Con monopolios, el consumidor siempre paga los platos rotos: el caso de la CNFL

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Por Jorge Corrales Quesada

¿Acaso pensaron que la planta hidroeléctrica Balsa Inferior, ubicada en Los Ángeles de San Ramón de Alajuela, construida por la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL), que inicialmente se estimó que costaría $94 millones en el 2008 y que terminó costando $361 millones -casi tres veces más- no tendría efectos sobre los ciudadanos consumidores? Ese acto de irresponsabilidad de los funcionarios encargados del proyecto ya nos está saliendo caro a todos.

Para sufragar las pérdidas que, entre otras fuentes, originó ese proyecto, ahora la CNFL tendrá que hacerle frente a obligaciones con inversionistas por la suma de ₡15.000 millones. Ello lo informa La Nación del 6 de marzo en un artículo titulado “ICE le presta a CNFL ₡15.000 millones para pagar deudas: Nuevo crédito refinanció préstamo del Proyecto Hidroeléctrico Balsa Inferior.” El ICE es ahora el prestamista de la CNFL para pagar la torta.

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Muy orondas, las autoridades financieras de la CNFL señalan que ese refinanciamiento se tuvo que dar “porque los ingresos por cobro a sus clientes no han sido suficientes para afrontar los gastos.” Según Óscar Hernández, director de la Dirección de Administración y Finanzas de la CNFL, el origen de estos problemas yace en rezagos en los aumentos de tarifas que permitan compensar sus egresos. Esto es, porque “para el 2017 se aprobó una tarifa menor a la solicitada y empezó a regir a partir de octubre 2017.” Me imagino que esperaban que, por medio de un aumento en las tarifas, hubieran aumentado los ingresos de la CNFL que compensaran el casi triple aumento de los costos de construcción del proyecto Balsa Inferior. O sea, que fuéramos los consumidores quienes tuviéramos que apechugar con la irresponsabilidad de los ejecutores del proyecto.

En efecto, los ingresos por ventas en este año disminuyeron a ₡ 317.439 millones, lo que equivale a un 9% inferior a los ingresos del 2016, lo cual produjo una utilidad de ₡1.044 millones, que fue “insuficiente para hacerle frente al pago de ₡20.000 millones de obligaciones financieras” de la CNFL. El total de pasivos de la empresa en el 2017 cerró en ₡315.669 millones y entre el 2019 y el 2023 deberá pagar deudas por ₡87.588 millones. Y, ¡vean qué interesante!, si se asume un tipo de cambio de 565 colones por dólar, el sobrecosto de $267 millones de la construcción de Balsa Inferior equivaldría a ₡150.855 millones, que es, más o menos, el 47% del total de pasivos al 2017.

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De hecho, según el medio, el 65% del pago que se debe efectuar de deudas entre el 2019 y el 2023, “está relacionado con la construcción de la planta de Balsa Inferior.” Y el resto de los recursos por pagar es por financiamientos que ya le había otorgado el ICE a la CNFL para “financiar la compra de energía” que le hace la CNFL al ICE, “para proveer luz a sus clientes.”

Claro, mamá ICE sale al rescate de su dispendiosa hija, la CNFL. Por ello, la pregunta crucial es si la CNFL podrá honrar sus deudas con el ICE, sin que los ingresos para ello sean logrados mediante mayores tarifas a los consumidores de la CNFL. Y si el ICE no es debidamente pagado, para cerrar el hueco financiero que ello provocaría se acudirá a aumentar las tarifas a los consumidores del ICE. Siempre terminaremos pagando las pérdidas derivadas de un proyecto, cuyos sobrecostos no los pagan los irresponsables -perdón, los responsables- sino los consumidores cautivos del monopolio.


Publicado simultáneamente en ASOJOD y en PuroPeriodismo.

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