Bitcoin: ¿estafa o genialidad?

Sergio Villalta Liberalismo 2 Comments

Por: Sergio Villalta

El pasado 12 de septiembre el servicio de noticias Bloomberg informó que Jamie Dimon, el CEO de JPMorgan & Chase, el banco más grande de los E.E.U.U. – con 2.5 billones de dólares en activos ($2.5 trillones en el sistema numérico anglosajón), manifestó que el bitcoin era un “fraude” y que todo el negocio de las criptomonedas terminaría “muy mal”.

Dimon expresó además que cualquier ejecutivo del JPMorgan Chase que fuera sorprendido comprando o vendiendo bitcoins sería despedido en el acto por “estúpido”.

Según dijo Dimon el precio del bitcoin podría alcanzar los $20 mil dólares antes que todo el castillo de arena colapse. (Fuente: The Independent 12/09/17)

Sobra decir que inmediatamente se acusó a Dimon de ser un enemigo del bitcoin y de las demás criptomonedas. Las teorías conspirativas en las redes sociales acusándolo de ser un lacayo y testaferro de los bancos centrales (la FED y el ECB) no se hicieron esperar.

Pero Dimon no fue el único en atacar a bitcoin. Pocas horas después Ray Dalio, el CEO de Bridgewater Associates, el fondo de inversión más grande del mundo (hedge fund), con activos de 160 mil millones de dólares, dijo que el bitcoin vivía una burbuja especulativa.

Ray Dalio manifestó también que en general todas las criptomonedas como dinero son muy “difíciles de intercambiar”, son a la vez muy “difíciles de usar” y muy “malas” como activos de reserva de valor. (Fuente: Market Watch, 09/19/17)

Lo cierto es que las declaraciones de Jamie Dimon y Ray Dalio hicieron bajar el precio de todas las criptomonedas y del bítcoin de manera abrupta.

Y como si lo anterior fuera poca cosa, solo 72 horas después que Jamie Dimon hablara en contra del bitcoin, China decidió cerrar las casas de cambio de todas las criptomonedas (incluyendo a bitcoin) para finales de octubre de este año.

Huobi y OKCoin las dos empresas de corretaje de criptomonedas más grandes en China de inmediato anunciaron el cierre de sus operaciones. Y el resto de las empresas como ViaBTC, Yunbi – y la más antigua de todas, BTCC -, les siguieron y anunciaron también sus planes de cierre. El precio de bitcoin ese mismo día se desplomó en en 18%.

La razón por la cual China – según así lo dijo el propio gobierno chino -, decidió cerrar las casas de cambio de bitcoin, fue la consabida y siempre usada excusa de ser una medida necesaria para “proteger a los inversionistas” de la especulación del mercado.

Lo cierto es que, como en China no se pueden vender o comprar dólares de manera libre, las personas compraban bitcoins para después venderlos y obtener dólares.

Por esta razón, no era de extrañar que en China se llevaran a cabo más del 80% de todas las transacciones de bitcoin en el mundo – y China era hasta hace poco el lugar donde más se producían bitcoins.

El bitcoin era un puente entre el yuan y el dólar, de esta manera los ciudadanos chinos podían saltarse las restricciones del gobierno en materia de cambio de divisas. Entonces no es de sorprender que el gobierno de China haya cerrado o “regulado” los mercados que le permitían a las personas burlar sus propias leyes.

Dentro de las medidas anunciadas por el gobierno chino está la obligación de las casas de cambio en entregar todos sus archivos con los nombres completos de todos los compradores y vendedores de bitcoin y los montos transados.

Además, el gobierno chino le ordenó a los ejecutivos y empleados de todas las empresas que vendían o compraban bitcoins, permanecer en suelo chino y cooperar con las autoridades mientras se cumple con la fecha límite para cerrar las operaciones. (Fuente: BBC 19/09/17)

I. ¿Una burbuja?

En el 2010 cuando salió bitcoin a la venta su precio era de 5 centavos de dólar. Para el 2011 llegó a valer hasta $30, dos años después su precio se multiplicó por 30 veces y sobrepasó los $1000.

