Acabemos con el monopolio de la transmisión y distribución eléctrica.

Sergio Villalta CNFL (Compañía Nacional de Fuerza y Luz), Liberalismo Leave a Comment

Por: Sergio Villalta

El sistema de energía eléctrica de un país se compone de tres elementos:


A. La generación
B. La transmisión
C. La distribución

La energía eléctrica primero se genera en plantas hidroeléctricas, eólicas, geotérmicas, solares, de combustibles fósiles, etc. Pero una vez generada se inicia una segunda etapa donde se transporta en grandes cantidades y por largas distancias. La última etapa es la distribución de la energía eléctrica hacia los lugares en que el consumidor final la necesite. Generalmente estos lugares son las residencias de las personas, las fábricas, los comercios, etc.

Durante muchas décadas la generación, la transmisión y la distribución era hecha por una misma “empresa” estatal o algunos entes “públicos”, que operaban en determinadas provincias o regiones. A esto se le conoce como una integración vertical, porque no existe competencia.

En el sistema de integración vertical una misma y única empresa en calidad de monopolio genera, trasmite y distribuye la energía eléctrica. Las consecuencias perjudiciales para el consumidor que se derivan de un monopolio son bien conocidas.

No hace falta ahondar en lo dañinos que son los monopolios (sean públicos o privados). La ciencia económica ha demostrado lo pernicioso de los monopolios. Basta con decir que el monopolista siempre intentará aumentar el precio y bajar la calidad de su producción; porque sencillamente no tiene ningún incentivo para hacer lo contrario.

I. La generación

La generación de energía eléctrica en Costa Rica es un privilegio que se le otorga mayoritariamente a una “empresa” del Estado. Si bien es cierto que existen empresas privadas que también la generan, estos empresarios están condenados por ley a venderle su energía a la empresa del Estado. Además, tampoco pueden superar el tope máximo permitido del 30% (antes era del 15%) del consumo total. (Fuente: Matriz Energética, ICE)

En cuanto a la generación de energía eléctrica en el país tenemos una situación de abierta discriminación en contra de las empresas privadas. Ya que existe un odioso privilegio a favor de una “empresa” estatal; la cual tiene prácticamente el dominio de gran parte del mercado de generación. (Ibíd.)

Nadie debería estar constreñido a sujetarse a un límite de producción. Imaginemos que absurdo nos parecería que las empresas que producen alimentos estuvieran restringidas a un tope del 30% para la elaboración de alimentos. Igualmente, sería descabellado pensar que la producción de ropa, de zapatos, de computadoras, de automóviles o de cualquier otro bien o servicio, estuviera restringida para las empresas privadas, con el fin de proteger a una “empresa” estatal.

No deben de existir topes o cuotas de producción. No deben de existir privilegios, tampoco mercados cautivos. Los hombres somos libres por derecho propio (por Ley Natural) y por lo tanto tenemos la libertad de utilizar nuestros recursos para generar los bienes y servicios que los consumidores demanden en un mercado.

Que por ley del Estado los productores privados de energía eléctrica se vean obligados a limitar su producción o a construir plantas de generación eléctrica inferior a cierta capacidad, es una grave violación a sus derechos de propiedad y a su libertad.

II. La transmisión

Se define a la red de transmisión como la red que transporta la energía eléctrica del lugar donde se produce, hasta el lugar donde será distribuida a los consumidores finales. La transmisión de energía eléctrica se caracteriza por ser una red de alto voltaje, que se hace generalmente por medio de líneas aéreas y que se transporta a distancias muy largas.

En Costa Rica la actividad de la transmisión de la energía eléctrica está monopolizada por una “empresa” estatal. No ocurre lo mismo en otros países donde diferentes empresas privadas compiten para obtener el derecho de realizar la transmisión de la energía eléctrica, desde el lugar donde se produce, hasta el lugar donde están los consumidores finales.

Por ejemplo, en Brasil existen decenas de empresas de transmisión y los derechos para “transportar” esa energía se subastan. En Perú existen más de una docena de empresas de transmisión eléctrica.

