer empleo, que pudiéramos, comparar entre diferentes oferentes los mismos productos y poder escoger de verdad, no sólo escoger lo único que hay. Que además tuviéramos, una tasa impositiva menor, con lo cual dispusiéramos de más dinero para nuestras necesidades o lujos, que pudiéramos poner nuestro dinero, de inversión y pensión donde queramos, donde más dividendos produzcan, pagar el servicio de salud más oportuno, la educación que elijamos.

En las economías donde los impuestos bajan, la recaudación fiscal sube (curva de Laffer) y suben los salarios. Basta con mirar a los EE.UU., que desde diciembre 2017, cuando aprobaron una reducción de los impuestos, se han creado gran cantidad de empleos. ¿Qué pasa cuando hay empleos? Hay oportunidades, mayor oferta de posiciones, esto no solo provoca que las personas se ocupen y sean menos los delincuentes, sino que, las saca de la pobreza, pues la única forma segura, para dejar de ser pobre, es trabajar.

Entonces, no se debería regular el mercado laboral, ni poner como requisito un diploma, como el bachillerato de secundaria para trabajar y menos para pagarles más a unos que a otros, si tienen o no ese título. Tampoco debería el Estado intervenir en la economía, con impuestos, cuotas, regulaciones, que impiden la competencia en igualdad de condiciones, encarecen los precios y en ocasiones producen escases de los productos o servicios.

En el país, podemos poner un negocio, después de pasar por un laberinto de permisos, y reservarnos el derecho de admisión, es decir, decidir quién entra y quién no. También cobrar a la entrada, cierto monto, elige de alguna manera, a las personas que llegan al negocio. Los precios de sus productos o servicios, la presentación de su local y sus colaboradores, así como la ubicación geográfica, eligen a las personas que serán nuestros clientes, son señales que enviamos al mercado y que todos los consumidores interpretan y procesan, para luego escoger de acuerdo a las posibilidades, deseos y etc.

Lo mismo sucede con nuestro país, las políticas sociales y económicas, eligen la cantidad y el tipo de extranjeros que vienen legal e ilegalmente. Costa Rica y su estado benefactor, no solo “beneficia” a los ticos, sino también a todas las demás personas que viene a trabajar y a las que no vienen a trabajar, pues el Estado “regala” de todo, ayudas del IMAS, FONABE, seguro social y todo se paga a través de impuestos y subsidios, los cuales provienen del sector privado.

Si Costa Rica fuera un país menos benefactor, de libre comercio, de libre empresa, tendríamos más inversión, interna y externa, más empleos, más desarrollo, más tecnología, mayor oferta de productos y servicios. Si fuera un país donde todos, ticos o extranjeros, tuvieran que trabajar o no sólo pedir ayuda, para obtener diferentes servicios, “otro gallo cantaría” como dicen.

Es así como la economía, el sistema económico, resuelve dos problemas sociales, dejando claro que la inmigración no es mala, pues fomenta el intercambio tecnológico y de conocimiento, si se da en condiciones adecuadas.

Políticas económicas orientadas a la libre empresa, el libre comercio, a la baja de impuestos y aranceles, dinamizan la economía de cualquier país, dejando que haya más tránsito de capitales, más empleo, más riqueza, menos pobres, mayor variedad de productos, mayor avance tecnológico, precios bajos, empresarios preocupados, más por satisfacer clientes, que por hacer negocios con el Estado (mercantilismo, clientelismo, neoliberalismo), preocupados por captar empleados y estos, a su vez, con mayor oferta, no sólo del trabajo en si, sino de condiciones para trabajar.

Por eso es que aunque el presidente y el ministro de seguridad, salgan a decir que, reforzaran la seguridad en ciertas zonas, la situación no va cambiar de manera sostenida. Hasta que cambie el Estado y el sistema económico, se podrá dar un cambio sostenible en el tiempo. Es por eso también que, pese a las presiones Estatales, de algún sector empresarial y hasta de los sindicatos, no debemos renunciar a la lucha contra más impuestos.

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