Sin embargo, desde agosto pasado el precio de bitcoin ha bajado en un 10%, pero no es la primera vez que el bitcoin sufre un desplome de su precio. En el 2014 el bitcoin se cotizaba a $1000 y en pocos meses el precio bajó a $300.

Y no fue hasta este año en que el precio volvió a recuperarse y alcanzó los $1000 de nuevo. El día 02 de enero de este año el precio de un bitcoin era de $985, pero en solo ocho meses después, ya valía casi $5000. Lo que significa que en menos de 240 días su precio se multiplicó casi por cuatro veces. (Fuente: bitcoin.com)

Ciertamente es difícil argumentar en contra de las declaraciones de Ray Dalio, en el sentido que existe una burbuja especulativa, cuando vemos que el precio de un bitcoin se multiplica casi por cuatro en menos de ocho meses.

Sin embargo, el oro también ha bajado en las últimas semanas, casi un 5% en escasos 30 días. La explicación más común sobre esta baja en su precio, es que esto se debe al anuncio de la FED en disminuir sus activos y al anticiparse tasas de interés más altas, la demanda por el oro baja.

Sea esto correcto o no, lo cierto es que el oro ha perdido un 27% de su valor en los últimos cinco años. Y hoy en día un bitcoin vale casi tres veces más que una onza de oro puro.

Sin embargo, hagamos un ejercicio mental. Supongamos que Jamie Dimon – en lugar de haber hablado mal sobre el bitcoin -, hubiera dicho en cambio que el “oro es una estafa” y que cualquier ejecutivo de JP Morgan Chase que comprara o vendiera oro sería despedido por “estúpido”.

¿Se hubiera desplomado el precio del oro? Muy posiblemente no, ya que el oro – a diferencia del bitcoin -, se ha venido usando como dinero o como un activo de reserva de valor por los últimos 3500 mil años o más. Su precio no puede fluctuar de manera tan repentina solo por las declaraciones de un hombre, aunque este sea el CEO de JPMorgan Chase.

Si algo hemos aprendido sobre las criptomonedas es que sufren de una gran volatilidad y su papel como activos de reserva de valor es todavía una interrogante sin una respuesta definitiva.

II. El dinero virtual.

Primero es necesario decir que lo novedoso de Bitcoin y otras monedas “cripto” no es su carácter inmaterial, ya que hemos venido usando el dinero virtual desde hace mucho tiempo.

El dinero no debe necesariamente existir de forma física y la realidad es que la mayor parte del dinero en el mundo no existe físicamente. Existe solo de manera electrónica en forma de “bits” en las memorias de los ordenadores.

La verdad es que tanto el dólar como el euro – y todas las demás monedas oficiales -, ya son desde hace mucho tiempo dinero virtual. Porque la gran mayoría de los dólares y el resto de las monedas de curso legal existen solo en las computadoras, como impulsos electrónicos que viajan entre los microprocesadores.

De modo tal, que desde hace mucho tiempo hemos estado usando el dinero virtual, asi que si algo está muy claro es que el dinero “electrónico” no es ninguna novedad. En la mayor parte de las transacciones utilizamos solo los “bits” que se intercambian entre las computadoras de los bancos.

Y que el dinero sea virtual (bits) no crea ningún problema y tampoco afecta la cantidad total de dinero en la economía de un país. Entonces: ¿por qué la fascinación con el bitcoin? Detlev Schlichter explica que:

“en un nivel conceptual estoy dispuesto a llamarlo (el bitcoin) un trabajo de genialidad y podría decirse el más emocionante desarrollo en el campo del dinero en más de 130 años”

¿Por qué bitcoin es diferente a cualquier otra moneda oficial? Para comprender lo que Shilichter quiere decir, es necesario entender que existen dos cosas que diferencian al bitcoin del dinero oficial (como el dólar o el euro):

  1. La cantidad de bitcoins es limitada. Se sabe de antemano el número total de bitcoins que existirán en todo el mundo. La cantidad total de unidades de bitcoin actualmente ronda entre los 15 y 17 millones y cada bitcoin se vende o se compra (a octubre del 2017), en unos $3500 aproximadamente.