En Uruguay también se asigna la transmisión de la energía a empresas privadas. Y en Colombia, por ejemplo, se obliga a que distintas empresas lleven a cabo cada una de las etapas del sistema de energía eléctrica. Si bien en este último caso no estamos ante una situación ideal, al menos se reconoce que lo más conveniente es terminar con el modelo integración vertical. (Fuente: repositorio.cepal.org)

La mayor objeción para abrir el mercado de transmisión de la energía eléctrica, ha sido la errónea idea de creer que esta actividad debe ser un monopolio natural. Se piensa equivocadamente, que por su naturaleza, existen ciertas actividades que solo pueden ser llevadas a cabo por una empresa en condiciones de monopolio; ya sea porque la inversión en bienes de capital o los costos fijos son de tal cuantía, que solamente una empresa podría asumirlos.

Lo cierto es que esta creencia sirve solo para justificar la intervención en los mercados y proteger a la “empresa” estatal para que opere en condiciones monopólicas; con el consabido perjuicio que todo monopolio le acarrea al consumidor.

III. La distribución

La distribución de la energía eléctrica se diferencia de la etapa de transmisión, porque en esta última etapa la energía se distribuye por medio de una red de baja tensión; hacia los consumidores finales, por ejemplo, casas de habitación, comercios, fábricas, etc.

De manera equivocada se piensa que en Costa Rica no existe un monopolio en la etapa de la distribución eléctrica; porque se dice que existen múltiples empresas que llevan a cabo esa actividad. Y ciertamente existen en el país empresas cuya actividad es la distribución de la energía eléctrica, como la Compañía Nacional de Fuerza y Luz, la Junta Administrativa de Servicios Eléctricos de Cartago, la Empresa de Servicios Públicos de Heredia y varias cooperativas (Coopesanto, Coopelesca, etc.).

Sin embargo, aunque existen múltiples empresas de distribución, ninguna puede ofrecer sus servicios en los lugares donde las otras empresas operan; por lo que cada uno en su territorio se constituye en un monopolio.

Imaginémonos que la distribución de alimentos, zapatos, fármacos o cualquier otros servicio o producto se le diera a una empresa en monopolio sobre un territorio específico; ¿no sería esto contrario al sentido común y a la naturaleza y principios que deben regir una sociedad libre?

Lo cierto es que no existe justificación desde el punto de vista de la Economía o la Ética, para que una empresa de distribución de energía eléctrica no pueda ofrecer o ampliar su cobertura en otras ciudades o provincias. Tampoco existe justificación alguna para a cada empresa de distribución se le asigne un territorio específico para operar.

IV. Epílogo

Los monopolios, entendidos como el privilegio otorgado por ley para ofrecer un servicio o bien, no son el resultado de la libertad de mercados; son por el contrario el fruto de la voluntad del gobernante.

Un privilegio no se crea de manera espontánea, ni tampoco existe como consecuencia de mercado. Es la intervención del gobernante el que distorsiona el funcionamiento natural de los procesos económicos. Y es el mismo gobernante el que le otorga un privilegio a algún participante.

No existe ejemplo más representativo que el caso del sistema de energía eléctrica, donde el legislador ha creado un sistema de integración vertical que se disfraza con trazos de apertura y competencia; pero que al examinar con más detenimiento, cualquiera puede descubrir una estructura que impide la competencia y la libertad.

Es necesario acabar con todos los monopolios, en especial con el monopolio de la transmisión y distribución de la energía eléctrica en Costa Rica. Además, es necesario y justo derogar cualquier limitación a la producción de energía por parte de las empresas privadas.

Esto es lo correcto desde un punto de vista económico. Porque si un productor necesita de un privilegio para evitar que otros competidores puedan entrar al mercado, esto generalmente es un signo de su ineficiencia o incapacidad. De ser eficientes y estar en capacidad de competir: ¿por qué deberían de impedir la competencia?

Además, acabar con este monopolio es lo correcto desde un punto de vista moral. Que alguien pueda fijar sus precios y su producción sin estar sujeto a la ley de la ofertad y demanda no solo ocasiona un perjuicio económico, sino que es profundamente injusto. Todos debemos jugar con las mismas reglas.

El pequeño vendedor de frutas de la esquina no puede impedir que otros también vendan frutas. Y si algún vendedor intenta a la fuerza sacar a sus competidores, esto se tomaría como un acto criminal y no cabría duda alguna para así calificarlo.

¿Por qué el Estado se arroga la superioridad moral para impedir que otros compitan en igualdad de condiciones en la generación, la transmisión y la distribución de la energía eléctrica?

Simplemente no existe argumento o justificación moral para que esto sucede. Defender este monopolio no solo es enormemente injusto, sino también es en esencia un acto de falsificación moral y una agresión a la Libertad.

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