¿Dueños de qué? Tal vez de nada … El dueño es otro

Jorge Corrales Liberalismo Leave a Comment

Por Jorge Corrales Quesada

Este es un ejemplo de algo que ha venido dándose y dándose y dándose, y ninguna burocracia lo ha resuelto en más de 60 largos y extensos años. Me refiero a que el Instituto de Desarrollo Rural (INDER), antes llamado Instituto de Tierras y Colonización (ITCO), luego Instituto de Desarrollo Agrario (IDA), sigue siendo la misma mona con el mismo rabo (pero con nombres cambiados cada cierta temporada), pues resulta que, según aparece en un comentario en La Nación del 17 de julio, bajo el título “INDER acumula desorden de 60 años con tierra sin regular,” el desorden allí con las tierras “es tal que la institución ni siquiera tiene claro a cuánto asciende el área de sus propiedades…” Tal vez el INDER, como dice la canción del Puma, es “dueño de nada” o bien dueño de lo que otros creen que es de ellos.

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El desorden es tal que, por ejemplo, “se ‘descubrió’ que la… Hacienda Miravalles, la cual incluye comunidades de Bagaces, como Fortuna, Guayabo y San Bernardo, es propiedad de esa institución.” Estamos hablando de pueblos relativamente grandes en Guanacaste, en donde sus habitantes de muchos años, no son dueños de sus tierras, sino que el propietario es el ente estatal (o sea, aquellos hoy son “dueños de nada.”) Y, señala el medio a su fuente, la presidenta ejecutiva del INA, señora Diana Murillo, en cuanto a que “casos como ese se repiten en todas las zonas del país.” Bueno, mejor revisar si lo que uno cree que es de su propiedad, en la de menos resulta ser del INDER.

Para saber en realidad como está la situación de las propiedades del INDER, como siempre suele suceder, habrán contrataciones de “abogados, notarios, topógrafos, asistentes y encuestadores, entre otros, para aligerar la tarea.” La suma por gastar se estima en ¢2.700 millones en cuatro años. La plata en el estado parece abundar … .

Vean las razones que, en opinión de funcionarios del INDER, “intervienen en la acumulación del problema”: verán en ellos una loa a la ineficiencia de la burocracia a través de muchos, pero muchos, años:

  1. Se compraron fincas ya ocupadas y se les dieron las parcelas a los que calificaban y se desalojaba a los que no. Gran cantidad de los que las recibieron no se interesaron en la escritura para evitar “el compromiso de mantenerse al menos 15 años en la parcela,” así como no pagar impuestos y, “en otras ocasiones, la entidad nunca ejecutó la acción de titularizar las parcelas.”
  2. Que tierras donadas por grandes empresas (como la Bananera) no fueron puestas en regla.

  3. Tierras que el gobierno traspasó mediante decreto y que nunca el acto se legalizó para quienes las ocuparon.

  4. Se compraron tierras que luego demostraron tener problemas de registro y a los cuales no se les puso orden.

Como acertadamente lo señala la señora Murillo, aunque la institución por muchos años “ha planeado como justificación la falta de personal para realizar la labor de regularización, esta no ha sido la causa principal, esa es normalmente la excusa perfecta para no hacer el trabajo que nos corresponde.” Bien dicho y buena suerte, señora presidenta ejecutiva del INDER: que no pasen otros sesenta años más para celebrar el 120 aniversario del desorden.


Publicado simultáneamente en ASOJOD y en PuroPeriodismo.

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