Sin embargo, la cantidad total de bitcoins no podrá nunca ser superior a los 21 millones de unidades. Esto se debe a que el programa informático (el algoritmo que se usa), está diseñado para generar solo esa cantidad.

  1. A diferencia del dinero gubernamental (como el dólar) el bitcoin no utiliza el mismo sistema centralizado (monitoreado y controlado), que utiliza la banca tradicional para enviar un dólar (en bits) de una cuenta bancaria a otra.

Los bitcoins “viajan” en una red de transacciones “peer to peer” (de par a par) que es descentralizada, por lo tanto, no depende de un único lugar físico, ni de un único operador.

Y además cualquier transferencia se registra con un código único que identifica a las partes (blockchain), conservando de esta manera un registro histórico indeleble.

Por lo tanto, una gran ventaja (genialidad) del bitcoin y las otras criptodivisas es que no dependen del tradicional sistema centralizado (controlado por los bancos centrales) para “viajar” y registrar las operaciones entre los compradores y vendedores.

Sin embargo, una desventaja del bitcoin, con respecto a otras criptomonedas es que este sistema descentralizado que usa no permite más de siete transacciones por segundo. En comparación a Visa que permite en promedio 5 mil transacciones por segundo, el bitcoin todavía está en la era de las cavernas.

En cambio, el principal competidor de bitcoin, otra criptodivisa: ethereum, si admite una cantidad mayor de transacciones. Se demuestra – una vez más -, que la competencia es beneficiosa para todos, en especial en el campo de las criptomonedas.

Además, por su naturaleza misma el número total de unidades de bitcoins es conocido de antemano; esta cantidad total es constante (fija) y no depende de la voluntad del gobernante. (banco central)

III. ¿Una moneda “anárquica”?

Como no existe ninguna autoridad central o Gobierno que controle al bitcoin, nadie pueda aumentar o disminuir la cantidad de bitcoins. Y a diferencia del dinero tradicional de papel – como el dólar, el yen, etc -, nadie (menos el Gobierno) puede “imprimir” más bitcoins para “estimular” la economía, hacer salvatajes de bancos o pagar deuda “soberana”.

Esto lejos de ser una desventaja es una ventaja muy importante y atractiva. Porque a diferencia de otros bienes, una cantidad mayor de dinero no nos brinda una función más beneficiosa.

Por ejemplo: todos podemos entender que si aumenta la cantidad de chocolate en la economía – y permaneciendo todo lo demás igual -, su precio disminuye. Al ser más abundante el chocolate, su precio bajará ya que habrá disminuido su escases relativa.

Para todos los demás bienes o servicios un aumento en su cantidad es beneficioso para todas las personas. Al ser más abundantes, los bienes o los servicios, las personas pueden gastar menos dinero comprando la misma cantidad de esos mismos bienes o servicios.

Pero con el dinero es todo muy diferente. Una mayor cantidad de dinero no es beneficioso ni tampoco necesaria, porque esto solo hace que el valor del dinero disminuya.

Por ejemplo: si a todos – el Gobierno -, nos duplicase la cantidad de dinero veríamos que al ir a gastar el nuevo dinero, todos los bienes habrían ya aumentado de precio al doble.

Pero volviendo al bitcoin, lo sobresaliente es que sabemos de antemano que la cantidad total de bitcoins nunca sobrepasará los 21 millones de unidades.

Por lo tanto, sabemos que eventualmente solo existirá esa misma cantidad y permanecerá estable para siempre. Es decir, el bitcoin estará siempre libre de los nocivos efectos que conlleva un aumento en la cantidad de dinero.

Además, al no estar el bitcoin bajo el control de un Gobierno (o autoridad central) y no poder aumentarse la cantidad total de unidades, este no podrá servir como un instrumento para transferir riqueza de las personas hacia el Gobierno. Tampoco el precio de un bitcoin podrá ser manipulado aumentando su cantidad de unidades, ni tampoco disminuyéndola.

IV. ¿Una moneda global?

Generalmente las discusiones sobre el bitcoin – o las demás criptodivisas -, se centran en una disputa un tanto bizantina. Se pelea de manera amarga entre académicos en decidir si el bitcoin es dinero o no lo es; si el bitcoin cumple con el “teorema de la regresión” o si no cumple con lo que la ciencia económica exige para que algo sea considerado dinero.

Pero tomemos la definición más simple que podamos encontrar en el diccionario y digamos que el dinero es:

“Un medio de cambio o de pago aceptado generalmente”

Entonces: ¿es el bitcoin y las demás criptodivisas un medio de cambio? Debemos contestar que sí lo son. Existen muchas personas que voluntariamente usan las criptomonedas para comprar y vender algo.

Ahora bien: ¿es el bitcoin un medio de pago aceptado de manera general? Aquí debemos ser honestos, aunque nos guste la idea de tener monedas que no son controladas por los gobiernos, debemos admitir – que hasta el momento -, ni el bitcoin ni ninguna otra criptomoneda, es un medio de pago que se acepta de manera general.

Ya que no podemos ir a la tienda de la esquina a comprar un refresco y pagar con una fracción de bitcoin. Todavía no podemos ir a pagar nuestros impuestos con bitcoins.

Y no podemos ir a nuestro banco y pagar la tarjeta de crédito o el préstamo para el automóvil con bitcoins. Tampoco el plomero o el carpintero aceptan bitcoins como una forma de pago por sus servicios.

Y aunque existen cajeros automáticos para cambiar dólares o euros por bitcoins en muchos países, la verdad es que su cantidad es ínfima. Así que es necesario aceptar la realidad y confesar que ni el bitcoin, ni ninguna otra criptomoneda son – al momento actual -, medios de pago generalmente aceptados entre las personas.

Sin embargo, al funcionar bitcoin y las demás criptodivisas de forma descentralizada y no depender de la voluntad del gobernante de turno (o la voluntad del jefe de un banco central), tienen el potencial de convertirse en una verdadera moneda global.

¿Podría – el bitcoin o cualquier otra criptodivisa -, si su uso se populariza ser una moneda que permita las transacciones de compra y venta desde el rincón más lejano del mundo hasta las grandes metrópolis?

Sí es posible. Al no existir la necesidad de transportar o almacenar de manera física las criptodivisas y no depender de las redes centralizadas (espiadas y controladas) por el gobierno, el potencial del bitcoin y las demás criptomonedas es casi ilimitado.

V. ¿Se quedarán los gobiernos de brazos cruzados?

Se calcula que el mercado total de criptodivisas actualmente mueve unos $150 mil millones; siendo Bitcoin ($72 mil millones), Ethereum ($30 mil millones) y Ripple ($10 mil millones) las tres más grandes. Todo el mercado (sumando el resto de criptomonedas) representa un poco más que el PIB de Hungría. (Fuente: coinmarketcap.com)

¿Pero qué pasará cuando este valor se duplique o triplique y estemos ante un mercado de $500 mil millones? (similar al PIB de Noruega)

¿Qué sucederá cuando los gobiernos y toda la sopa de letras de las organizaciones oficiales (como la OCDE, la UE, la OMC, APEC, etc.) y los bancos centrales (FED, ECB, BOJ), vean como cada día que pasa pierden más poder ante las monedas “cripto”? ¿Qué pasará cuando los gobiernos noten que las personas están dejando de usar el dinero oficial?

Primero examinemos los hechos:

Las criptomonedas no respetan fronteras.

Tampoco están sujetas a la voluntad del legislador nacional.

Sirven para realizar pagos transfronterizos fuera del sistema bancario oficial.

Están fuera del control de los bancos centrales.

Pueden servir para evitar los sistemas de control de cambio de divisas y de pago de impuestos. Lo cual es algo muy positivo.

Las transacciones pueden hacerse de manera anónima dependiendo de la forma y criptomoneda que se use.

Las transacciones viajan a la velocidad de la luz y no se necesita un respaldo físico.

Los registros se crean mediante un código cibernético que pronto será totalmente secreto, salvo para las partes interesadas.

Las criptomonedas pueden servir como medio de pago o activos de reserva.

Entonces la pregunta es: ¿dejarán los gobiernos que algo así siga creciendo y desarrollándose? La respuesta – aunque extrañe -, nos la brinda Alan Greenspan cuando en 1966 escribió junto a Ayn Rand uno de los capítulos de la obra, “Capitalismo: El Ideal Desconocido“:

“En ausencia del patrón oro, no hay forma alguna de proteger los ahorros de la confiscación que supone la inflación. No hay ningún depósito de valor seguro. Si lo hubiera, el gobierno tendría que hacer ilegal su posesión, como se hizo en el caso del oro (…) La política financiera del estado del bienestar requiere que no haya ninguna forma que los propietarios de riqueza puedan protegerse a sí mismos. Este es el mezquino secreto de los ataques de los estatistas contra el oro.”

Si bien es cierto, Greenspan hablaba sobre el patrón oro, la verdad es que lo que dijo se puede ajustar a la perfección también a las criptomonedas.

Su uso generalizado representa la destrucción del monopolio en la emisión de dinero que tienen los gobiernos ahora. Esto significa a su vez que los gobiernos no podrán confiscar la riqueza de las personas a través de la inflación para financiar el creciente gasto público que demanda el “estado de bienestar”.

Así que puede que Jamie Dimon esté en lo cierto, puede que todo el asunto de las criptomonedas termine “muy mal”, pero no porque estas sean una estafa; sino porque los gobiernos tarde o temprano, se darán cuenta del peligro de muerte que representan para acabar con el poder que tienen ahora para confiscar la riqueza de las personas.

Murray Rothbard nos recuerda que:

“El dinero surge en el mercado libre, dado que los individuos, en el mercado, intentan facilitarse el proceso vital de intercambio. El mercado es una red, un entramado en el que dos personas o instituciones intercambian dos artículos diferentes. Los individuos se especializan en la producción de diferentes bienes o servicios y luego intercambian estos bienes en condiciones acordadas.”

No se trata simplemente de defender a bitcoin frente al dólar o el oro, de lo se trata es que las personas tengamos la libertad de elegir cuál “dinero” queremos usar (sea etherium, bitcoin, el dólar, el yen, el oro, la plata, etc.), en lugar de estar obligados por la fuerza más poderosa y letal de todas – la del gobernante -, a usar una moneda oficial.

Como bien lo dice Rothbard el dinero surge de un mercado en donde los individuos libremente deciden qué cosas intercambian, ¿por qué el Gobierno debe entonces intervenir y forzarnos a que una de esas cosas que se intercambian sea el dinero oficial y de curso legal? ¿Por qué se supone que no debemos tener la libertad de decidir por nosotros mismos cuál moneda usar o crear?

Y nunca faltará que se nos diga que debemos usar el dinero oficial del gobernante para nuestra protección o para nuestro propio bienestar.

Incluso puede que el acto de una persona en traspasar todos sus ahorros, de una vida de trabajo, a una criptodivisa sea considerado como un acto irracional.

Pero no se consigue que la persona vuelva a la racionalidad si por la fuerza se le impide hacerlo. Porque el papel del gobernante no debe ser proteger a las personas de si mismas, mucho menos cuando se trata de escoger libremente cuál es el dinero que deseamos usar.

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